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La vi­sión to­ta­li­taria de no­ti­cias que más con­vienen al poder se re­pro­duce con las 'fake news'

La profecía autocumplida de George Orwell

El con­trol vía mó­viles y cá­maras ur­banas re­cuerda el mo­delo de so­ciedad de “1984”

George Orwell, 1984.
George Orwell, 1984.

El es­critor y pe­rio­dista bri­tá­nico George Orwell lo di­bujó sobre el papel en su obra 1984. Una so­ciedad to­ta­li­taria en la que los in­di­vi­duos ca­re­cían de li­ber­tad, donde el Gran Hermano con­tro­laba hasta sus úl­timos mo­vi­mien­tos. Donde la ca­pa­cidad para pensar es­taba ab­so­lu­ta­mente prohi­bida. Setenta años des­pués del lan­za­miento de la pri­mera edi­ción del best se­ller 1984, la or­ga­ni­za­ción de la so­ciedad ha con­ver­tido a Orwell en mí­tico vi­sio­nario capaz de pre­decir el fu­turo casi con cien años de an­te­la­ción.

El periodista Robert Bridge, antiguo editor jefe de The Moscow News y autor del libro "Midnight in the American Empire", publicado hace seis años, rinde tributo a Orwell en la publicación digital rt.com, en la que recuerda la sociedad de la obra 1984, en la que los ciudadanos se encontraban sometidos a una fuerte presión, con frases publicitarias en carteles que rezaban “el Gran Hermano te está mirando”.

En las últimas semanas hemos conocido dos escalofriantes actuaciones. La trampa que ha realizado la Liga de Futbol en las app que instalaban los aficionados y que permitía descubrir en qué bares se estaban viendo los partidos de futbol sin pagar los correspondientes derechos.

Lo que ha pasado en la región china de Xinjiang es otra historia. Los turistas tenían que pagar el "peaje" de dejar el móvil a unos comisarios políticos en la frontera que manipulaban los terminales durante varios minutos para instalar una aplicación que espiaba correos electrónicos, calendario y llamadas de teléfono.

"Al describir el frugal apartamento londinense del protagonista Winston Smith, [Orwell] menciona un instrumento llamado "pantalla telescópica", que suena sorprendentemente similar al teléfono inteligente de mano que usan miles de millones de personas en todo el mundo hoy en día”, advierte el autor de este análisis.

Bridge recuerda que “justo cuando se celebraba el aniversario de 1984, se informó que la Agencia de Seguridad Nacional (la NSA en inglés) ha estado recopilando de manera ilícita registros sobre llamadas telefónicas y mensajes de texto enviados por ciudadanos estadounidenses.

Esta última invasión de la privacidad ha sido descubierta por casualidad por un “error”, después de que una firma de telecomunicación anónima entregara los registros de llamadas que la NSA supuestamente “no había solicitado” y “no fue aprobada” por el Tribunal de Vigilancia de Inteligencia extranjera”.

Los paralelismos entre la novela de Orwell y la época actual son cada vez más estrechos. De los casos de la Policía del Pensamiento, como el citado con anterioridad, podríamos pasar al de Facebook, donde una inteligencia superior determina qué pensamientos son odiosos y peligrosos y los censuran.

Eso, por no hablar de ejemplos tan palmarios, como que una fotografía de un parto fuera etiquetada como pornografía. Por desgracia, pocos usuarios de esta plataforma plantan cara y cierran su cuenta por este control totalitario.

Pero aún hay más. En el mundo de 1984, en Oceania se hablaba una lengua denominada Newspeak. El autor avisa del peligro de que una plataforma como Facebook decida que determinadas frases constituyen un discurso de odio, lo que limita la libertad de expresión de los usuarios de la red social. La empresa de Mark Zuckerberg ha decidido entregar a Francia los datos de usuarios sospechosos de difundir “discurso de odio”.

El periodista finaliza su artículo con un enigmático interrogante. Se nos acaba el tiempo para decidir cuestiones como si “¿saldremos victoriosos contra las fuerzas de una tiranía tecnológica que parece estar justo por encima del horizonte?”.

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