La crisis y la caída del crudo obligan a las mul­ti­na­cio­nales a cam­biar sus planes es­tra­té­gicos

Repsol sigue los pasos de las grandes petroleras de vender activos menos rentables

BP, Shell, Total, Chevron, ConocoPhillips y ExxonMobil quieren des­in­vertir en el ne­gocio ‘upstream’

Antonio Brufauy Josu Imaz, Repsol.
Antonio Brufauy Josu Imaz, Repsol.

Repsol aplica la misma ci­rugía de las grandes pe­tro­leras en el adel­ga­za­miento de sus ac­tivos de ups­tream (exploración y pro­duc­ción), menos ren­ta­bles y que pe­na­lizan sus már­ge­nes. Acaba de vender los blo­ques que tiene en Ecuador a la ca­na­diense New Stratus Energy por 5 mi­llones de dó­lares (4,2 mi­llones de eu­ros) dentro de su po­lí­tica de des­in­ver­sión en campos poco atrac­ti­vos. Una es­tra­tegia si­milar a la que están desa­rro­llando la ma­yoría de las mul­ti­na­cio­nales pre­sio­nadas por los me­nores pre­cios del pe­tróleo y la huella de car­bono.

La crisis que ha provocado en el mundo el Covid-19 ha obligado al sector a acelerar y cambiar sus planes estratégicos y ser menos dependiente a medio plazo de lo que ha sido su principal negocio: la producción a gran escala de petróleo y la venta de combustibles. La menor demanda que va a generar la implantación del coche eléctrico, las nuevas exigencias medioambientales para hacer frente a la descarbonización y la entrada en tromba de las energías verdes son las tres piezas claves de este gran giro que están sufriendo las compañías petroleras.

British Petroleum, Shell, Total, ExxonMobil, Chevron, Eni, ConocoPhillips, Equinor, Repsol y Cepsa, por citar a las más destacadas, están desarrollando similares planes de contingencia en su actividad de upstream, desviándose hacia las energías renovables. Un informe reciente de la consultora sueca Rystad Energy estima que podrían venderse campos de petróleo y gas en todo el mundo por valor de más de 110.000 millones de dólares. Se estima que podrían salir de más de 200 zonas en unos 60 países.

Eficiencia y rentabilidad

Con esta nueva estrategia, algunas multinacionales buscan recortar en alguna medida su nivel de deuda y mantener el dividendo. Otras, reducir una parte de la cartera de activos que, en tiempos de grave crisis como la actual, ataca fuertemente a la cuenta de resultados. Y el resto, concentrar gran parte de la producción en áreas o países que no estén expuestos a sobresaltos y giros políticos.

Repsol, por ejemplo, registró en el primer semestre unas pérdidas de 2.484 millones de euros tras contabilizar un impacto de 2.673 millones de euros por la pandemia. La caída de los precios del barril provocó en la compañía que preside Antonio Brufau una minusvaloración de 1.088 millones en los inventarios y un descenso contable de los activos de upstream de 1.585 millones.

Precisamente, para dar respuesta a los efectos de los precios del crudo y del gas, la compañía ya está aplicando un plan de resiliencia que contempla reducciones adicionales en sus gastos operativos de más de 450 millones de euros y de más de 1.100 millones en las inversiones, así como optimizaciones del capital circulante próximas a 800 millones, respecto a lo presupuestado a comienzo del año.

Caída del crudo y menor rentabilidad

Y es que, los menores precios del petróleo -el barril de Brent que se extrae en Mar del Norte cotiza a 41,50 dólares- han obligado a las grandes a ser más selectivas en sus campos de producción tanto de crudo como de gas. Añadir que los costes de extracción y las medidas medioambientales impiden que algunos yacimientos no sean rentables para las compañías ante el compromiso que han adquirido de reducir sus emisiones de carbono.

El crudo Brent registró entre abril y junio un descenso medio del 57%, respecto a igual periodo del año anterior, con precios medios por debajo de los 30 dólares por barril. El gas contabilizó también una caída media del 40%. Por este motivo, las compañías están concentrando su actividad en determinadas zonas y países de forma que se está produciendo un intercambio de campos de producción.

Aparte de la operación de venta de los activos que Repsol tiene en Ecuador a la canadiense New Stratrus Energy, la petrolera ha desinvertido en Angola, Rumanía y Papúa Nueva Guinea. Siguiendo esta misma política, se ha desprendido de la participación que tenía en el bloque de exploración de Bulgaria y ha salido del proyecto en el que estaba conjuntamente con Shell y Gazprom para explorar petróleo en el Ártico.

La petrolera española presentará el 25 de noviembre el nuevo plan estratégico 2021-2025 en el que perfilará su nueva estrategia para los próximos cinco años. Concretamente, en lo que se refiere a los dividendos no se esperan grandes sobresaltos por parte del equipo directivo.

El consejero delegado, Josu Jon Imaz, se ha comprometido ante los analistas que la compañía mantendrá invariable su política de dividendos de un euro por acción y no aumentar la deuda. Hasta el 30 de junio pasado, el endeudamiento ascendía a 3.987 millones de euros frente a los 4.478 millones del primer trimestre de 2020. La liquidez del holding se eleva a 9.762 millones, lo que supone 2,43 veces los vencimientos de deuda bruta en el corto plazo frente a 1,6 veces de finales de marzo. La petrolera presenta esta semana los resultados del tercer trimestre y se espera una mejoría respecto al primer semestre.

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