OPINIÓN

La visita del FMI objetiviza su análisis sobre la situación española

Destaca la prio­ridad de pre­servar la salud frente a la eco­no­mía, con­di­cio­nada por la pan­demia

Nadia Calviño.
Nadia Calviño.

En medio de la po­lé­mica por el con­fi­na­miento de Madrid ca­pita, el in­forme del FMI sobre España ha caído este año a con­tra­pié. La con­tienda sa­ni­taria y la re­sis­tencia de la eco­nomía ha sido su tras­fondo. Con las re­cientes ci­fras sobre el nú­mero de co­ti­zantes a la Seguridad Social -más de 84.000 nuevos ins­cri­tos, junto al éxito, sub­ra­yado por La Vanguardia en el re­greso al co­le-, la mi­sión del Fondo Monetario dic­ta­mina: “La pan­demia global ha afec­tado pro­fun­da­mente a la po­bla­ción y a la eco­nomía de España. El apoyo ágil y de­ci­dido a la li­qui­dez, así como el man­te­ni­miento de rentas por parte del go­bierno junto a la re­la­ja­ción de la po­lí­tica mo­ne­taria del BCE, han cons­ti­tuido im­por­tantes ba­lones de oxí­ge­no”.

Apuesta el Fondo por preservar la salud de la población como máxima prioridad, lo que exige un sistema sanitario suficientemente fuerte para enfrentarse a la pandemia, y conseguir, simultáneamente, la mayor efectividad de las medidas de contención. A lo largo de sus recomendaciones el FMI repite la fuerte correlación existente entre salud y sostenibilidad de la economía.

El apoyo fiscal en forma de ERTEs y las facilidades crediticias vía avales del ICO han sido claves para atenuarla caída de la actividad económica. La red de Seguridad Social y el apoyo a las empresas deberán mantenerse mientras la economía no recupere un ritmo sostenido de crecimiento.

Cuando llegue el momento de una recuperación del empleo y del PIB debería iniciarse la reasignación de recursos en busca de una economía sostenible. La utilización de los nuevos y abundantes fondos comunitarios brinda una oportunidad única, no sólo para cubrir la brecha fiscal y mantener la demanda doméstica sino también para iniciar nuevos proyectos.

El FMI insiste en relacionar la envergadura de los fondos europeos con “Una estructura clara de gobernanza”. Sin esa simbiosis no será fácil diseñar aquellos proyectos de inversión capaces de consolidar el crecimiento a medio plazo en un marco de economía sostenible.

El acuerdo gobierno-sindicatos-patronal es una apuesta por la supervivencia, que debería ser una referencia para los partidos políticos responsables de la gobernanza institucional. En su insistencia de aunar crecimiento económico y sostenibilidad, señala el FMI las carencias por una apuesta por la economía verde. A modo de recomendaciones proponen la rehabilitación de edificios para ahorrar energía, la implantación de puntos de recarga para vehículos eléctricos, así como la mejora en redistribución de aguas, evitándose pérdidas y finalmente, una más eficaz gestión en el tratamiento de los residuos. Recomendaciones que sin duda ofrecen oportunidades empresariales y nuevas fuentes de empleo.

En el capítulo de apoyo a las empresas y más allá de los balones de oxígeno de avales y ERTEs, las nuevas ayudas deberán vincularse a la reducción de emisiones contaminantes y, por supuesto, reservar los estímulos a aquellas empresas que presenten un perfil claro de viabilidad. Nada de subvenciones contrarias a la competencia. La Comisión de Bruselas siempre estará vigilante. Todo ello sin olvidar la factura pendiente por el incremento de la deuda pública, a la que habrá que atender a partir del año 2022.

Un prudente mensaje, el de la misión del FMI, para una clase política más empeñada en el enfrentamiento que comprometida en la gobernanza del país. No vendría mal que este informe fuese leído tanto en el Congreso de los Diputados como en los Parlamentos autonómicos, un auténtico lenitivo para el frenesí anecdótico y un mensaje para evitar esa continua aversión por la realidad

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