ANÁLISIS

Lagarde quiere hacer más verde a la banca europea, pese al cinismo británico

La in­cor­po­ra­ción de la po­lí­tica fran­cesa como pre­si­denta del BCE va a pro­vocar más cam­bios de los pre­vistos

Christine Lagarde
Christine Lagarde

Tras re­cibir el visto bueno del Parlamento Europeo, el nom­bra­miento de la fran­cesa Christine Lagarde como pre­si­denta del Banco Central Europeo ya solo queda pen­diente de la ra­ti­fi­ca­ción del Consejo Europeo que se ce­le­brará en Bruselas a me­diados del mes de oc­tu­bre...

Mucho se ha escrito de la continuidad de los bajos tipos de interés que se espera aplique Lagarde respecto de las políticas que ha llevado cabo durante su mandato el italiano, Mario Draghi, quien dirá adiós a la institución el próximo 31 de octubre. En cambio, se ha escrito mucho menos de la impronta personal que quiere introducir a sus próximos ocho años de mandato la francesa.

Sin duda el aspecto más novedoso, junto a que se trata de la primera política no técnica que va a dirigir el BCE, es que quiere hacer del Banco Central Europeo una entidad que promueva la defensa del medio ambiente, un banco verde como se ha dado en publicitar, además de los mensajes de hacer un banco más próximo y transparente a la ciudadanía y organizaciones de la sociedad como sindicatos, organizaciones empresariales, de consumidores y ONGs.

Es de desear que no sea solo el mantra que repiten todos los dirigentes antes de llegar al poder, pero que tantos olvidan tan rápidamente cuando se instalan en las dependencias oficiales de la institución para la que han sido llamados a dirigir ya sea por unas elecciones democráticas o por la decisión de otros órganos institucionales.

Pero de la comparecencia ante la Comisión de Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo, y sobre todo del documento de 40 páginas que ha enviado a la eurocámara en respuesta a las cuestiones que le platearon los eurodiputados sobre sus objetivos como presidenta del BCE a partir del próximo 1 de noviembre, llama la atención su preocupación por el desinterés de los bancos por el medio ambiente.

Admite Lagarde en cambio que será prioritario para ella tratar de ‘reverdecer’ el destino de los créditos del Banco Central Europeo problemática que hasta el momento no se había tenido muy en cuenta. Como le han recordado desde el Parlamento Europeo, el 63 % de los activos comprados dentro del programa de recompra de deuda han financiado a empresas que operan en los sectores económicos más emisores de gases efecto invernadero, según los trabajos del Instituto Veblen y de la ONG Positive Money.

Aunque todavía no puede hacer de portavoz de una institución que no preside, durante su comparecencia y en el documento ha insistido en que el emisor tendrá que tener en cuenta la preocupación mundial por el medio ambiente.

En concreto ha dicho que “el cambio climático debe integrarse en los objetivos del Banco Central Europeo”. A lo que ha añadido que se tendrán en cuenta los activos verdes para la ponderación de los riesgos utilizada en la determinación de los ratios de capital de los bancos impulsada por los bancos franceses, los más avanzados al respecto, y por la Comisión con Juncker al frente quien termina su mandato el próximo 1 de noviembre.

Pese a que Lagarde no ha querido ser más explícita sobre cómo se tendrán en cuenta esos activos verdes, ya le ha servido para recibir críticas por parte de la prensa especializada británica, entre ellos el semanario ‘The Banker’ que le dedica un artículo lleno de ironías sobre las nuevas incursiones que les esperan a los responsables de la política monetaria bajo la dirección de Lagarde con los bancos verdes.

Lo primero que destaca el mencionado semanario es que todavía no se han puesto de acuerdo en la Comisión sobre qué sea la banca verde por lo que ha creado una comisión de expertos en finanzas sostenibles para recopilar los términos de lo que se vaya a llamar a partir de ahora la banca verde.

Pese a ello, Lagarde no ha sido la única en advertir de la necesidad de tener en cuenta el respeto por el medio ambiente a la hora de conceder créditos por parte del BCE. David Malpass, presidente del Banco Mundial ha aprovechado la reciente Asamblea General de Naciones Unidas para incidir en la nueva dimensión medio ambiental que va a adoptar la institución, algo sobre lo que enfatizará en la próxima asamblea conjunta del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Ahora solo falta oír a los representantes de la banca mundial. Ateniéndose a lo dicho ya por algunos de los grandes empresarios invitados a Nueva York por el secretario General de Naciones Unidas en las reuniones de apoyo de la Asamblea General, es lógico pensar que el futuro del sector vendrá determinado por esta nueva dimensión medioambiental, aunque le haga tanta gracia la prensa británica.

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