ANÁLISIS

La ge­ne­ro­sidad mo­ne­taria del BCE im­pli­cará una po­sible de­pre­cia­ción del euro

Macron salva el G7 en Biarritz gracias a Berlín pero no evita la última peripecia británica

La eco­nomía ale­mana ha re­gis­trado una caída en el se­gundo tri­mestre del año y ne­ce­sita po­lí­ticas ex­pan­sivas

Emmanuel Macron
Emmanuel Macron

Bravo por el sa­voir faire de Macron en su di­fícil lidia en la reunión del G7 en Biatrritz. Se per­fila un di­fícil en­ten­di­miento entre EEUU e Irán con el res­paldo de bri­tá­nicos y ale­ma­nes, una deses­ca­lada de la ten­sión en el Golfo Pérsico y una mejor sin­tonía de las prin­ci­pales po­ten­cias del mundo li­bre. La guerra co­mer­cial China-EEUU, en compás de es­pera. Naturalmente queda mu­chí­simo que dis­cutir y ne­go­ciar pero nadie ha aban­do­nado el G7 dando un por­tazo. Solo el bri­tá­nico Boris Johnson aguar­daba su turno para ce­rrar el Parlamento Británico.

A unos miles de kilómetros de Biarritz, tierra dentro en la Europa comunitaria y en Berlín, concretamente suenan otros tipos de alarmas. La economía alemana ha registrado una caída en el segundo trimestre del año. Incertidumbre sobre el futuro de sus exportaciones manufactureras y en especial las del sector del automóvil. El clima de confianza entre las empresas alemanas cae al nivel más bajo desde los últimos 7 años.

El relativo éxito de Biarritz y el gesto de Boris Johnson reclama con intensidad una positiva reacción de Berlín. El Banco Central de la República Federal de Alemania ha criticado con dureza la generosa política monetaria del BCE. Ahora bien, en septiembre el BCE puede volver a decidir, visto el incierto panorama internacional, mantener en negativo los tipos de interés y bien abierta la ventanilla de compra de deuda. La generosidad monetaria incidiría en una posible depreciación del euro; algo muy denostado por Trump y sus guerreros proteccionistas.

Alemania no tiene otra salida que una política fiscal expansiva. El dogma del presupuesto equilibrado, el conocido como déficit cero o negro (Schwarze Null) ha sido una constante en la política económica de Alemania. En efecto, desde 2014 su presupuesto ha registrado superávit.

Simultáneamente la otra salvaguardia presupuestaria, el “freno de la deuda pública” que establece la constitución de la RFA constriñe al gobierno a mantener un déficit publico estructural por debajo del 0.35% del PIB. Estas dos muy ortodoxas salvaguardias se enfrentan ahora al mundo de los negocios así como el segundo partido alemán, los verdes.

“A pesar de los datos negativos el gobierno no está haciendo nada para enfrentarse a una desaceleración de la actividad económica”. Lo afirma así la líder de la formación verde Anja Hajduk. No dice nada distinto el presidente del Instituto IFO, Clemens Fuest: “la última vez que las compañías alemanas registraron un sentimiento tan negativo fue en 2009”.

Estímulos fiscales para robustecer la economía alemana así como la europea y constituir un firme baluarte frente al proteccionismo estadounidense y la jugarreta poco democrática del británico Johnson de cara a su abandono de la UE. Además si Trump consigue que el banco de la Reserva Federal baje los tipos de interés, la depreciación del dólar podría provocar una meteórica apreciación del euro. Un frenazo para la competitividad de la industria europea.

Biarritz y Berlín están mucho más cerca que lo que determina la geografía. El presidente Macron ha jugado sus cartas con habilidad y ahora le toca a Alemania jugar las suyas con generosidad y sentido de la responsabilidad europea. Buenas noticias desde Italia y su nuevo gobierno mientras nos preguntamos ¿ Y por aquí qué pasa?. El presidente Sánchez ha sido invitado al G7 no sólo por vecindad sino también en reconocimiento, se quiera o no por los lobeznos cavernarios, a su determinación para formar un gobierno pro-europeo.

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