ANÁLISIS

El dulce estancamiento: ¿oferta o demanda?

Pedro Sánchez ten­dría que ac­tuar por las dos vías en una si­tua­ción de cre­ciente en­ve­je­ci­miento de la po­bla­ción

Jubilación
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La si­tua­ción de la eco­nomía (y de al­guna ma­nera de la so­cie­dad), tanto la na­cional como la eu­ropea o la glo­bal, es tan buena como la que es y, como dice el pre­si­dente de la CEOE, la calle pre­senta mejor cara que los no­ti­cie­ros.

“Los riesgos todavía siguen en horas bajas”, afirma Megan Greene, de la Harvard Kennedy School. Sin embargo, los datos sobre el desarrollo de la actividad productiva no son demasiado halagüeños.

Un grupo de ilustres economistas culpabilizan a esta situación a la falta de estímulos capaces de impulsar la oferta de bienes. Otros economistas se quejan, por el contrario, de la debilidad de la demanda.

Los partidarios de la economía de la oferta argumentan que en los Estados Unidos hay una demanda robusta impulsada por un mercado laboral en situación de pleno empleo con niveles de paro equivalentes al 3,5% de la población activa.

Ahora bien, aunque el paro es muy bajo, lo que si ha descendido es el nivel de la población activa. No hay más trabajadores y como la productividad se mantiene estancada la producción apenas crece.

Los defensores de la economía de la demanda, keynesianos emparentados con Lawrence Summer y sus postulados del estancamiento secular, hacen hincapié en el envejecimiento de la población y la creciente desigualdad. Dos efectos que influyen aumentando el ahorro y desincentivando el consumo y la inversión. Hay más ahorro que inversión.

Se pregunta M. Green si en consecuencia tenemos un problema de oferta o de demanda. Por fortuna, afirma, ambas escuelas coinciden. Los bancos centrales no pueden soportar más el peso del estancamiento de manera que los estímulo fiscales se hacen cada vez más perentorios.(Teóricos de la demanda).

Coinciden también ambas escuelas en que los Estados promuevan la investigación y mejoren las condiciones y formas de la enseñanza. El propósito no es otro que aumentar la productividad del sistema (teoría de la oferta). Y, en ultima estancia, construir un sistema fiscal más exigente que contribuya a suavizar las desiguales en la distribución de la renta.

Y en España qué?

¿Estaría el actual gobierno español en condiciones de actuar por el lado de la oferta y la demanda? Contamos con una población crecientemente envejecida. La inmigración es un remedio, pero no la única solución.

En primer lugar, se trataría de incrementar la tasa de natalidad como se viene haciendo en Alemania y Francia; pero también, habrá que acoplar los sistemas educativos a las necesidades del sistema productivo. Nuestros jóvenes están desapareciendo de las tareas productivas correspondientes a jardineros, fontaneros o electricistas.

Coordinar estudios y aprendizaje, formación académica y experiencia laboral, pero también estimular la investigación de manera que los universitarios locales no tengan que emigrar a Europa o a los Estados Unidos.

Vivimos una especie de Belle Epoque en la que la economía transita por un periodo sin sobresaltos y bajo crecimiento. Curiosamente se está formando, a la vez, una costra alarmante de rechazo contra los inmigrantes o las políticas liberales.

¿Qué pasaría si Salvini ganase unas nuevas elecciones en Italia o si en España el Partido Popular fuese absorbido o mimetizado por Vox?

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