Los dos Gobiernos man­tienen con­tactos para ren­ta­bi­lizar las in­ver­siones co­mu­ni­ta­rias de la re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica

Sánchez y el portugués Costa dinamizarán la economía de las regiones fronterizas

Los 'iberistas' vis­lum­bran la crea­ción de un 'Iberlux', una ver­sión ibé­rica del Benelux

Pedro Sánchez y Antonio Costa.
Pedro Sánchez y Antonio Costa.

Pese a que la cumbre his­pa­no-­lusa de Guarda pre­vista para este viernes quedó de­fi­ni­ti­va­mente apla­zada sine die hace más de una se­mana, los Gobiernos de ambos paí­ses, pre­si­didos por el so­cia­lista Pedro Sánchez y su ho­mó­logo luso António Costa, tam­bién so­cia­lista, han acor­dado en con­ver­sa­ciones pa­ra­lelas ne­go­ciar un am­bi­cioso pro­yecto de di­na­mi­za­ción de las re­giones fron­te­ri­zas, cuyas bases fueron lan­zadas por los mismos pro­ta­go­nistas en Valladolid du­rante la 30ª cumbre de los dos paí­ses.

De hecho gracias a las exigencias derivadas de la lucha contra el coronavirus, los medios disponibles ahora, tanto en España como en Portugal, para reforzar los aun frágiles niveles de desarrollo económico y social de las regiones transfronterizas españolas y portuguesas, superan de largo los previstos antes de la pandemia. Ambos países tratan de aprovechar los nuevos fondos que la UE ha puesto a disposición de los países más afectados, por una suma total de 750.000 millones de euros (390.000 millones serán a fondo perdido), para invertir entre 2021 y 2027.

Buena parte del plan portugués de Recuperación y Resiliencia aprobado por la UE (unos 12.900 millones de euros), tendrá como destino principal a las regiones fronterizas, que después de siglos de olvido, tendrán ahora una oportunidad histórica para acercarse al centro de la Península, reforzando su competitividad a todos los niveles, con la construcción de nuevas infraestructuras viarias y ferroviarias, y que situarán a ciudades como Bragança a solo media hora de distancia de una estación de la red del AVE a Madrid.

Estimaciones optimistas

Según estimaciones oficiales, el esfuerzo previsto ahora, y que se extiende a todos los niveles (además de los transportes, alcanzará la educación, la formación profesional, la universidad, los centros de investigación, el tejido empresarial, etc.), está en línea con lo aprobado hace dos años en la cumbre de Valladolid, pero con una diferencia substancial: de ser simples objetivos teóricos pasarán a ser proyectos concretos, que beneficiarán regiones en las que viven seis millones de personas, el 62% de la población portuguesa y el 17% de la española.

La nueva estrategia luso-española pasa también por medidas como la creación de un nuevo estatuto jurídico para miles de trabajadores transfronterizos, las comunicaciones móviles y hasta la coordinación de unidades de urgencia y de primeros socorros, desde Braganza, Viseu, Guarda hasta el Algarve, un total de 1.550 municipalidades portuguesas, con casi dos millones de personas, que se sentirán menos aisladas. Lo mismo sucederá con los 3,3 millones de españoles dispersos por 1.231 localidades y ciudades como Badajoz, Cáceres, Zamora, Salamanca y Zamora.

Cambio histórico

La amplitud histórica del cambio anunciado, y teniendo en cuenta que Portugal y España llevan cinco siglos dándose la espalda, al punto tener la zona trasfronteriza (“raya”) más abandonada de Europa, no levanta ningún tipo de ampollas. Al revés, lo que llaman la atención es la aparición de los denominados “iberistas”, como el alcalde independiente de Oporto, Rui Moreira, que en sintonía con profetas como Unamuno, Ortega Gasset, Fernando Pessoa o Saramago defiende la creación de una versión luso-española del Benelux, y que sería el “Iberlux”.

Los núcleos anti iberistas se aplican ahora solo a problemas concretos, como la gestión española de los caudales de los ríos ibéricos, las centrales nucleares situadas en la “raya” (Almaraz), sin olvidar la inversión española en el sector financiero luso (Santander, CaixaBank, Abanca, Bankinter) y también en la agricultura, con decenas de miles de hectáreas de olivos y de almendros plantados en las zonas irrigadas del Alentejo.

Cuestiones polémicas

los problemas que Pedro Sánchez y António Costa han tenido que aplazar del diálogo presencial son algunas cuestiones polémicas. La creciente presión ejercida por las grandes constructoras portuguesas, que solo ven “malas prácticas” y “competencia desleal” cuando pierden suculentos contratos de obra publica para las rivales españolas. La acusación más recurrente es que para quedarse con hasta el 70% de los 1.430 millones de adjudicados el ultimo año y medio, las constructoras españolas hicieron trampa con rebajas de escándalo.

De hecho, los consorcios liderados por Ferrovial y Sacyr tienen bloqueada en estos momentos la expansión de los metros de Oporto y Lisboa, respectivamente. En el primer caso, el coste de la obra adjudicada asciende a 288 millones de euros, con que Metro de Oporto economizará 77 millones sobre el precio de base de la subasta. Sin embargo, la reacción del consorcio perdedor, dirigido por el grupo luso Elevo que contesta la adjudicación, auqnue no ataca a Ferrovial, sino a Metro de Oporto, por cuestiones relacionadas con la organización del concurso público.

En caso del metro de Lisboa, cuya obra fue adjudicada a Sacyr por 75,4 millones de euros, lo que está en juego también es el criterio de la adjudicación, contestado por el consorcio luso-galo de Mota Engil/Spie, que quedó descolgado con una oferta de 73,5 millones. Metro de Lisboa atribuye mayor importancia a la calidad técnica del proyecto de Sacyr, cuando lo más habitual en los concursos públicos adjudicados a las constructoras españolas es que el precio sea el criterio principal, llegando a representar hasta 70% del criterio de adjudicación.

Pese al clima de luna de miel luso-española creado por los proyectos de dinamización social y económica de las zonas transfronterizas, restan temas bilaterales que preocupan las autoridades lusas. Por ejemplo, el hecho de que Renfe utilice la pandemia del coronavirus como argumento principal para transformar Portugal en una “isla ferroviaria”, manteniendo cortados los servicios históricos, tanto del tren-hotel “Lusitania Express” entre Lisboa y Madrid, como del Sud Express, utilizado entre Lisboa y la frontera gala de Hendaya.

La energía, en entredicho

Antonio Costa siempre ha demandado a España que aplique nuevos criterios tarifarios para el trafico del gas natural licuado, que según Lisboa favorece a los puertos españoles, en prejuicio de los intereses de Sines. Lo mismo sucede con la gestión española de los caudales de los grandes ríos ibéricos, que en periodos de sequía llegan a Portugal a cuentagotas y en malas condiciones ambientales, o provocan riadas, cuando la cantidad de agua embalsada en España supera los límites máximos.

Sin embargo, el diálogo permanente entre las dos administraciones incide en el esfuerzo conjunto anunciado para acabar con la marginalización y el olvido histórico de las despobladas y desérticas zonas transfronterizas, principalmente en la zona de la “raya”. Es lo que venia también reclamando la Comisión Europea, en relación con los llamados “missing links”, o sea las conexiones que la UE echa de menos. De hecho, éstas suman unas 366 en el espacio comunitario, y más de un 10% de ellas corresponden a sendas infraestructuras transfronterizas necesarias a la cohesión europea.

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