El sector pierde los pocos apoyos que le que­daban y na­vega sin rumbo fijo

Con o sin Draghi, la banca se enroca en el laberinto, abocada a un verano sin luces en bolsa

El de­te­rioro de la Eurozona crece y deja a la banca do­més­tica a los pies de los ca­ba­llos

El BCE y Dragui.
Mario Dragui no da una.

Tan sen­sible y to­cada está la banca es­pañola que el primer anuncio del jueves del BCE re­tra­sando la re­baja del tipo de la fa­ci­lidad de de­pó­sito hasta sep­tiembre pro­vocó un re­bote in­me­diato y po­tente de sus co­ti­za­cio­nes. La ale­gría duró un sus­piro, exac­ta­mente hasta que habló el pre­si­dente Mario Draghi. Los in­ver­sores des­cu­brieron in­me­dia­ta­mente que las cosas se po­dían poner to­davía peor.

El aún presidente del BCE desplazó toda la batería de medidas esperadas al mes de septiembre. Será entonces cuando Draghi bajaría hasta el -0,50% (la mitad de los analistas apostaba por que este movimiento se concretaría ya en julio) y lanzaría su nueva gran ronda de estímulos para dar una espaldarazo a una economía de la zona euro cada vez más deprimida. Un manguerazo que daría continuidad a la inyección de 2,6 billones de euros que terminó el año pasado.

"Draghi ha dibujado un panorama muy preocupante. Ya no habla de que de los tipos de interés seguirán en los niveles actuales hasta como poco el primer semestre de 2020, sino que ahora dice que seguirán donde están o serán inferiores en el transcurso del año que viene. Eso quiere decir que el motor de la economía europea sigue gripado y que hay que poner toda la carne en el asador. Mala cosa para la banca", señala un analista del sector financiero.

Por lo tanto, se cierra más el telón para la banca europea, tanto en términos de márgenes como de valoración en Bolsa. Draghi deja al sector en el laberinto, con cada vez menos resortes para elevar sus ingresos, con los dividendos en cuestión y con los planes de negocio saltando por los aires. La rebaja de previsiones de CaixaBank y Sabadell el pasado viernes ponen negro sobre blanco el enorme impacto de la política de tipos al 0% del BCE. Las costuras empiezan a saltar.

La caída libre de los bancos españoles en términos de valoración es extraordinaria. En poco más de año y medio se han quedado en el camino casi 60.000 millones de euros de capitalización bursátil. Es decir, casi la tercera parte del valor conjunto de los seis grandes bancos españoles cuando terminó 2017. Un desplome sin paliativos que deja precios tan aparentemente atractivos como en la práctica insuficientes para que los inversores tomen riesgos en la banca.

"Estamos ante el caso del cuchillo que cae. ¿Quién se va a atrever a parar su caída? El riesgo de accidente es alto, como está demostrando la temporada de resultados. El problema es que la realidad económica de la zona euro y las bajadas de tipos que vienen dejan sin luz a los bancos en bolsa a un año vista. El BCE tendrá que instrumentar alguna medida para ayudar a los bancos, pero el mercado intuye que su potencia de fuego es limitada", aseguran fuentes bursátiles.

Además, la comunidad inversora interpreta que Draghi no va a soltar el pie del acelerador a pesar de que restan apenas tres meses para que pase el testigo a Christine Lagard. Al banquero italiano no le va a temblar el pulso para hacer lo que hay que hacer para reactivar una economía asfixiada. Con el mensaje más pesimista posible, el presidente del BCE mantiene a los bancos españoles contra la pared, pero cada vez con menos margen de maniobra.

"Ya han hecho un esfuerzo enorme en términos de ajuste de estructura. La capacidad para seguir quitando capas ya es mínima, están en los huesos", señalan fuentes financieras que creen que a corto y medio plazo el sector no cuenta con clavos ardiendo a los que asirse. Con septiembre demasiado cerca en el horizonte y Draghi dispuesto a dejar su impronta hasta el final, la banca española afronta el tramo final del año con menos luces que nunca en bolsa.

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