Monitor del Seguro

La fac­tu­ra­ción del se­guro cae un 10,8% a sep­tiembre frente al 11,1% de junio

Malos datos, pero mejores de lo esperado

El pa­trón de com­por­ta­miento del ne­gocio es si­milar al de la crisis de 2007-2009

Unespa
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Ocho meses con­vi­viendo con el virus y sus con­se­cuen­cias. Desde que en marzo se de­cre­tara el primer Estado de Alarma en España la eco­no­mía, muy de­pen­diente del sector de los ser­vi­cios, no le­vanta ca­beza. El PIB se con­trajo un 21,5% en el se­gundo tri­mestre del año; y al final del ejer­cicio el des­censo será del 11,8%, según los cálculos del Servicio de Estudios de Mapfre, frente a un cre­ci­miento del 2% en 2019. El pa­no­rama es com­pli­cado. En la recta final del año no hay vi­si­bi­lidad y sí mucho las­tre.

Este entorno lo reflejan todas las cifras, también las del sector asegurador; aunque el panorama pinta algo menos mal que hace tan solo tres meses, pero solo eso, algo menos. En marzo, cuando apenas llevaba un mes el COVID-19 en nuestras vidas, la facturación por la venta de pólizas decreció un 6,83% tras haber acabado 2019 con un mínimo descenso del 0,42%; tres meses después, a finales de junio, la caída era ya del 11,12%. Y a finales de septiembre, según los datos de ICEA (Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y Fondos de Pensiones), el retroceso fue del 10,82%, ligeramente inferior al del segundo trimestre.

Según explica Unespa, “el descenso se debe, principalmente, a la paralización económica generada a raíz de la irrupción de la pandemia de la COVID-19 y las medidas adoptadas para contenerla”, y por si había alguna sospecha, añade que “es importante destacar que el sector asegurador preserva unos niveles de solvencia elevados que superan con creces las exigencias que marca la regulación y que mantiene el servicio a sus clientes con normalidad”.

De los ingresos logrados hasta septiembre, 27.553 millones de euros correspondieron al ramo de No Vida y los 15.561 millones restantes al de Vida. El primer dato supone un exiguo aumento del 0,65%, y el segundo un batacazo del 25,78%, siendo el negocio de Vida Ahorro el principal sufridor de la crisis (-31,31%). En el caso de No Vida, son los seguros de Autos (-2,01%) y los englobados en el grupo de Resto No Vida (-2,15%), que incluyen distintas protecciones, muchas de ellas ligadas a la actividad económica, los que más han acusado el cambio de ciclo.

El descenso en Diversos y Autos no ha impedido a los ramos de No Vida acabar los nueve primeros meses del año en positivo “gracias a la inercia del crecimiento registrada en enero y febrero y al aguante de las restantes líneas de negocio”, indica la Asociación Empresarial del Seguro.

Uno de esos ramos que está resistiendo los embates de la crisis es Salud, que acabó septiembre con un avance en primas del 4,9%, un incremento superior incluso al que exhibía un año antes por estas mismas fechas (4,12%), cuando todavía el COVID-19 era un completo desconocido en España y en el resto del mundo. No obstante, Unespa no muestra una especial ilusión por este comportamiento y de nuevo vuelve a recordar que “es importante tener en mente que sobre las cifras de Salud inciden tanto el hecho de que el volumen de asegurados creció un 3,6% a lo largo de 2019, como que los ingresos provenientes de los contratos bienales con las mutualidades de funcionarios se han computado al arrancar 2020”.

En conjunto, las cifras a septiembre del sector asegurador, muy sensible al deterioro de los indicadores económicos, muestran el impacto en la industria de esta inesperada crisis, que no es ni mucho menos la primera. De hecho, según se explica en el informe ‘Panorama económico y sectorial 2020: perspectivas hacia el cuarto trimestre’, elaborado por Mapfre Economics, “el patrón de comportamiento del negocio asegurador muestra muchas similitudes con el observado en la crisis de 2007-2009, aunque en la crisis actual todavía se prevé una recuperación más rápida que en aquella, por lo que la caída podría ser menor, aunque sobre esto hay todavía mucha incertidumbre”.

Solo por recordar, en aquella ocasión, con el PIB retrocediendo a un ritmo del 3,8% (2009), la caída de las primas del sector asegurador fue del 7,8% y del 10% en los negocios de No Vida y de Vida, respectivamente (ya en el año 2010).

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