BOLSA

Nicolás Correa, nuevos tiempos

No se aprende de los fra­ca­sos, sino de la forma de afron­tarlos para su­pe­rar­los. Una má­xima de la que pueden pre­sumir en Nicolás Correa. El fa­bri­cante de má­quinas fre­sa­dora vivió un 'boom' subida a la ola ex­pan­siva pro­vo­cada por la in­cor­po­ra­ción de España a la UE.

Eso le llevó a una estratégica de crecimiento desordenada y errónea, con alto endeudamiento, con la que casi se fue a la quiebra al iniciarse la crisis de 2008.

Ahora, tras un profundo proceso de reconversión, focalizado en una concentración de la actividad hacia clientes más rentables y en la contención del gasto, ha conseguido casi evaporar su deuda. En 2018, el grupo redujo su apalancamiento hasta 1,6 millones de euros, una reducción del 81% respecto a un año antes. Una tendencia que ha confirmado en el arranque de este ejercicio, logrando en el primer trimestre una cifra de deuda financiera del grupo negativa de un millón de euros. Un hito histórico en la evolución de la compañía, tras años de sangre, sudor y lágrimas.

Un giro culminado con la reciente venta de su planta de Itziar (Gipúzcoa) remanente de los tiempos de sobrecapacidad alcanzados durante el “boom” con un duro ajuste de plantilla y el traslado de la producción a la planta de Burgos. Con esta operación, el grupo industrial ha ingresado cinco millones de euros, cuatro de los cuales acaban de entrar en caja hace apenas dos semanas como parte del pago aplazado fijado en el acuerdo. Y, aunque dura, supone una importante lección para el equipo gestor, consciente de la inviabilidad de mantener dos factorías sin una facturación consistente.

De este modo, el grupo logró cerrar el primer cuarto del año con un beneficio neto antes de impuestos de dos millones de euros, cuatro veces más al contabilizado en el igual período del pasado ejercicio. Eso le ha permitido lograr una relación de BAI sobre ingresos del 11%, muy por encima de la media del sector.

Una vez aprendido de los errores, el objetivo ahora es evitar el estancamiento y mantener un crecimiento ordenado de la actividad de la planta de Burgos, para lo cual tienen en perspectiva varios proyectos. Pero ya parte de una situación mucho más favorable al no estar a expensas de su deuda y con dinero fresco procedente de la venta de la planta de Itziar.

Con todo, el grupo afronta importantes riesgos a corto plazo como son el retraso en la toma de decisiones de sus clientes ante el temor a un parón de la economía global o su alta dependencia de las exportaciones. Al respecto, los operadores se han mostrado preocupados por la ralentización de la economía China que está creciendo a uno de los ritmos más bajos de los últimos años.

Otros factores de riesgo los encuentra en el proceso de descarbonización y en el cambio de modelo del sector automovilístico. Aunque en estos casos, la compañía lo ve como una posible oportunidad al abrirse nuevos nichos de negocio ante los cuales puede aportar su elevada experiencia.

Un cambio radical que el mercado lo viene recogiendo al alza desde 2016, pero que se está acelerando este año. Las acciones del grupo suben un 30% desde comienzos del ejercicio para reconquistar la cota de los 4 euros, su mejor nivel en una década. Los expertos confían en que ahora pueda consolidar este nivel en las próximas semanas para poner rumbo a los cinco euros por acción con lo que ya podría dar por olvidado los peores momentos de la crisis.

Artículos relacionados