BOLSA

Nicolás Correa pierde tracción

La preo­cu­pante ra­len­ti­za­ción la eco­nomía China, que está cre­ciendo a su menor ritmo en casi tres dé­ca­das, y los sín­tomas de re­ce­sión en Alemania está obli­gando a las em­presas in­dus­triales a elevar sus me­didas de pre­cau­ción en ma­teria de in­ver­sión. Un re­traso en la toma de de­ci­siones que está te­niendo un efecto co­la­teral en sus su­mi­nis­tra­do­res.

Este es uno de los grandes riesgos que está afrontando Nicolás Correa en los últimos meses y que se está dejando sentir en su cotización. Después de un intenso proceso de reestructuración, que le ha llevado a vender su planta en Guipúzcoa y a concentrar su producción en la planta de Burgos, el grupo ha logrado maximizar la rentabilidad de la producción y eliminar su deuda.

Eso le ha llevado a consolidar sus beneficios. Ahora, sin embargo, las dudas en el sector industrial han hecho aflorar viejos fantasmas entre los inversores.

Desde finales de julio, la compañía ha perdido un 20% de su valor en Bolsa, reduciendo su rentabilidad acumulada en el ejercicio por debajo del 10%. Aunque lo peor de todo es que ha puesto en riesgo los niveles de soporte de la tendencia alcista que venía desarrollando desde finales de 2016.

Los más afines al grupo achacan estos descensos a las turbulencias generales del mercado y confían en una pronta remontada de la cotización al igual que ocurrió a finales del año pasado. La diferencia en esta ocasión, apuntan los más críticos, es que ahora hay un creciente temor de recesión mundial que está comprometiendo las inversiones de una forma mucho más seria que hace diez meses.

Para confirmar que estos recortes son meramente puntuales, los expertos apuntan a que Nicolás Correa debe recuperar en breve el nivel de los 3,7 euros por acción, frente a los algo menos de 3,5 euros en los que cotiza en la actualidad. Y su bajo volumen de negocio no invita a ser demasiado optimistas.

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