BOLSA

Euskaltel, llamada en espera

El giro es­tra­té­gico adop­tado en los úl­timos meses pa­rece estar te­niendo un efecto muy po­si­tivo en los re­sul­tados de Euskaltel. Sin em­bargo, el valor está vi­viendo una au­tén­tica mon­taña rusa en Bolsa in­capaz de con­vencer de mo­mento a los in­ver­sores a largo plazo.

La operadora vasca ha cerrado la primera mitad del año con un beneficio neto de 23 millones de euros, lo que supone un descenso del 20,5% respecto a igual período del pasado ejercicio, pero el crecimiento del 4% del Ebitda y la captación de nuevos clientes supone un cambio de tendencia, según la compañía.

Una mejoría fruto de la nueva hoja de ruta adoptada por la teleoperadora con la toma de control de Zegona, su principal accionista con el 21% del capital. Un cambio basado en un nuevo equipo directivo centrado en la creación de valor mediante la consolidación del negocio actual –apoyado en sus tres marcas regionales- y en la expansión nacional con un nuevo modelo más eficiente.

De este modo, Euskaltel busca dirigirse al 85% adicional del mercado español para lo cual tiene la opción de lanzar la marca Virgin destinada a explotar ese mercado. No obstante, el mercado no acaba de fiarse del todo estos cambios. La mayoría de los operadores recomiendan cautela a la espera de conocer en mayor detalle su plan estratégico y comprobar sus efectos a corto plazo sobre todo respecto a sus ingresos de mayor calidad y control de costes tal y como viene prometiendo.

Una de las principales preocupaciones es su elevado endeudamiento y el compromiso con el dividendo que pueden lastrar sus cuentas. Aunque su generación de caja le permite reducir apalancamiento a buen ritmo, lo cierto es que la deuda neta al cierre del mes de junio se elevaba a 1.526 millones de euros, apenas cinco millones menos que al cierre de 2018, con una ratio sobre Ebitda de 4,3 veces.

Su rentabilidad por dividendo se eleva al 4,2% después de abonar 55 millones de euros por este concepto, desglosado en 25 millones como dividendo a cuenta, pagado el 7 de febrero, y 30 millones de euros como dividendo complementario descontado el 9 de julio.

Ambos factores, junto con un perfil de cliente en sus áreas “core” y la carencia de red propia a nivel nacional son algunos de los aspectos que lleva a los operadores a poner en cuarentena la agresiva expansión planteada con una fuerte aceleración de clientes.

El valor mantiene una revalorización del 10% en el cómputo global del año, pero su perfil técnico parece netamente bajista con claro peligro de deslizarse de nuevo hacia los mínimos del año registrados en mayo en torno a los 6,5 euros por acción. No faltan tampoco fans de la compañía que esperan un rebote sobre los 7 euros por acción para ir a buscar de nuevos sus máximos anuales sobre los 8 euros antes de acabar el ejercicio. De momento, la balanza parece inclinarse del lado de los más pesimistas.

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