Monitor de Latinoamérica

El man­da­tario electo he­reda un país en re­ce­sión por el im­pacto del co­ro­na­virus

Bolivia: el nuevo presidente hace un ‘guiño’ a la inversión europea

Arce pro­mete im­pulsar un clima de es­ta­bi­lidad eco­nó­mica y se­gu­ridad ju­rí­dica

Luis Arce, pte. electo de Bolivia.
Luis Arce, pte. electo de Bolivia.

Propulsado por su éxito como mi­nistro de Economía bajo la pre­si­dencia de Evo Morales y con­si­de­rado ar­tí­fice del ‘milagro eco­nó­mico” de Bolivia en los úl­timos años, Luis Arce, del Movimiento Al Socialismo (MAS), es ya nuevo pre­si­dente y em­pren­derá un ‘cambio dentro del cam­bio’ im­pul­sado por Evo, tras el pa­rén­tesis de un año de pre­si­dencia in­terina de Jeanine Áñez. Arce ya ha hecho un ‘guiño’ a la in­ver­sión ex­tran­jera que es­pera el de­talle de su guía eco­nó­mica y no prevé cam­bios sen­si­bles res­pecto a la úl­tima ‘etapa Morales’, más abierta al ca­pital fo­rá­neo.

Con un perfil más tecnócrata que político, autocrítico con los errores del MAS en el pasado y los casos de corrupción, pero muy crítico con el “modelo neoliberal” aplicado por Áñez y el “golpe de Estado” que llevó en noviembre de 2019 a la renuncia de Morales a la Presidencia tras casi 14 años en el poder, Arce señaló en una entrevista con TVE tras su victoria que luchará por integrar el país y que Bolivia ofrecerá las empresas foráneas estabilidad política y social y un marco de seguridad jurídica dentro del respeto a las leyes del Estado.

“Bolivia creará condiciones, como en el pasado, de estabilidad económica para que cualquier empresa se beneficie, sea pequeña, grande, española o alemana, Vamos a trabajar para generar ese clima y volver a ser este modelo de estabilidad. Vamos a lograr resultados y las empresas españolas (cuya presencia inversora alentó Arce en los últimos años como ministro) van a venir. Las empresas extranjeras no vienen porque seamos buena gente, vienen a hacer negocio. Y vamos a demostrar que hay mucho negocio que hacer. Lo único que pedimos es que paguen sus impuestos y respeten la normativa”, dijo.

La relación de Bolivia con las compañías españolas, notablemente con Repsol, ha venido mejorando, con algún caso aislado de desencuentro, en los últimos años. Tras una época de con¬flictos, in¬cluidas ex¬pro¬pia¬ciones a Repsol, REE, Iberdrola y Aena-Abertis, Bolivia cambió el chip y se abrió de forma de¬ci¬dida a la in¬ver¬sión ex¬te¬rior en 2014-15, lo que reavivó la confianza e interés de las firmas españolas. En 2015 España fue ya origen del 29% de la IED en Bolivia.

Buena gestión económica

Bajo la gestión de Arce en Economía, tras la nacionalización de hidrocarburos de 2006, que coincidió con un ‘boom’ del precio del petróleo, Bolivia comenzó a crecer a un ritmo anual del 4,9% y la pobreza extrema bajó al 17,1%. Pero Arce afronta ahora retos muy distintos: debe recuperar el crecimiento económico en medio de una pandemia y de la peor crisis global de las últimas décadas y sin horizonte de bonanza en las commodities. Será difícil repetir el ‘milagro’ (que él prefiere llamar estrategia) que llevó a un período (2006-14) de gran expansión.

Un panorama muy complicado

Arce debe ahora lidiar con un negro panorama, derivado del impacto del coronavirus, las dudas sobre el peso e influencia que tendrá el líder de MAS, Morales, en su Administración (pese a que el presidente electo niega que vaya a estar en el Ejecutivo y aboga por un MAS renovado) y la permanencia de la división entre el occidente y el oriente del país.

Arce ganó las elecciones con el 55,1% y superando los votos logrados en 2019 por Evo, frente al 28,83% del conservador Mesa (CC) y el 14% de Camacho (Creemos), pero aunque el presidente electo triunfó abrumadoramente en seis regiones noroccidentales, perdió en las orientales Santa Cruz, Beni y Tarija, zonas con menor población indígena, más conservadoras y donde la oposición al MAS es grande.

Bolivia tendrá en 2020 su peor año económico en décadas. La pandemia ha traído una ola de despidos y cierre de empresas y un alza del paro y la pobreza. Las proyecciones internacionales apuntan a una caída del PIB superior al 8% este año, en un contexto de aguda polarización política, con rebote del 5,6% en 2021. El virus ha acentuado los problemas que se arrastraban desde 2014, cuando se agotó la época de oro de las commodities.

Arce, que basó su campaña en la bonanza lograda en la era Morales (2006-19), cuando era ministro, que atribuye ese logro a la nacionalización de hidrocarburos y que en sus intervenciones ha defendido la vigencia el modelo implantado por Evo, dijo en los debates que “la economía necesita inyectar recursos para reactivar la demanda interna”, que mantendrá los bonos de ayuda y que impulsará la industrialización por sustitución de importaciones. Otras metas son la generación de ingresos y la baja del paro y, para diversificar la matriz productiva, planes de industrialización de gas natural y de yacimientos de litio en un país que tiene los recursos de ese metal más grandes del mundo aún no comercializados. Ha afirmado que Bolivia no pagará la deuda externa dos años y, entre sus medidas más inmediatas están reducir el IVA y su devolución a las rentas bajas y elevar la fiscalidad a las grandes fortunas.

Los expertos apuntan como grandes retos reducir un déficit fiscal que ha crecido en los últimos años y puede dispararse al 12% por la pandemia, reconstruir una economía devastada por el virus un país donde el 70% trabaja en la informalidad, recuperar el sector exportador; rebajar la dependencia de la inversión pública y diversificar el aparato productivo. Y creen que Arce buscará ayudar a los sectores que más crean empleo (manufactura, agricultura, construcción y turismo), apoyándose como generador de ingresos en el ‘sector estratégico’ (industrias petrolera, minera y eléctrica, en las que el Estado tiene mayoría del capital) e impulsando pactos público-privados e inversión exterior.

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