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Endesa gana brillo eléctrico en un mercado sin luces

La eléc­trica de ma­yoría ita­liana se con­so­lida en má­ximos his­tó­ricos

Sede de Endesa
Sede de Endesa

El es­fuerzo in­versor para man­te­nerse entre las em­presas lí­deres en la transición ener­gé­tica y la me­jora de la efi­ciencia han ca­ta­pul­tado a Endesa hasta sus má­ximos his­tó­ri­cos. Todas sus lí­neas de ba­lance en la pri­mera mitad del año han sido po­si­ti­vas, dando como re­sul­tado un be­ne­ficio de 776 mi­llones de eu­ros, un 3% más que a junio de 2018.

Una vez culminado el proceso de consolidación vivido el pasado año, el grupo energético ha tomado impulso para perforar si grandes dificultades la barrera técnica que encontraba en torno a los 23,6 euros por acción. Tras este salto, su perfil ha mejorado aún más si cabe y lo más normal, aseguran los aficionados a los gráficos, es que continúe el impulso alcista, puesto en marcha este año hasta las inmediaciones,como mínimo de los 25 euros por acción.

Eso supone un potencial alcista adicional del 6% que se debe sumar a la revalorización del 22% acumulada en el global del ejercicio. Algunos consideran que estas expectativas se pueden quedar incluso cortas tras la demostración de fortaleza del valor en los peores momentos del mercado durante el mes de agosto.

Sin embargo, hay quien asegura que no es oro todo lo que reluce en estas subidas. Su actividad también ofrece algunos puntos sombríos. Entre ellas destaca el conflicto abierto en los últimos días con las administraciones catalanas al respecto del cobro de las facturas de la tarifa social. Un problema puntual, pero que amenaza con deteriorar su imagen.

Más preocupante quizás será el alto coste que deberá asumir, junto al resto de grandes energéticas españolas, por el desmantelamiento de las instalaciones nucleares en un proceso que se extenderá hasta el año 2070, pero que tendrá que abordar importantes hitos intermedios en 202 y 2035.

Otra fuente de inquietud ha sido el aumento del apalancamiento de Endesa durante el primer semestre al 1,8 veces en relación al Ebitda frente a las 1,6 veces de finales de 2018. El pago del dividendo y el incremento en el capital circulante regulatorio, entre otras cosas, han contribuido al incremento de la deuda neta hasta cerca de los 6.800 millones de euros. En cualquier caso, la preocupación por este aspecto es contenida pues se mantiene en niveles razonablemente adecuados y a un coste de financiación en mínimos.

La buena marcha del negocio regulado y la firme apuesta por la descarbonización y la transición hacia la producción de energía limpia, con una sólida cartera de proyectos renovables, le permiten amortiguar cualquier sombra de duda a corto plazo. Su razonable relación precio beneficio con un PER de poco más de 16 veces y la alta rentabilidad por dividendo, más de un 6%, se suman al atractivo general de la compañía.

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