La ratio ha em­peo­rado en los grandes grupos por en­cima del 50% en el primer se­mestre

La búsqueda de la eficiencia expulsa a los mayores de la oficinas bancarias

Tan sólo un tercio de los nuevos em­pleados se in­cor­pora a la red co­mer­cial

sucursales bancarias
sucursales bancarias

La su­cursal ban­caria es­pañola se ha con­ver­tido, a pasos agi­gan­ta­dos, en un "territorio co­man­che" para las per­sonas de más edad. La exi­gencia de una mayor efi­ciencia por parte de toda la banca em­puja a la ma­yoría de sus clientes hacia los ca­nales di­gi­ta­les, bien por el cierre de las ofi­cinas más cer­canas o por las li­mi­ta­ciones de al­gunas ope­ra­ciones clá­sicas en ven­ta­ni­lla. De he­cho, de los nuevos ban­ca­rios in­cor­po­rados en los úl­timos tiem­pos, tan sólo uno de cada tres acaba en la red co­mer­cial.

"Señora: si no le gusta mi careto, cambie de canal", era lo que ya cantaba hace unos cuantos años el grupo asturiano Los Ilegales. La letra de aquella canción parece haberse convertido en la banda sonora de la mayoría de los bancos españoles en su relación sucursal con los clientes, sobre todo, con aquellos de mayor edad.

La imagen tradicional de la abuelita (o abuelito), acostumbrados a retirar su dinero en efectivo con la cuenta de billetes del empleado en ventanilla, ha pasado del blanco y negro a casi un color sepia. Cualquier operación sin más valor añadido para el banco se ha derivado a otros canales, incluso a los ya conocidos como cajeros automáticos. Unos terminales, sin embargo, poco comprensibles para los más mayores.

La necesidad de mejorar la eficiencia por parte de la banca, sobre todo en un entorno de bajos tipos de interés, es la razón para ese cambio que no deja de profundizar en la exclusión financiera de determinados segmentos de clientes que o desconfían o no se manejan con los nuevos canales digitales.

La mayoría de los responsables de los bancos españoles argumentan que han adaptado la oferta a la diferente demanda de sus clientes que, cada vez más según ellos, se decantan por una relación menos presencial en sus redes de oficinas y más activa en canales a distancia para operaciones simples o con no mucha complejidad.

Todas las entidades presumen de sus avances en su transformación digital que les permita mejorar su eficiencia, casi a espaldas de la realidad social en España. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de 65 años o más representa el 19,4% del total, tres puntos más que en las dos últimas décadas. En 2009, cuando ya se produjo el estallido de la crisis, ese segmento suponía un 16,56%.

Cierres y despidos

La crisis de hace una década ha dejado un mapa de la banca española muy reducido tanto en el número de entidades, como de empleados y de la dimensión de sus redes de oficinas, lo que ha provocado el orfanato bancario en algunas localidades, sobre todo pequeñas y rurales en las que la mayoría de su población suelen ser de avanzada edad.

Durante la última década, la banca española ha prescindido de casi unos 100.000 empleados y en la actualidad cuentan con una plantilla conjunta de unos 180.000 trabajadores. Una reducción de más del 30% que, en el caso de oficinas, se eleva por encima del 40%.

Según datos ofrecidos recientemente por el sindicato CCOO, el de mayor representación en el sector, la banca ha incorporado algo más de 23.000 trabajadores a sus plantillas. Eso sí, dos tercios han recabado en los servicios centrales y tan sólo un tercio en unas redes comerciales de poco interés para ofrecer operaciones de poco valor añadido (contar los billetes en ventanilla al jubilado de turno, por ejemplo).

Cada banco ha trazado sus estrategia para mejorar una eficiencia, castigada como la rentabilidad por los tipos de interés a cero, necesaria para el mantenimiento del negocio. BBVA es el que más sufre en este sentido en el mercado doméstico, ya que para ingresar 100 euros tiene que invertir casi 60. Es decir, su ratio de eficiencia es del 57,8% al cierre del primer semestre del año.

El resto de los grandes bancos españoles también ven cómo la ratio de eficiencia se sitúa por encima del 50%, con tan sólo dos excepciones. Bankinter aún goza de un 46,4% en dicha variable, mientras que el Sabadell (sin TSB) ha visto cómo ha empeorado dicha ratio hasta el 46,77% al cierre de junio, aunque con mucha más tarea por hacer en su filial británica para que la eficiencia del grupo mejore por debajo del 50% que aún supera.

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