Los di­fe­rentes cri­te­rios ju­di­ciales ge­neran un agu­jero mayor por la sa­lida a Bolsa

El Supremo afronta una 'patata caliente' si se recurre la absolución del caso Bankia

Distintas or­ga­ni­za­ciones ba­rajan apelar al TS, que ya sen­tenció en contra de la en­tidad

Rodrigo Rato
Rodrigo Rato, en tercer grado.

La sen­tencia ab­so­lu­toria de la Audiencia Nacional para la cú­pula de Bankia por su sa­lida a Bolsa y la po­si­bi­lidad de que al­gunos o mu­chos usua­rios re­cu­rran al Tribunal Supremo de­ja­rían en manos del alto tri­bunal una pa­tata ca­liente im­po­sible de sos­te­ner. El TS ya ha sen­ten­ciado, en autos con­tra­dic­to­rios con la doc­trina de la Audiencia Nacional, contra el grupo ahora pre­si­dido por José Ignacio Goirigolzarri, cuyo equipo gestor se vio for­zado a la de­vo­lu­ción de más de 1.800 mi­llones de euros a los pe­queños in­ver­so­res. E in­cluso a al­guno ins­ti­tu­cio­nal.

En un auto del primero de julio de este año, conocido casi un mes después, en plena pandemia, el Tribunal Supremo ratificaba una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Álava que reconocía el derecho de un inversor institucional (un fondo liderado por el empresario vasco Juan Luis Arregui) a que se le devolvieran 3,5 millones de euros invertidos en la OPS de Bankia. La argumentación del tribunal vitoriano, admitida por el Supremo, era la contraria a la filosofía de la de la Audiencia Nacional, que había dedicado casi ocho años a estudiar el caso. Según el Supremo, el folleto de información de la OPS, pese a estar sancionado por el Banco de España, la CNMV y la EBA, no había sido ni claro ni transparente. Incluso fraudulento.

Si ahora le llegara un recurso al más alto tribual, los magistrados estarían sumidos en un lío. Ni la imagen de la Justicia ni la de la banca salen fortalecidas, todo lo contrario, tras la sentencia absolutoria a la antigua cúpula de Bankia por su salida a Bolsa en 2011. Al menos, de cara a la percepción de una ciudadanía que ya no tenía mejor consideración respecto a ambos sectores. La foto de Rodrigo Rato saliendo de la cárcel, con el tercer grado ya concedido, chirría para muchos medios y parte de la opinión pública que lo condenaron de antemano.

Pero el mayor dilema o la verdadera patata caliente recaerá ahora sobre el Tribunal Supremo que, en su momento, sentenció en contra Bankia presidida por las irregularidades en su folleto informativo para su colocación mediante OPS en Bolsa, en la época que presidía el ex vicepresidente del Gobierno.

Esa decisión del TS obligó a los nuevos gestores de Bankia, con su presidente José Ignacio Goirigolzarri a la cabeza, a llegar a acuerdos extrajudiciales de inversores minoristas e algunos institucionales.

Esa decisión se tomó para evitar todas las sentencias que por la vía civil fueran contrarias y que ha obligado a un desembolso adicional por más de 1.800 millones de euros que ya no se pueden recuperar, al igual que ocurre con el grueso de la millonaria inyección que permitió su rescate.

Ante los posibles recursos que se puedan presentar por parte de diversas asociaciones de usuarios de banca o algunos despachos especializados tras la absolución por parte de la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo se enfrentará al gran dilema de mantener sus consideraciones o aceptar una decisión unánime que descarta cualquier delito en la salida a Bolsa de Bankia en 2011.

¿Chivo expiatorio?

Tan sólo unos días después de su absolución por el caso Bankia, su expresidente Rodrigo Rato ha logrado el tercer grado penitenciario por la condena del uso de las tarjetas black, una práctica heredada de su antecesor en la presidencia de Caja Madrid, Miguel Blesa (fallecido en extrañas circunstancias).

El tan afamado vicepresidente económico del Gobierno de José María Aznar tuvo luego un peregrinaje, además de algunas entidades privadas, un tanto turbulento con su paso como máximo responsable del Fondo Monetario Internacional (FMI), un organismo que abandonó antes de vencer su mandato y sin explicaciones respecto a su salida.

Rato aterrizaba en España en plena polémica por la sucesión de Miguel Blesa al frente de Caja Madrid. La pugna estaba entre la entonces presidenta autonómica, Esperanza Aguirre, y el que era alcalde de la capital de España, Alberto Ruiz Gallardón, para colocar al frente de la entidad madrileña a sus personas de confianza.

El que fuera presidente del Gobierno por aquel entonces, Mariano Rajoy, interpuso la figura de Rodrigo Rato al frente de Caja Madrid y evitar, así, más disputas en el seno de un Partido Popular dividido por la sucesión de Blesa. De esta manera, Rajoy también alejaba a un Rato con ansias de poder de los cenáculos políticos.

Rodrigo Rato ha cumplido más de cuatro años de su condena por el caso de las tarjetas black en la prisión de Soto del Real. La concesión del tercer grado, que le permite un régimen de semilibertad, también aumentará la controversia sobre la imagen de los banqueros, aunque su figura ya pertenezca al pasado. Eso sí, un pasado muy reciente.

Artículos relacionados