Sorpresa en EEUU por la elec­ción de Christine Lagarde como pre­si­dente del BCE

La Reserva Federal se pliega a las presiones de Trump y cuestiona su independencia

La des­ti­tu­ción del pre­si­dente del banco cen­tral turco apunta a una nueva era

Reserva Federal de EEUU
Reserva Federal de EEUU

Los po­lí­ticos pesan más que nunca en las de­ci­siones de los bancos cen­tra­les. La tan ca­careada in­de­pen­dencia de los grandes con­duc­tores de las po­lí­ticas mo­ne­ta­rias se está viendo ex­tra­or­di­na­ria­mente cues­tio­nada tras los úl­timos acon­te­ci­mientos a uno y otro lado del Atlántico. El cese del go­ber­nador del Banco Central de Turquía, Murat Çetinkaya, por de­ci­sión di­recta del pre­si­dente Erdongan es sólo un primer aviso de lo que puede estar por ve­nir.

"No deja de ser una decisión heterodoxa en un país todavía poco ortodoxo en materia económica como Turquía", señalan fuentes financieras que sin embargo recuerdan que las motivaciones de la destitución tienen que ver con algo cada vez más patente en las relaciones entre bancos centrales y gobiernos: las desavenencias entre los primeros, que apuestan por la rectitud en materia económica, y los segundos, que necesitan avivar las economías con nuevos estímulos.

Aunque las medidas duras del banco central turco (el año pasado elevó el tipo de referencia hasta el 24% en pleno desplome de la lira) han tenido efecto, Erdogan quería una rebaja de tipos ya contra las recomendaciones de Murat Çetinkaya, que creía que era demasiado pronto. Salvando las enormes distancias entre un país y otro, la tensión entre el Ejecutivo y el banco central es de unas proporciones muy similares a las que se viven en Estados Unidos.

La 'guerra fría' entre el presidente Donald Trump y la Reserva Federal ha sido una constante desde que empezó su mandato, con amagos de despido incluidos. Pero la inmensa presión del primero empieza a surtir efecto. Aunque la primera economía del mundo fue capaz de generar cerca de 225.000 empleos el pasado mes de junio rompiendo en pedazos la previsión de 160.000 de los analistas, el presidente de la Fed ha empezado a decantar la balanza del lado de Trump.

Este miércoles, Jerome Powell ha empezado a preparar al mercado para una posible rebaja de tipos. Factores como la desaceleración global, el 'Brexit' o la guerra comercial ahora sí son factores de riesgo susceptibles de doblar la mano de la Fed. Ahora importa menos el sólido crecimiento de la economía estadounidense, que está ofreciendo el ciclo expansivo mayor en el tiempo de su historia, con más de 120 meses consecutivos de crecimiento.

Má allás del lógico debate sobre la necesidad de subir los tipos en Estados Unidos, subyace la percepción de que la política manda más que nunca en los bancos centrales. Y que ahora se pueden justificar los cambios en las hojas de rutas monetarias más por expectativas que pueden ser discutibles que por las evidencias. Los siempre prudentes bancos centrales están más presionados que nunca para abandonar la senda de la ortodoxia que siempre los caracterizó.

Mientras Powell carga en sus espaldas con una presión extraordinaria, Europa espera acontecimientos con Christine Lagarde ya elegida para sustituir al varias veces salvador de la zona euro, Mario Draghi. La de Bruselas es una decisión arriesgada, porque ha optado por un perfil marcadamente político para un BCE que ha tenido que virar en sus previsiones de tipos de interés a la vista de las dificultados de la economía del área para salir adelante.

Junto al vicepresidente Luis de Guindos, Lagarde conformará un estado mayor del BCE sin experiencia al frente de bancos centrales y con el perfil más político de la historia. ¿Será suficiente para afrontar los enormes retos de un BCE con cada vez menos armas para combatir la ralentización que coge velocidad en Europa? Con los bancos centrales más presionados que nunca por el poder político, los futuros frentes para Lagarde y su equipos se multiplican.

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