ANÁLISIS

Pedro Sánchez, algo más que unos Presupuestos atrevidos

¿Asistimos al fu­neral de los dé­fi­cits pre­su­pues­ta­rios?

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

El pre­ci­picio abierto entre las ci­fras de gastos e in­gresos en los Presupuestos del Estado,160.000 mi­llones de eu­ros, pro­duce vér­tigo. En el Presupuesto con­so­li­dado, que in­cluye Seguridad Social y or­ga­nismos au­tó­no­mos, la cifra total de gastos llega a 550.484 mi­llo­nes. Una ne­ce­sidad de fi­nan­cia­ción no cu­bierta por la re­cau­da­ción tri­bu­taria y las co­ti­za­ciones a la Seguridad Social, que pro­fun­diza más el pre­ci­picio y au­menta el vér­tigo.

Y, sin embargo, colocándose las gafas macroeconómicas – porcentaje del déficit públicos con relación al PIB – el abismo es menos profundo, entre un 12-14%, comparable, incluso con ventaja, al de EEUU y con el añadido de un superávi en nuestras cuentas exteriores a diferencia de las estadounidenses en deficit.

Los anteojos de Moderna Teoría Monetari acortan todavía más la sensación de vértigo. Su proposición central sostiene que los déficits presupuestarios desde una perspectiva financiera son irrelevantes. Stephanie Kelton postula en su libro Déficit Myth que los gobiernos con acceso a la impresora de billetes son emisores de dinero y ,en consecuencia, desfacedores de entuertos financieros. En el caso de la UE la facultad corresponde al BCE desde que su anterior presidente afirmó su disponibilidad “para hacer todo lo necesario”.

Los impuestos, afirma así mismo la nueva Teoría Monetaria, tienen otros propósitos, fundamentalmente la distribución de la renta y la riqueza. Impuestos más elevados para las rentas o patrimonios más altos. Los impuestos según TMM carecen de utilidad macroeconómicas.

En el mundo real la diferencia clave entre las finanzas estatales y las de las empresas y familias no es el acceso a la impresora de billetes (descuento de títulos de deuda por el BCE) sino el poder coercitivo de recaudar impuestos. Una compañía privada con pérdidas no las puede cubrir aumentando impuestos. El Estado, por el contrario, dispone de esta potestad. Por este motivo los acreedores aceptan una remuneración más baja o incluso negativa cuando prestan a los Estados soberanos.

Naturalmente hay límites, dependientes de la capacidad del deudor soberano a la hora de devolver los préstamos: países desarrollados y países en vías de desarrollo; España o Italia frente a Argentina o Turquía.

La nueva Teoría Monetaria no hace otra cosa que tomar nota del funeral de la austeridad en los EEUU o en la UE. Carmen Reinhart, economista jefe del Banco Mundial, recomienda a los estados endeudarse fuertemente durante la pandemia mientras que en 2008-09 alertaba: “ el endeudamiento soberano debe situarse como la primera preocupación de las políticas públicas”.

El Covid-19 obliga a los gobiernos a endeudarse para mantener un elevado nivel de gasto. Es preferible, escribe en el Financial Times Stephen King, “permitir a empresas y trabajadores entrar en un período de hibernación en la esperanza de que controlado el virus sean descongelados a la alternativa de quiebras y paro masivo”.

La receta prioritaria corregir la pandemia tiene como corolario estimular la actividad y el consumo con ERTEs, Créditos ICO, plan renove para el automóvil o el parque de viviendas, mejorando sus condiciones térmicas; estímulo, así mismo, a las energías alternativas favoreciendo su implantación vía medidas fiscales y ambientales. Volvamos a nuestro presupuesto. Quizá en el debate presupuestario en el Parlamento se pueda corregir la subida indiscriminada para funcionarios, primando a quienes han tenido una participación más activa y arriesgada durante la crisis. Mejor trocear que una subida lineal para quienes en estos momentos tienen una remuneración garantizada. Valdría lo mismo para parlamentarios y políticos e incluso, lo que es más arriesgado electoralmente, en el caso de las pensiones. Los bajos o nulos incrementos del índice del coste de la vida son una excelente excusa.

Finalmente, un mínimo de pedagogía financiera No le vendría mal a los portavoces parlamentarios y a la propia televisión estatal receptores y difusores de todos los males de la patria sin referencia a bien alguno.

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