Veolia gana el primer asalto y tiene seis meses de plazo para pre­parar el KO

Agbar, cogida en el duelo cruzado entre Veolia y Suez

El Gobierno francés de cen­tro­de­recha no pudo o no quiso frenar el asalto hostil

Agbar
Sede de Agbar.

Quien da pri­mero da dos ve­ces... Esto es lo que ha hecho el grupo am­biental francés Veolia, que tras más de un mes de tensas e in­fruc­tí­feras ne­go­cia­cio­nes, ha ad­qui­rido el 29,9% de su gran rival his­tó­rico Suez, dueño de la es­pañola Agbar. El mi­nistro francés de la Economía, Bruno Le Maire, actuó como me­diador y parte in­tere­sada pero no es­tuvo a la al­tura de la si­tua­ción. Suez ca­li­fica la ope­ra­ción de “hostil”, aunque la par­ti­ci­pa­ción ad­qui­rida por Veolia, por 3.400 mi­llones de eu­ros, es­taba en manos del grupo ener­gé­tico Engil, cuyo mayor ac­cio­nista es el Estado galo, con un 23,6%.

Lo cierto es que Veolia reúne ahora todo lo necesario para hacerse rápidamente con el control absoluto de Suez, con lo cual se colocará como líder mundial del sector (tratamiento y distribución de agua para consumo, residuos urbanos y industriales, etc.), con 41.000 millones de euros de volumen de negocios y una plantilla de 260.000 personas.

Con una presencia reforzada en América Latina, Medio Oriente, Estados Unidos, Asia, controlará un 3% del mercado mundial del agua, residuos y servicios energéticos, que representan unos 1.400 millones de euros de facturación anual.

Que hará Suez

Hay otro dicho popular que dice “el que ríe el ultimo ríe dos veces”, pero en la situación actual, no parece ser que llegue a aplicarse a Suez, que solo acumula dificultades a la hora de reaccionar. La fragilidad del nuevo director general, Bertrand Camus, que llegó al grupo en 1994, con 27 añitos, pero hizo casi toda su carrera en el exterior. Solo lleva en el puesto desde mayo de 2019, y según analistas galos, en la batalla provocada por Veolia, Suez hubiera necesitado un líder más sólido, con mayor experiencia y mejores conexiones al alto nivel de la política y de las finanzas.

Con Veolia pasa todo lo contrario. La estrategia del grupo está en manos del PDG, Antoine Frérot, que con 62 años lleva más de una década al frente de un grupo que funciona casi como un poder fáctico en Francia. Muy identificado con la clase política, Frérot se deja ver habitualmente en las reuniones políticas del mismísimo jefe del Estado Emmanuel Macron, con que hay quien sospeche que el Estado, como mayor accionista de Engie, no hizo todo lo que podía haber hecho para impedir que la energética, que tenía un 32% de Suez, pasara a manos de Veolia.

Hasta podría pensarse que Bertrand Camus no supo leer bien la situación. Suez nunca estuvo por la labor de negociar la entrada de Veolia, que tachó de “hostil”, quizás porque pensaba tener apoyo suficiente para mantener una posición que fue considerada como “intransigente”.

Esa fue la trampa preparada por Bruno le Maire: quizás obedeciendo órdenes, siempre supo que Engie aceptaría la oferta mejorada de Veolia, sin comprometer a su mayor accionista, el Estado, que pudo, así, votar en contra de una operación que estaba decidida de antemano.

Operación maquiavélica

Algún analista francés habla de “maquiavelismo” y pone la operación como un caso de estudio para actuales y futuros gestores empresariales. Quien sí apostó públicamente a favor de la operación fue el nuevo primer ministro, Jean Castex, que horas antes del consejo de Engie defendió la fusión de Veolia-Suez, hablando de “matrimonio con sentido”. O sea, el que sale mal en la foto, como “manipulador”, es Bruno Le Maire, que quizás ya no reunirá el consenso necesario para gestionar el nuevo plan de inversiones públicas de 100.000 millones de euros.

De lo que no cabe duda, en todo o caso, es que Veolia tendrá ahora margen y tiempo de sobra para preparar la fusión con Suez, el plazo de seis meses fijado por Antoine Frérot, para que el rival histórico asuma la inevitabilidad de una fusión. Así, al ahora debilitado Bertrand Camus, que también hizo una apuesta fallida con el fundo de inversiones Ardían, que llegó a ponderar la presentación de una contraoferta por los 29,9% de Suez en manos de Engie, ya sólo le queda una salida, que consiste en negociar las mejores condiciones por la inevitable Opa de Veolia.

Voto negativo del Estado

Tras el voto negativo del Estado en el consejo de Engie, y ante la presión de los sindicatos que siguen reclamando garantías relacionadas principalmente con la plantilla de Suez en España, lo que hizo Veolia fue comprometerse incondicionalmente a que la Opa prevista, de unos 11.000 millones de euros, no tendrá carácter hostil. O sea, apuesta en que sabrá convencer al consejo de Suez, y que en ultima instancia dejara la decisión en manos de la junta de accionistas, donde prevé estar en condiciones, con su 29,9%, de reunir una mayoría suficiente.

Efectos en España

Mientras tanto, Veolia advierte al equipo de Bertrand Camus que no podrá seguir con el plan de desinversiones manejado por el grupo, en relación con algunas de sus perlas, como las operaciones de Suez Water Technologias & Soluciones en Estados Unidos, Chili, Australia y España. La antigua Aguas de Barcelona, más conocida como Agbar, pasó en 1979 por un paréntesis de nula influencia francesa -su origen se remonta a finales del siglo XIX- pero abrió su capital a la antigua Lyonnaise des Eaux, que en 1997 dió lugar al grupo Suez, hasta que en 2014 pasara a control totalmente francés.

La OPA de Veolia sobre el 71% de Suez que no controla, también estará condicionada por el sistema defensivo creado por Bertrand Camus, en relación con la operación Suez Eau France, que fue colocada bajo legislación holandesa, para que durante un plazo de 4 años no pueda pasar a manos no deseadas. Pero eso es lo que Antoine Frérot tiene previsto.

Para financiar la OPA y hacer frente a las reglas de la competencia, tendrá que realizar desinversiones por un total de 5.000 millones, incluyendo Suez Eau France, destinado al fondo de infraestructuras galo Meridiam.

Es posible que le ocurra lo mismo con Agbar. Y es ahi precisamente donde los sindicatos españoles ya se han movilizado para garantizar que la filial catalana no quede expuesta a ningún contratiempo.

Sin embargo, todo apunta ya hacia una muerte lenta de Suez. Con que en lugar de tener dos grandes grupos de cobertura mundial para el tratamiento de agua potable, de los residuos domésticos e industriales y para todo tipo de servicios energéticos, con la fusión prevista, Francia tendrá un auténtico “campeón mundial”. Todo a la gloria de Emmanuel Macron y de Antoine Frérot, al cual no faltan amigos poderosos, como el influente Alexis Kholer, que ocupa la secretaria general de la presidencia de la República, en el Palacio del Eliseo.

Más satisfechos

Quien se frota también las manos de satisfacción, es Jean Pierre Clamadieu, que al frente de Engie tenia prisas en deshacerse de la participación en Suez. Su prioridad consistía en hacer caja, para financiar nuevos y ambiciosos proyectos de expansión, en las energías renovables. Cabe recordar que Engie cuenta par ello con un aliado de peso, la eléctrica lusa EdP, y más concretamente la fíliale EdPr con sede en Madrid, con la cual creó a principios de año una “joint venture”, par desarrollar y adquirir hasta 7 GW de capacidad eólica off shore.

Fue también a Engie que EdP vendió hace poco media docena de centras hidroeléctricas en Portugal, con una capacidad instalada de 1,760 GW, y las respectivas concesiones por un periodo mínimo de 45 años, y cuya adquisición interesaba mucho a Iberdrola. EdP hizo un buen negocio, y de seguir la misma orientación estratégica, pronto ocupará un “ranking” relativamente modesto como productor eléctrico en su mercado de origen, donde solo seguirá con una posición dominante en los negocios de la distribución y comercialización.

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