Monitor del Seguro

La po­lí­tica mo­ne­ta­ria, la in­cer­ti­dumbre o la re­gu­la­ción ASG son al­gunos de ellos

Los retos del seguro para 2020, y más allá

España es el único país eu­ropeo que no ha tras­puesto la Directiva de Distribución

Pilar González Frutos
Pilar González Frutos

En muy pocos días se co­no­cerá la evo­lu­ción del se­guro es­pañol en 2019 en datos con­so­li­da­dos. De mo­mento, según los úl­timos avances del tercer tri­mestre del pa­sado año, la ra­dio­grafía es la si­guiente: los in­gresos por la venta de pó­lizas crecen a un ritmo más que mo­desto del 0,23%, con el se­guro de No Vida ti­rando del sector (+2,9%), pero con di­fi­cul­tades para com­pensar el mal com­por­ta­miento de Vida (-3,06%).

Eso en lo que respecta a la facturación, por el lado de los beneficios, la cuenta no técnica arroja un resultado del negocio retenido de 3.571 millones de euros, un 0,7% menos que en el mismo periodo del año anterior. Este descenso está relacionado con el prolongado entorno de bajos tipos de interés, que castiga la rentabilidad de las inversiones de las compañías. Y aquí nos encontramos con uno de los principales retos del sector: la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), que impacta no solo en este frente, sino al propio negocio.

La postura de las aseguradoras españolas la dejó meridianamente clara la presidenta de Unespa, Pilar González de Frutos, recientemente. A su juicio, la respuesta del BCE a la crisis económica por la vía de la intervención monetaria para abaratar el endeudamiento público pudo ser acertada en un primer momento, “pero ha terminado por convertirse en un incentivo perverso, dado que los gobiernos europeos, principales beneficiarios de esta política por la vía de un endeudamiento a coste plano o casi plano, no han cumplido su parte del acuerdo comprometiéndose a racionalizar su gasto”.

Advierte de que esta actitud deja a Europa sin herramientas monetarias para luchar contra una recesión, cuando llegue. Y, además, perjudica a los aseguradoras: “No es una buena noticia para los aseguradores, pues la materia prima de un asegurador que adquiere compromisos a largo plazo es el interés compuesto pero, claro, el interés compuesto de cero es cero”. Los bajos tipos de interés provocarán un cambio del modelo de negocio, ya que al no poder gestionar los riesgos financieros a largo plazo, estos riesgos tenderán a ser transferidos a los clientes a través de productos como los unit linked.

El perjudicado será el ahorrador conservador, que en España es el mayoritario: “Hablamos, pues, de una situación que tiene claros perdedores, y esos claros perdedores son esos dos tercios de españoles adultos que, según los diferentes estudios, tienen lo que técnicamente llamamos aversión al riesgo: quieren ahorrar, sí, pero ahorrar sin riesgo”, asegura la presidenta de Unespa. La situación exigirá a la industria creatividad y capacidad de adaptación, y también ayuda desde el ámbito público: “Creo que ha llegado el momento de repensar la fiscalidad de la previsión en España, y de apostar por ella a fondo”, un mensaje para el nuevo Gobierno. No es el único desafío al que se enfrenta el seguro de Vida. Otros son el incremento de la longevidad, o la resistencia de los ciudadanos a incrementar el porcentaje que destinan al ahorro financiero.

No Vida tiene sus propios retos por delante. En Autos, por ejemplo, la venta de coches será muy difícil que vuelva a los niveles de antes de la crisis, entre otros motivos porque en estos últimos años han cambiado muchas cosas, entre ellas han surgido nuevas formas de movilidad y, además, existe una gran incertidumbre creada por la nueva regulación que pretende frenar la contaminación en las ciudades, lo que está retrasando en gran medida las decisiones de compra. Todo ello ha provocado una desaceleración del crecimiento de las primas.

Relacionado con las cuestiones ambientales, la adversa climatología es una constante desde hace tiempo, lo que afecta especialmente al seguro Multirriesgo. Unespa advierte que “las tensiones que genera sobre la siniestralidad el clima adverso, por mucho que una parte importante de estas las asuma el Consorcio de Compensación de Seguros, pueden fácilmente provocar que las primas deban ajustarse en el futuro reciente si se quiere mantener la situación de rentabilidad”. Hogar tiene que hacer frente, además, a la madurez del mercado inmobiliario.

Desarrollo tecnológico

Tampoco hay que olvidar otro reto que enfrenta el sector y que impacta de forma trasversal a todos los ramos: el desarrollo tecnológico, que requiere una gran capacidad de adaptación y de innovación, tanto desde el punto de vista de los productos y servicios que se ofrecen a los clientes como desde el de la propia gestión. Y otro más, que también afecta al conjunto de la industria: la incertidumbre política, que está retrasando la toma de decisiones importantes que afectan a la regulación del seguro. Entre ellas, todavía está pendiente la trasposición de la Directiva de Distribución, lo que convierte a España en el único país europeo que todavía no ha dado ese paso.

Además, en 2020 se llevará acabo la revisión de Solvencia II, y está pendiente la puesta en marcha de las nuevas normas internacionales de información financiera previstas para 2021, y cuya entrada en vigor el seguro quiere aplazar unos años, hasta el entorno de 2023.

Pilar González de Frutos explica que este último proyecto responde a una situación en la que quedó patente que una contabilidad que no refleje adecuadamente los flujos presentes y esperados de la actividad financiera puede conducir a situaciones “embarazosas”, pero recuerda que “los grandes escándalos contables que alimentaron y alimentan esta voluntad de clarificación no se produjeron en el ámbito asegurador”.

Y tampoco se puede olvidar la regulación que viene en materia de criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG). El seguro tiene por delante un 2020 apasionante, en el que los retos no van a faltar.

Artículos relacionados