En cuanto a li­quidez y du­do­sos, lo­gran si­tuarse en la media de la banca eu­ropea

La banca española es el farolillo rojo por capital en la zona euro

Tanto el BCE como el BdE alertan con in­sis­tencia sobre esa per­sis­tencia de esa di­fe­rencia

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Algunos bancos es­pañoles po­drán mirar por en­cima del hombro a al­gunos com­pe­ti­dores eu­ro­peos, pero como sector en su con­junto poco puede pre­su­mir. Sobre todo, en cuanto a sol­vencia ya que la banca es­pañola se hunde en el úl­timo puesto con unas ra­tios de ca­pital in­fe­riores a los de ban­cos, con todo el res­peto, como los por­tu­gue­ses, ita­lianos o chi­prio­tas. Respecto a las ra­tios de li­quidez y re­duc­ción de du­do­sos, el apro­bado ras­pado pone en cues­tión el enorme pro­ceso de re­es­truc­tu­ra­ción aco­me­tido.

A tan sólo una semana de que los bancos españoles ofrezcan sus resultados individuales y situación al cierre del ejercicio de 2018, el sector bancario español está en pocas condiciones para sacar pecho ante el resto de los sistemas bancarios de la zona euro. La solvencia o capital de la banca española es la peor respecto a sus competidores europeos en sus distintas ratios.

La ratio media de CET1 (capital ordinario) se sitúa en el 11,92% al cierre del tercer trimestre del pasado ejercicio, por debajo del 14,37% de la media de la banca europea y a mucha distancia de los bancos de Estonia, a la cabeza con una solvencia CET1 del 27,5%.

Pese a la intervención económica de Portugal, la banca lusa supera a la española en la ratio media de capital y se queda por debajo de otros sistemas bancarios cuestionados como el italiano, el alemán, el de Chipre o el griego, a los que la profunda crisis sufrida en la última década golpeó tan profundamente o más que a los bancos españoles.

Tanto las autoridades del Banco Central Europeo (BCE) como las del Banco de España insisten desde hace tiempo en esa desventaja de la banca española respecto a sus competidores europeos. Por su parte, los máximos responsables de la banca española esgrimen que su modelo de negocio, más centrado en la banca minorista y no tanto en la de inversión, requiere de menos exigencias de capital.

De hecho, la mayoría de los bancos españoles defienden que cumplen de manera holgada con los requisitos mínimos exigidos desde la sede del BCE en Frankfurt. Además, esgrimen que su rentabilidad (ROE o RoTE, según cada entidad) se sitúa por encima de la que tienen sus competidores europeos.

Por los pelos

Todos reconocen que la banca española ha acometido, en la última década, una de la mayores reestructuraciones que ha conllevado la práctica desaparición de las cajas de ahorros, un duro ajuste de plantillas y redes, así como un continuo saneamiento de los activos dudosos acumulados en sus balances por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Sin embargo, y según los datos oficiales del Banco Central Europeo, la banca española se sitúa en la media en la ratio de préstamos dudosos (3,41%), a mucha diferencia de lo que aún soporta la banca de Grecia (37,4%), pero aún a distancia de la de Luxemburgo, con tan sólo un 0,91%. En cuanto a esta variable, la situación es mejor que la de los bancos de Portugal o los italianos, pero por encima de otros sistemas bancarios como el alemán o el francés.

Respecto a la liquidez, la ratio de cobertura de la banca española se sitúa algo por encima de la media europea (145,16%, algo peor que la cierre del primer semestre), según el BCE. En contraposición, los bancos de Eslovenia se encuentran en la posición más holgada con una ratio del 366,79% y Grecia se queda en la última posición con una ratio del 115,43%.

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