El Santander Totta fue el primer banco luso en aban­donar los ne­go­cios an­go­leños

El 'tsunami' angoleño esquiva a la banca española en Portugal

CaixaBank, al mando del BPI, cortó ama­rras con Isabel dos Santos desde el inicio

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

Antes y des­pués de la in­de­pen­dencia de Angola (1975), Portugal fue tierra abo­nada para todo tipo de ne­go­cios, más o menos opa­cos, por parte de grandes gru­pos, lusos y an­go­leños, que se be­ne­fi­ciaron de la pa­si­vi­dad, y hasta la com­pli­ci­dad, de las au­to­ri­dades de ambos paí­ses, ig­no­rantes del origen de los fondos ni el ob­je­tivo de las ope­ra­cio­nes. Así fue y así ha sido hasta ahora, cuando el BCE y el Banco de Portugal se han puesto a mirar con lupa las ra­mi­fi­ca­ciones an­go­leñas del sis­tema fi­nan­ciero luso.

Si no hubiese sido así, Isabel dos Santos, caída en desgracia tras la publicación de los “Luanda Leaks”, no habría amasado unos 3.000 millones de euros en fortina personal. Su padre, José Eduardo dos Santos, al frente de Angola durante 40 años, empezó por confiarle el saneamiento de Luanda, el negocio de los diamantes y, a partir de entonces, la “princesa de África” se puso a volar por sí sola cada vez más arriba.

La banca pública y privada, en Angola como en Portugal, fue su gran cómplice y aliada, pero con notables excepciones. En 2014, Santander Tota rechazó colaborar con Isabel dos Santos, en relación con la fusión de Zon y Optimus, que dio lugar a la operadora móvil, de internet y de televisión NOS, y en 2015 decidió cerrar su actividad en Angola, por “cuestión de negocios”.

CaixaBank lo tuvo más difícil en el BPI pero hizo o tro tanto: para hacerse con el control absoluto del banco, muy involucrado en los negocios luso-angoleños, a través también del BFA (el tercero mayo banco local, que tenía 51% del capital en manos del banco portugués), la entidad catalana tuvo que trabar un durísimo pulso con la segunda mayor accionista, Isabel dos Santos, que controlaba un 18,6%.

Control español de BPI

De hecho, solo a partir de 2017, tras una OPA de 992 millones pudo CaixaBank asumir el control del BPI, y pudo, así, frenar en seco las complicadas maniobras de la entidad con la “cleptocracia” angoleña. Pese a tener 48% del capital y dos consejeros, la entidad catalana no participaba en la gestión del banco luso, donde pintaba menos que la accionista angoleña.

CaixaBank-BPI tuvo además que rebajar del 51% al 49% su posición en el BFA, que operaba al margen de la supervisión comunitaria del BCE. El control pasó entonces a la operadora móvil Unitel, que tenia el 50% de su capital repartidos a partes iguales entre Isabel dos Santos y Sonangol. Pero fue la multimillonaria angoleña, que aun seguía al mando de la petrolera, la que salió ganando con dicha operación.

Y ahora, aunque CaixaBank BPI ya no puede consolidar BFA en sus cuentas anuales, no cabe pensar que se vaya a desprender de la posición angoleña, que es, a muy gran distancia, su principal fuente de resultados. Entre 2008 y 2019, BFA sumó 3.500 millones de euros en beneficios, de los cuales 1.700 millones fueran distribuidos a los accionistas.

Antes que CaixaBank tomara las riendas, BPI no fue une excepción en la banca lusa, en relación con los negocios angoleños. BCP, que tiene como accionistas de referencia al chino Fosum y a Sonangol, y disputa al SantanderTotta el titulo de líder de la banca privada lusa, fue quien puso a Isabel dos Santos en la la picota y en colisión con CaixaBank, cediéndole el 10% que tenía en BPI.

Vinculaciones con Angola

Con el banco estatal CGD, tradicionalmente muy volcado en los negocios angoleños, pasó lo mismo. Hasta tal punto que en el 2015, por ejemplo, prestó sin garantías unos 175 millones de euros a dos inversores angoleños, que participaron así en la adquisición de la red local del Santander Totta, que es ahora el Banco Caixa Geral, donde CGD tiene un 51% del capital.

Pero, en ultima instancia, fueron las autoridades lusas, directa o a través de CGD las que más facilidades concedieron a la “princesa de África”. En 2011 Isabel dos Santos solo tuvo que poner 40 millones de euros para fusionar su banco BIC Portugal con el BPN, que fue el primero en ser nacionalizado en 1975 y cuyo proceso de reprivatización tuvo un elevado coste para el Estado.

Más ramificaciones

Así llama la atención la participación clave que tuvo Teixeira dos Santos en todo el proceso: como ministro de las Finanzas en los gobiernos socialistas de José Sócrates ( acusado de corrupción), fue quien tomó la decisión de reprivatizar BPN, pero cuyo proceso de venta y de saneamiento habría costado al erario público unos 4.500 millones de euros.

Después de salir del gobierno, donde puso el país a los pies de la troika FMI/BCE/UE, a cambio de 78.000 millones de ayuda (unos 20.000 millones fueron utilizados después para sanear la banca), no tomó el mismo camino de otros ex-ministros de las Finanzas (Banco de Portugal, CGD…), sino que acabó poniéndose a las órdenes de Isabel dos Santos, en el EuroBic.

Aunque nadie cuestione su honorabilidad, Teixeira dos Santos tendrá probablemente que dejar EuroBic, la misma decisión tomada de inmediato por tres importantes consejeros vinculados a Isabel dos Santos. Tras la publicación de los “Luanda Leaks”, lo que si hizo el ex ministro de las Finanzas fue cortar las relaciones entre EuroBic y las empresas de su mayor accionista.

Cabe recordar, al respecto, que fue a través EuroBic, a final del 2017, pocas horas después de haber sido apartada por el gobierno angoleño de la presidencia de Sonangol, cuando Isabel dos Santos transfirió para una empresa “off shore” en Dubái unos 57,8 millones de dólares, o sea la mitad de los 115 millones que sacó, en total, de varias cuentas de la petrolera angoleña.

Reproches

El gran reproche que se hace a Teixeira dos Santos es que con él al mando, EuroBic autorizó todo tipo de operaciones con empresas de Isabel dos Santos y del marido congolés Sindika Dokolo. El banco no tenía equipos suficientes para controlar las operaciones sospechosas de blanqueo de capitales, con que no podía aplicar los reglamentos del BdP.

Do lo que no cabe duda, igualmente, es que, sea por manifiesta incapacidad o porque tenía las manos atadas por la oligarquía político-financiera, la supervisión del BdP no estuvo a la altura de las circunstancias. BdP argumenta al respecto, que su capacidad supervisora no alcanzaba la banca angoleña, y en particular el Bic Angola, donde salían las ordenes ejecutadas por EuroBic.

Los bufetes de abogados, que por lo general no están por la labor de denunciar operaciones sospechosas de sus clientes, también salen malparados, aunque no tanto como las grandes consultoras, empezando por Deloitte, que seguirá llevando la auditoria de EuroBic iniciada en 2012, al contrario pues de PwC, que rompió de golpe con las empresas de Isabel dos Santos.

La “princesa de África” puso ya en venta su participación de control en EuroBic, que no tendrá fácil encontrar comprador, por la sencilla razón que quedo con la imagen muy deteriorada, lo mismo que el líder nacional de ingeniería eléctrica Efacec, ahogado financieramente y que al quedar sin perspectivas de expansión en Angola tiene el futuro muy complicado. Y queda por saber lo que pasara con otras participaciones de mayor calado, en Galp Energía, donde Isabel dos Santos tiene una participación indirecta del 6% , a través Amorin Energía que controla 33% de la petrolera conjuntamente con Sonangol y la empresaria brasileña, y también en la operadora NOS, cuyo control comparte con Sonae, que tiene la gestión.

Sin embargo, nadie puede prever hasta donde llegará el “tsunami” provocado por el joven hacker portugués Rui Pinto: fue el autor de los más 715.000 “Luanda Leaks”, pero no es por eso que está detenido en Lisboa, a la espera de juicio y podrá ser condenado a duras penas de prisión, por aquello de los “Football Leaks” donde sacó a la luz los oscuros negocios del futbol.

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