La Comisión Europea está di­vi­dida para firmar el Pacto Verde en di­ciembre pró­ximo

Bruselas, ante el riesgo de verse atrapada en el pacto verde del clima por la pandemia

Reducir las emi­siones al 55% re­que­rirá unas in­ver­siones de 350.000 mi­llones hasta 2030 im­po­si­bles de afrontar

Miguel Arias Cañete
Miguel Arias Cañete

La Unión Europea puede pi­llarse los dedos con los ob­je­tivos de re­duc­ción de emi­siones en 2050 y el plan de re­no­va­bles que exige a los países miem­bros. La crisis eco­nó­mica de­ri­vada de la pan­demia y la caída de la de­manda ener­gé­tica ponen en pe­ligro tanto el Acuerdo de París como el Pacto Verde del Clima, este úl­timo pen­diente de apro­barse en Bruselas. El plan de llegar al 55% de re­duc­ción de emi­siones en 2050 frente al 50% ini­cial ha ge­ne­rado una di­vi­sión in­terna en el Consejo Europeo entre los países de­fen­sores -España entre otros-, y los que se opo­nen.

El objetivo del 55% requerirá unas inversiones de 350.000 millones de euros más hasta 2030, una cifra que no puede ser soportada en su totalidad por la Comisión Europea y que necesita del apoyo privado. El ex comisario europeo de Acción para el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, lo ha advertido en los debates Energy Prospectives que organiza la Fundación Naturgy y el IESE Business School.

Cañete ha señalado que el nuevo objetivo de la Comisión Europea de reducción de emisiones que ha pasado del 50% al 55%, “va a impulsar un nuevo marco regulatorio aún más potente para llegar a los objetivos de 2030, y unas inversiones ingentes”. Se estima que la UE tendrá que invertir en el sector energético, entre 2021 y 2030, cerca de 350.000 millones de euros más que en la década anterior. “Va a haber recursos públicos pero hay que movilizar recursos privados”, señaló.

Negociaciones complicadas

El ex comisario reconoció que las próximas negociaciones en Bruselas para hacer frente a los nuevos compromisos climáticos van a ser “complicadas”. Entre los puntos más candentes, señaló el aspecto concreto que hace referencia al cambio en el sistema europeo de derechos de emisión, a posibles impuestos al carbón para ajustes en frontera y a los nuevos objetivos vinculantes en materia de eficiencia energética.

Cañete está ya fuera de las negociaciones de Bruselas y, por ello, ve en la distancia las dificultades a las que se enfrentan en estos momentos los países comunitarios debido a la actual crisis económica y al Covid-19. El marco regulatorio que la Comisión Europea desarrolló para llegar al 50% de reducción de emisiones ha quedado desfasado con las nuevas metas marcadas de alcanzar el 55%. Actualmente, hay una clara división entre los gobiernos que quieren llegar a esa cifra -España entre otros-, y los que lo ven muy arriesgado e incluso imposible de lograr, por lo que se resisten a alcanzar un compromiso más ambicioso.

Inicialmente hubo 10 países que son partidarios de que se aumenten las inversiones en movilidad sostenible, energías verdes y eficiencia energética para reactivar la economía. Además de España, se encuentran Italia, Austria, Dinamarca, Finlandia, Letonia, Luxemburgo, Holanda, Suecia y Portugal. Los gobiernos firmantes defienden que la UE aumente su plan para disminuir las emisiones antes de que finalice este año.

Alemania y Francia, reticentes en un principio al pacto, se han sumado al igual que Grecia. Los países firmantes de la carta piden a Bruselas que el Pacto Verde sea la palanca de la recuperación tras la crisis que sufre toda la UE por la pandemia.

Revisión del marco regulatorio

Cañete sostiene que va a resultar muy difícil convencer a los 27 para que se adhieran. “Va a ser muy complicado el acuerdo. El Consejo de diciembre lo tiene difícil. Hay que cambiarlo todo y, aunque es una gran oportunidad, conlleva elevados riesgos”, señaló. Pese a que la Ley del Clima puede aprobarse por mayoría cualificada, Alemania quiere que se sumen los 27 países.

Precisamente, no solo las fuertes inversiones que hay que hacer, sino también el cambio regulatorio que exige elevar la reducción de emisiones al 55% dificulta enormemente que todos los países se pongan de acuerdo. Polonia sigue siendo uno de los países comunitarios más reacios y reclama que se suspenda el sistema de comercio de derechos de emisiones. Este sistema obliga a las industrias europeas y a las eléctricas con centrales de carbón a pagar por las emisiones de dióxido de carbono, lo que ha obligado a Iberdrola, Endesa y Naturgy a cerrar sus instalaciones.

El desarrollo del 55% va a obligar a que todos los Estados miembros tengan que revisar sus planes estratégicos porque con el nuevo sistema algunos de los objetivos que establece la transición energética se quedan obsoletos. En el sector transporte habrá que ver cómo se articula todo lo referente a las emisiones. Los biocombustibles tendrán un papel muy importante y se acelerará todo mucho más, de ahí que muchos gobiernos sean reticentes.

La vuelta de EEUU al Acuerdo de París puede facilitar todo mucho más. Para Cañete, el regreso estadounidense a la mesa de negociación es una gran noticia. Estados Unidos juega un gran papel no solo como país miembro sino como vía de presión para que China cumpla sus compromisos con el Acuerdo de París. “Espero que EEUU vaya a la neutralidad climática en 2050”, dijo el ex comisario europeo de Acción para el Clima y Energía.

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