La de­va­lua­ción del dólar ge­ne­raría un con­flicto no visto desde el año 2000

Los inversores se preparan para la esperada mayor guerra de divisas en 20 años

El oro se erige como el prin­cipal ac­tivo para los in­ver­so­res, según Deutsche Bank

Guerra de divisas
Guerra de divisas

Una guerra de di­visas en toda regla donde los prin­ci­pales bancos cen­trales y go­bier­nos, in­cluido Estados Unidos, de­bi­liten de­li­be­ra­da­mente sus di­visas ya no puede ser des­car­ta­das. Esto es lo que con­si­deran los bancos de in­ver­sión más po­tentes y las grandes ges­to­ras. La so­lu­ción que plan­tean al­gunos ana­listas es el re­fugio en el oro y otro de ac­tivos hasta que ter­mine pa­sando la tor­menta. La du­ra­ción puede ser bas­tante im­pre­de­ci­ble.

El tormento en los mercados no ha hecho más que comenzar, aunque no lo pueda parecer en un principio. Los inversores se están preparando para una guerra de divisas tras los últimos acontecimientos cuyo final es bastante indeterminado, según distintos analistas expertos en este mercado.

Uno de ellos es Joachim Fels, asesor económico de la gestora Pimco, la que más volumen tiene en todo el mundo. Tal y como expresa, desde principios de 2018, la guerra fría de divisas que se ha librado entre los principales grandes bloques del planeta durante más de cinco años ha “estallado de nuevo". Además, incluso una escalada de esta contienda con la intervención directa de Estados Unidos y otros gobiernos o bancos centrales –el Banco Central Europeo entre ellos– para debilitar sus monedas, “no se puede descartar”.

El maremágnum de emociones se ha incrementado en las últimas fechas. Ya no es ningún secreto. Trump hizo un llamado a la Reserva Federal para que reduzca los tipos de interés, así como las señales del Banco Central Europeo, el Banco Popular de China y el Banco de Japón, que insinúan nuevas medidas para aliviar las tensiones monetarias mundiales.

El telón se ha abierto para la tercera ronda de “guerra fría de las divisas”, considera Fels en un último informe. Si bien la intervención a corto plazo del gobierno norteamericano en aras de debilitar al dólar sigue siendo poco probable, dadas las cuestiones no resueltas, el billete verde todavía puede verse debilitado por el factor que ejerce la política.

Incluso la amenaza de ventas directas en dólares, junto con las continuas intervenciones verbales y de “políticas de devaluación”, lo que es más importante, unas medidas monetarias más laxas por parte de los principales bancos centrales podrían llevar a un clima de tensión en el mercado de divisas mundial.

El país norteamericano intervino por última vez en los mercados de divisas en 2011 de manera coordinada con sus pares internacionales después de que el yen se disparase a raíz del devastador terremoto de ese año en el país nipón. Así, los principales bancos centrales podrían no ser los únicos entrar en este conflico.

El oro como protección ante una guerra de divisas

La posibilidad de una intervención de los grandes bancos centrales en el mercado de divisas ha generado cierto revuelo entre los analistas de los mercados. Justo después de que el presidente Donald Trump apuntara a China y Europa este mes, diciendo que están jugando un “gran juego de manipulación de divisas”.

Un intento de Estados Unidos por debilitar su moneda, un paso que no ha dado desde el 2000, podría incitar a otras naciones a combatir la intervención, lo que generaría una “verdadera guerra de divisas” que probablemente involucre al yuan y al euro, según el estratega de Deutsche Bank, Alan Ruskin.

Con esta contienda que probablemente se libraría entre el dólar, el yuan y el euro un enfoque en la inversión sería “evitar el conflicto directo”, alerta Ruskin. Con mucho, la forma más directa y sencilla de negociar las complejidades de una guerra de divisas es ir apostar en el largo plazo “por el oro”.

El oro ha subido un 10% este año en medio de la profundización de las tensiones comerciales de China y las apuestas mayores por un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal. El metal alcanzó su nivel máximo de seis años el mes pasado, y los hedge funds están cerca de sus niveles más optimistas desde 2017.

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