Los ex­pertos ad­vierten a los usua­rios de los riesgos y timos en su ad­qui­si­ción

La incertidumbre eleva la demanda de oro

La compra es­pe­cu­la­tiva del metal está en má­ximos pese a la com­ple­jidad de la in­ver­sión

Oro
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Las pre­vi­siones a la baja de la re­cu­pe­ra­ción mun­dial ante los re­brotes de la Covid 19 han vuelto a tensar la cuerda en los mer­cados fi­nan­cie­ros. Y cuando la in­cer­ti­dumbre au­menta crece tam­bién la de­manda de di­nero lí­quido. Este es­ce­nario ex­plica el cre­ciente in­terés por la in­ver­sión en oro, un di­nero lí­quido que no es pa­sivo de nada y cuya oferta no se puede am­pliar. Las en­tradas de ca­pital en el oro están en má­ximos y nada pa­rece in­di­car, en medio de la tor­menta ac­tual, que vayan a re­mitir en los pró­ximos me­ses.

El metal dorado ha logrado una revalorización del orden del 30% en lo que va de año, incluso después del ajuste sufrido desde los máximos históricos alcanzados durante el verano fruto de una lógica retirada de beneficios y de la rotación de dinero para la compra de activos especialmente depreciados en renta variable.

Y eso sin contar que el oro se está viendo penalizado además por los restrictivos ajustes de la política monetaria de la Reserva Federal. Esto provoca un aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, lo cual perjudica la inversión en metales preciosos. Respecto a la inflación, el consenso de mercado prevé que permanezca por debajo del 1% hasta finales del primer trimestre de 2021 apoyados en unos precios energéticos ultra bajos.

Sin embargo, la estrategia fallida de compra de valores baratos, el peligro de los desequilibrios de mantener los tipos a cero y a las previsiones de que la inflación repunte considerablemente hasta cerca del 2%, a medida que los precios energéticos vayan regresando a la normalidad volverán a impulsar el interés por el dinero líquido y real.

Los expertos creen que, en este escenario, la reducción del posicionamiento en oro observada en estos meses podría revertirse fácilmente, lo cual podría conducir su cotización hacia nuevos máximos históricos, por encima de los 2.100 dólares. Hay quien habla de 2.600 dólares la onza. Una posibilidad creciente si los mercados siguen considerando, como así parece, que aún existen grandes riesgos sistémicos derivados de la actual crisis.

Tampoco conviene descartar posibles correcciones. Pero eso parece realmente improbable en la actual situación de los mercados si el riesgo del coronavirus persiste. Incluso si aparecen remedios, el peligro de inflación ante la normalización de la economía, pueden alimentar aún más el ansia por el oro como dinero real.

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