Un pago de 172 mi­llones de euros con­ve­nido para el 6 oc­tubre no fue rea­li­zado

La perspectiva de la quiebra de Mediapro siembra el pánico en el fútbol francés

Jaume Roures quiere re­ne­go­ciar las con­di­ciones fi­nan­cieras fir­madas en 2018

Jaume Roures
Jaume Roures

El hecho de que el in­flu­yente y muy exi­gente diario francés 'Le Monde' de­dique una pá­gina y hasta un edi­to­rial a los ne­go­cios del futbol galo, ilustra bien el al­cance de la ola de pá­nico pro­vo­cada por la fra­gi­lidad fi­nan­ciera de Mediapro. Además del con­trato de 3.129 mi­llones de euros que el grupo ca­talán de Jaume Roures firmó en mayo 2028 con la LFP (liga del futbol pro­fe­sional fran­cés), a cambio de los de­re­chos de di­fu­sión de 80% de los par­tidos de la liga gala entre 2000 y 2024, co­rren pe­ligro mu­chos de los 34.000 em­pleos que tiene el sec­tor.

Fue por correo, a través una simples carta, que Jaume Roures reclamó a la LFP la apertura de negociaciones, con vistas a una rebaja del precio de los derechos televisivos correspondientes a la temporada 2020/2021. Lo que también hizo, sin preaviso, fue aplazar “sine die” el segundo pago anual de 172 millones, para el que tenía de plazo hasta el 6 de octubre. La pandemia del convid-19, es la excusa tras la cual el ex periodista catalán intenta camuflar el fracaso registrado con la reventa de los derechos del futbol y más aún con la creación de la cadena gala Telefoot.

De lo que no cabe duda, en todo o caso, es que la situación creada ahora por Mediapro ya no tiene nada que ver con la euforia desatada el pasado 6 de agosto, cuando efectuó el primer pago anual pactado con la LFT, por unos 172 millones de euros, de los cuales 27 millones son tasas fiscales a cargo de los clubes. Hasta entonces solo se habían escuchado alabanzas, al contrario de lo que había pasado en 2018, cuando algunos presidentes de club cuestionaran el proyecto de Jaume Roures y, sobre todo, la ausencia de las habituales garantías bancarias.

Detrás de la liga italiana

Cabe recordar, al respecto, que si Mediapro fracasó en el intento de hacerse igualmente con los derechos de la Serie A (liga italiana), que tenía prácticamente adquiridos, fue por haber rechazado presentar –quizás por no haber podido conseguirlas - las garantías financieras que le exigían los dirigentes italianos. La explicación de Mediapro para no presentar avales es que tenía garantizado un merecido crédito de fiabilidad y solvencia en todos los países donde opera, o sea el mismo argumento que utilizó en Francia para convencer a los poco precavidos máximos responsables de la LFP.

No paga no come

Al no haber hecho efectivo el segundo pago del segundo tramo de los 780 millones relativos a la temporada 2020/2021, Jaume Roures hace una apuesta muy arriesgada: atribuye al Convid-19 la responsabilidad exclusiva de la pérdida de ingresos registrada por Mediapro, intenta forzar la mano de la LFP, para negociar una rebaja de las condiciones financieras correspondientes a la temporada actual, pero no ignora que para efectuar el pago solo tiene un plazo extra de 30 días, tras el cual la patronal del futbol galo podrá recuperar los derechos y volver a subastarlos.

Lo mismo en UK

Las debilidades financieras de Mediapro también llamó la atención del medio británico “The Economist”. A finales de marzo, puso Jaume Roures en la picota, situándole entre la política y el deporte y como separatista catalán, y más allá de los agobios económicos del grupo, advertía que los derechos de futbol ya no son ninguna mina de oro. Hasta en Reino Unido, la patria del futbol y de contratos multimillonarias, Sky y BT Sport, solo pagarán el equivalente de unos 7.300 millones de euros por los derechos de tres temporadas de la Premier Ligue.

En todo caso, los expertos consultados por The Economist, Le Monde, Le Point, etc., no creen que Mediapro disponga de argumentos sólidos para forzar la LFP a aceptar una renegociación a la baja de los derechos correspondientes a 2000/2001. Lo de la pandemia y el cierre de los estadios no sería de recibo y hasta cabría pensar que, ante el miedo por el coronavirus, y con millones de fanáticos del futbol encerrados en sus casas, como agente mediador Jaume Roures tendría mayor margen para redistribuir los derechos adquiridos y realizar jugosas plusvalías.

Le i gnoran a tuti plain

De hecho, Mediapro no encontró ninguna de las facilidades previstas, empezando por Canal+, que rechazó negociar la recompra de unos derechos que habían sido suyos durante más de tres décadas consecutivas. Lo que hizo entonces Jaume Maures, además de la reventa de los derechos televisivos, fue apostar también en la creación de una nueva cadena, Telefoot, con unos objetivos a todas luces irrealistas: la cadena solo contaría con unos 350.000 suscriptores, lejos del millón y medio previsto para final del año, y hasta un total de 3,5 millones, a medio plazo.

Al concurso directamente

Los próximos días serán cruciales para la aventura francesa de Mediapro, y la mayoría de las apuestas suenan fatal: dan por descontado que la LFP no alargará el plazo legal de 30 días que tiene el grupo español para efectuar el pago en retraso. La solución del problema pasaría, así, por la recuperación de los derechos televisivos y la organización de una nueva subasta. En tal caso, el gran favorito seria Canal+, que en una posición de fuerza podría hacerse con los derechos en juego, a un precio inferior al que Mediapro pagó: unos 800 millones anuales.

El tiempo juega a favor de la cadena de Vivendi: tras perder el pulso con Mediapro, lo que hizo Canal+ fue firmar la paz con BeIN Sports, que, contra el pago de solo unos 380 millones de euros, cedió a la antigua rival la difusión, entre 2000 y 2004, de 76 partidos adquiridos a la LFP. O sea, un 20% de los partidos subastados, incluyendo 28 de los 38 de mayor audiencia, pero ninguno de los llamados partidos estrella - aquellos que el Paris Saint Germain de Neymar y Mbappé disputará con el Marsella y el Lyon, cuya difusión quedó en manos de Mediapro.

Una situación, por lo tanto, casi surrealista, en la que el grupo de Jaume Roures, que se había puesto como objetivo máximo la difusión de los partidos de las cinco grandes ligas europeas (inglesa, italiana, francesa, alemana, española), no saldrá indemne. Hasta hay comentadores que llaman de “fraude” la operación firmada en 2018 entre Mediapro y la LFP, vaticinando, además, que, en el caso de perder los derechos del fútbol francés, a la cadena Telefoot, que factura 25,90 euros/mes a sus abonados, ya no le quedará mucho tiempo de vida.

Sin embargo, cabe recordar que no es la primera vez que Mediapro se encuentra en una situación límite. Lo mismo paso a finales de la primera década de 2000, tras la guerra con Prisa/Canal Plus, cuando estuvo a un pequeño paso de la quiebra, con una factura de 3.100 millones de euros de derechos pendientes de pago. El equivalente, entonces, a casi 80 veces el resultado de explotación, 25 veces los fondos proprios y 7 veces el volumen de negocio, con que casi nadie ya creía posible que Jaume Roures pudiera dar la vuelta a la situación.

El problema hora esta en saber si a Mediapro aun le queda margen de maniobra para seguir con sus planes en Francia, y en ese caso, avanzar después hacia la salida a bolsa prometida a los dos grandes accionistas, el private equity chino Orient Hontai Capital y la multinacional publicitaria WPP, que buscan rebajar sus participaciones respectivas del 53,5% y 22,5%. La posición china fue adquirida en 2018 por 900 millones de euros, sin afectar las participaciones de los fundadores del grupo, Jaume Roures y Toxo Benet, que controlan 24% a partes iguales.

No fue el problema en Francia, sino la llegada a España de la pandemia del coronavirus, que frenó en seco la operación de salida en bolsa, que Mediapro llevaba ya meses preparando, concretamente desde la publicación de los buenos resultados cosechados en 2018. La tarea preparatoria encomendada a Goldman Sachs, Deutsh Bank, City y Rothschild, quedó a medio camino, y, lo más probable, es que no vuelva a tener pernas para andar, por lo menos a corto plazo, ahora tanto por la pandemia como por la probable apuesta fallida en Francia.

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