Las normas fis­cales de­mues­tran ser efec­tivas hasta ahora, según S&P Global Ratings

El crecimiento impulsa los ingresos regionales, aunque también los gastos

La acu­mu­la­ción de gastos de ca­pital au­menta la pre­sión sobre los pre­su­puestos de las CC.AA.

Standards & Poor's
Standards & Poor's.

La eco­nomía es­pañola está te­niendo un buen com­por­ta­miento du­rante los úl­timos años. Crecimiento eco­nó­mico, des­censo del paro, y me­jora de los prin­ci­pales fun­da­men­ta­les. Esto se ha ca­na­li­zado en los in­gresos re­gio­na­les; es decir de las Comunidades Autónomas. Sin em­bargo, la acu­mu­la­ción de gastos de ca­pital pueden au­mentar la pre­sión sobre sus pre­su­pues­tos. El en­ve­je­ci­miento de la po­bla­ción es otro factor que in­fluye ne­ga­ti­va­mente.

Aunque el crecimiento económico beneficia a todas las regiones, el desempleo sigue siendo alto. La economía de España ha tenido un buen desempeño y superior a la media de la eurozona desde 2014. Las economías a nivel autonómico han seguido en general la misma tendencia que la nacional, lo que ha llevado a un aumento del PIB per cápita en todos los ámbitos y a una reducción constante de la tasa de desempleo.

Las regiones de España están reduciendo sus déficits gracias a una economía fuerte y normas fiscales estrictas, que comprenden un objetivo de déficit y una regla de gasto. Esperamos que la economía de España continúe expandiéndose, con tasas de crecimiento nominal del PIB que promedien un 3,5% anual en comparación con 2019-2021.

Esto debería impulsar los ingresos fiscales regionales. S&P Global Ratings entiende que las regiones aprovecharán los ingresos más altos para expandir el gasto, lo que piensan que lleve a que la regla del gasto se vea limitada.

Las autonomías han cumplido con el objetivo de déficit en 2018 por segundo año consecutivo, con solo dos regiones (Murcia, sin calificación; y Valencia) superándolo materialmente. De hecho, esta medida, que establece límites en el crecimiento del gasto anual, se ha convertido en una restricción más dura para las regiones que los propios objetivos de déficit.

En este sentido, la agencia prevé que los gastos operativos crezcan más lentamente que los ingresos operativos, mejorando los márgenes operativos a aproximadamente el 3,6% de las entradas en 2021 desde el 2,3% en 2018. También esperan que las regiones continúen frenando sus programas de inversión para reducir su déficit a aproximadamente el 2% de los ingresos totales para 2021.

Con todo, reconocen que los programas de capital pueden aumentar a largo plazo debido a las “inversiones moderadas en los últimos años”. El menor déficit agregado, junto con un crecimiento de ingresos aún dinámico, reducirá la carga de la deuda para las comunidades.

Necesidad de desapalancamiento

De ahí a que se prevea que la deuda con el respaldo fiscal se reduzca al 186% de los ingresos operativos consolidados para 2021. Aún así se trata de un nivel de apalancamiento que la agencia ve como “muy alto” en una comparación internacional, aunque es inferior al máximo del 212% alcanzado en 2015.

De esta manera, el crecimiento por sí solo no puede reducir significativamente la deuda de las regiones. Un proceso de desapalancamiento estructural requeriría una reforma “profunda del sistema de financiación regional”, que aún se contempla.

Diferencias regionales

En este esquema, se observan grandes diferencias en el ámbito regional en cuanto a los ingresos. Madrid, la región más rica, tiene un PIB per cápita (34.916 euros en 2018) que es casi el doble que el de Extremadura (18.174 euros), el más pobre.

Con todo, desde S&P Global Ratings creen que los ingresos de las regiones dependen en gran medida del PIB nacional en lugar del PIB regional dado el componente de equiparación del sistema de financiación autonómica. Solo las regiones de estatus especial (País Vasco y Navarra), que tienen sus propios sistemas de financiación, pueden aprovechar al máximo sus economías más ricas.

La diferencia entre las tasas de desempleo para las autonomías se está reduciendo muy lentamente. En 2014, la brecha entre la tasa de desempleo más alta (Andalucía, 34,8% de media) y la tasa de desempleo más baja (Navarra, 15,7%) fue de 19 puntos porcentuales.

En 2018, esta brecha se redujo a 14 puntos porcentuales, siendo Extremadura la tasa más alta (23,6%) y el País Vasco la más baja (10,0%). Andalucía, las Islas Canarias y Extremadura todavía tenían un nivel de desempleo superior al 20% el pasado año, lo que pesa sobre sus calificaciones crediticias.

En opinión de S&P Global Ratings, el retraso de la reforma del sistema de financiación para las autonomías, sigue manteniendo “las disparidades regionales”.

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