OPINIÓN

Más vicepresidentes y más ministros...

Pedro Sánchez debe afrontar tam­bién una re­forma pro­funda de la ad­mi­nis­tra­ción eco­nó­mica

Pedro Sanchez y Pablo Iglesias
Pedro Sanchez y Pablo Iglesias

No es una mala es­tra­tégia eso de una cuarta vi­ce­pre­si­den­cia. Se re­fuerza la pro­so­po­peya de esta nueva ins­ti­tu­ción, las Vicepresidencias, al tiempo que los Ministerios de aná­lisis y ges­tión quedan re­for­za­dos. Fijémonos en el Ministerio de Economía.

Estaría llamado a convertirse en el bastión de la gestión y la estrategia pública y empresarial. (España es una economía de mercado descentralizada, es lo que hay y bien, pero que muy bien, nos ha ido). Un Ministerio dotado de la máxima prtencia de fuego ampliando sus competencias.

La actividad económica se juega y se va a jugar dentro y fuera de nuestras fronteras. Dentro, el Ministerio de Economía diseñaría la distribución del gasto público. El Ministerio de Hacienda, por supuesto, se concentrará en la gestión de los ingresos presupuestarios: máxima eficacia en la recaudación. Ahora bien, las figuras tributarias y los tipos impositivos serían responsabilidad, como sucede en buena parte de nuestros socios europeos, del Ministerio de Economía. Su titular en esos países europeos, y por qué no aquí, es el responsable de la presentación y discusión de los Presupuestos ante la UE.

Un Ministerio de Economía a tiempo completo requiere dotarse de medios instrumentales y canales de información vía tres Secretarias de Estado. En primer lugar, una Secretaria de Estado de Economía: cuadro macroeconómico así como el diseño y supervisión del gasto público.

Una Secretaria de Estado de Comercio en primera linea de fuego en el tablero de las relaciones económicas y comerciales de España con el resto del mundo y especialmente con la UE. Una Secretaria de Estado de Industria y Servicios en contacto de proximidad con los productores y gestores de bienes y servicios.

La actual denominación de Ministerio de Economía y Empresas es un piadoso titular para sugerir lo obvio, pero lo que se necesita es una organización poderosa de gestión.

Una Secretaria de Estado macroeconómica es imprescindible pero resulta poca cosa a la hora de diseñar y gestionar los gastos públicos. La macroeconomía necesita de una osamenta más consistente que el análisis de las grandes magnitudes macroeconómicas.

Comercio exterior

La vertiente exterior es también clave. La participación de las actividades de exportación de bienes y servicios representa un elevado y ademas creciente porcentaje del PIB. Sumando, además, el peso de las compras de bienes y servicios en el exterior, la actividad relacionada con el resto del mundo representa directamente más de la mitad de la generación total de la actividad económica.

Ahora bien, la Secretaría de Estado de Comercio precisa, a su vez, de la máxima dirección, de un ministro de economía. Hay que estar a la altura de los tiempos y tener una presencia fuerte en nuestras relaciones con las instituciones internacionales y el resto de países incluidos en la globalización. Esa Secretaria de Estado, por su parte, seria una fuente de savia generada por esas actividades mercantiles que tienen su destino o procedencia más allá de nuestras fronteras.

Una Secretaria de Estado de Industria y Servicios es el cordón umbilical para hacer llegar el pulso de las empresas a las máximas autoridades del Estado. Una savia que conforma la urdimbre del entramado productivo.

¿Cómo afrontar por ejemplo el Brexit?

La variedad y frecuencia de transacciones supera el ámbito de la política económica, más bien la macroeconómica; hay que descender, profundizar en la intimidad y significado de todas las transacciones.

El Ministerio de Economía y, por supuesto, la Vicepresidencia Económica no encontratá mejor apoyo que el buen hacer de una infantería conocedora del territorio que pisa.

Tendrá, además, el Ministerio de Economía que contar y dialogar con esas Agencias sugeridas por Bruselas para vigilar el correcto funcionamiento de la competencia, de los mercados financieros y, muy en especial, el diseño y gestión de los ingresos y gastos presupuestarios.

Una Administración española ajustada a los tiempos de nuestra incorporación a la UE y la Eurozona. Un Ministerio de Economía y una Vicepresidencia Económica gestor pero también tributario de una economía abierta y competitiva así como, eficiente y rigurosa en su funcionamiento.

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