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Deutsche Bank, preocupción forzosa

Los clientes es­pañoles de Deutsche Bank se mues­tran preo­cu­pados por las señales de de­bi­lidad que está ofre­ciendo el gi­gante ban­cario eu­ropeo en los úl­timos años.

Tras el fracaso de su fusión con Commerzbank, con un halo de misterio respecto a los motivos reales, la entidad ha anunciado en estos días un profundo plan de reestructuración con la eliminación de 18.000 empleos para 2022.

El objetivo es volver a sus orígenes como banco alemán con una radical remodelación destinada a poner punto final a años de constante declive. La apuesta de la entidad pasa por una nueva reorganización de la cúpula directiva y el replanteamiento de algunas líneas de negocio por tercera vez en cuatro años.

Una reconstrucción para devolver al banco a su ADN. Eso supone el reconocimiento de la errónea estrategia puesta en marcha hace 20 años con la adquisición del estadounidense Bankers Trust, destinada a impulsar su actividad en operaciones de bonos, entre otras, con el fin de competir con los grandes bancos de inversión a escala mundial.

Una vez más se demuestra que las grandes entidades no están exentas de cometer errores estratégicos de bulto, acentuados en este caso acentuados por problemas generales del sector en Europa. Factores como los bajos tipos de interés y la incertidumbre política han llevado a los bancos europeos a estar en una situación de desventaja en su propio mercado frente a sus competidores estadounidenses.

A ello se suma la escasa capacidad de reacción del sector en Europa respecto a la forma de afrontar la crisis frente al esfuerzo realizado por los bancos americanos para sanearse de inmediato y recapitalizar sus balances.

Tras el proceso de reestructuración, el negocio de banca de inversión de Deutsche Bank --su motor de ingresos-- adelgazará de forma drástica y será reorganizado poniendo a la venta buena parte de sus activos. Un reflejo de la claudicación de Deutsche Bank a la hora de relanzar sus operaciones financieras, muy presionadas por la creciente competencia de rivales más fuertes. En este sentido, el grupo saldrá por completo del negocio de renta variable mundial, aunque seguirá ofreciendo algunos servicios a los clientes, como la suscripción de acciones.

Este proceso supondrá una pérdida neta de cerca de 3.000 millones de euros derivados de los costes relacionados con la reestructuración cuando presente sus cuentas del segundo trimestre previstas para el próximo 24 de julio. Para financiarlo, la entidad prevé suspender el pago de dividendo a sus accionistas este año y el que viene.

El objetivo es alcanzar un total saneamiento en 2022, ejercicio en el que espera retribuir a sus accionistas con 5.000 millones de euros mediante dividendos y recompra de acciones-

Las acciones de la entidad, cuya cotización llegó a caer por debajo de los 6 euros en junio, mínimos históricos, parece estar reaccionando positivamente en su intención de centrarse en dar servicio a empresas europeas y en sus clientes de banca minorista, incluidos los de grandes patrimonios con el fin de reforzar el negocio de gestión de activos u operaciones de divisas.

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