La re­vi­sión anun­ciada por Lagarde no es­conde la au­sencia de al­ter­na­tivas a los tipos bajos

El mercado se resigna a un largo ciclo en la sombra tras los mensajes negativos del BCE

Las bolsas se quedan sin ali­cientes a medio plazo y vuelven al punto de par­tida de 2020

Christine Lagarde
Christine Lagarde, BCE.

En su se­gunda reunión al frente del Banco Central Europeo (BCE), la pre­si­denta de la ins­ti­tu­ción, Christine Lagarde, en­frentó al mer­cado a la madre de todas las pa­ra­do­jas... al menos en ma­teria de po­lí­tica mo­ne­ta­ria. Anunció que la re­vi­sión es­tra­té­gica que ha puesto en marcha no de­jará un solo ci­miento sin re­mo­ver. Hubo mu­chos men­sajes en­ca­de­nados en su in­ter­ven­ción, pero los agentes del mer­cado tienen la mosca de­trás la oreja.

¿Y si se tratara de moverlo todo para que no cambie nada? Un simple vistazo a las cotizaciones de los bancos españoles y por extensión a las de los de la zona euro sirve para constatar que los sesudos analistas y los más avezados inversores han interpretado que vienen otros buen puñado de trimestres en la sombra. No es ya que el BCE tenga claro que no hay una sola razón para subir los tipos de interés; se trata de que el impacto de las políticas monetarias ultraexpansivas es cada vez más difícil de medir.

Con el precio oficial del dinero en el 0% y la facilidad de depósito en el -0,5%, no hay incentivos para invertir en bancos. Pero el problema va mucho más allá. La gran cuestíón es cómo prevenir los efectos de otra larga etapa sin retribución del ahorro, de desplome de los márgenes del sector financiero y de la propia pérdida de efectividad de las actuales políticas monetarias cuando todo parece apuntar a que no hay alternativas en el actual escenario macro.

"Lagarde ha constatado que la potencia de fuego de los bancos centrales es cada vez menor. Tiene los balances muy cargados ya y, sobre todo, un margen mínimo para bajar tipos si las cosas se ponen peor. Ante esta situación límite y con la munición heredada de Mario Draghi bajo mínimos, sólo le queda la opción de anunciar una revisión en profundidad del programa estratégico para ofrecer una imagen de dinamismo que contrasta con la impotencia para revertir el cansaancio económico de la zona euro", señalan en una gran firma nacional.

La mejor prueba de que no hay demasiados clavos ardiendo a los que agarrarse es que las conclusiones no se conocerán hasta noviembre o diciembre. Hasta entonces, cómo mínimo más de lo mismo, mientras no dejan de crecer las dudas sobre la capacidad de los bancos centrales para atajar la desaceleración en marcha. Que Lagarde esté dispuesta a retocar el objetivo de inflación ahora en el 2% es la mejor prueba de que el BCE es concsciente de que con las viejas herramientas ya no se pueden subsanar los desperfectos de hoy.

"Hay cierta sensación de que faltan ideas en el BCE. Hasta cierto punto es lógico, porque las estrategias que han salvado a la Eurozona del colapso han sido exprimidas ya, o casi. Y hacer experimentos cuando es la salud del área la que está en juego puede ser peligroso. Sólo quedar esperar y tener claro que vienen al menos dos años de oscuridad. Cuanto más tiempo sigan los tipos dónde están, más difíciles de medir serán las consecuencias", señala un analista financiero.

Es normal que el BCE quiera acotar al máximo el impacto de sus medidas porque hay mucho en juego. Pero, al tiempo, la banca languidece. La española afronta el último esfuerzo del mes de enero en los huesos otra vez, con las grandes entidades por debajo de sus niveles clave. El sector ya cae más de un 6% este año. La confianza de los inversores no deja de bajar en las bolsas, pero es el sector financiero el que se lleva otra vez la peor parte.

Los grandes índices europeos se comen su rebote inicial y vuelven salvo el DAX alemán a niveles muy cercanos a los que empezaron el año. El coronavirus chino ha sido la excusa perfecta para justificar una semana mediocre en los mercados. Pero donde de verdad han puesto sus ojos los inversores y los analistas ha sido en el BCE. Y el veredicto, no tan descontado, es concluyente: el largo ciclo en la sombra continúa y va para largo.

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