Cada vez es más di­fícil con­trolar el flujo de par­ti­ci­pa­ciones y su pro­ce­dencia

Las empresas aplauden la directiva para identificar a todos sus accionistas

Ahora apenas hay me­ca­nismos para de­tectar a los in­ver­sores fi­nales hui­dizos

Accionistas en una junta.Sin título
Accionistas en una junta.

Uno de los grandes ob­je­tivos de los in­ver­sores que pu­lulan por el ac­cio­na­riado de las em­presas es pasar des­aper­ci­bi­dos. Compañías en di­fi­cul­tades fi­nan­cieras o en pro­cesos cor­po­ra­tivos como una OPA o de fu­sión son ob­jeto de con­ti­nuas en­tradas y sa­lidas de in­ver­sores cuya iden­tidad es toda una in­cóg­nita salvo una vez al año, cuando se ce­le­bran las juntas ge­ne­rales de ac­cio­nis­tas. Y no siempre está dis­po­nible (ni mucho me­nos) toda la in­for­ma­ción.

La Ley que traslada la directiva europea sobre el fomento de la implicación a largo plazo de los accionistas puede ser decisiva para poner fin a esta situación. El anteproyecto para trasponer la directiva a España va a remover las reglas del juego en las leyes de sociedades de capital, de auditoría y del mercado de valores. Un movimiento de enormes proporciones que las empresas españolas aplauden 'sotto voce' , al menos en primera instancia.

"En principio, la ley desincentiva las estrategias cortoplacistas en las empresas cotizadas. Y eso, de por sí, es una buena noticia. Los inversores más especulativos o con estrategias muy agresivas siempre buscarán los flancos débiles para seguir en el anonimato, pero la trasposición de la directiva se lo pondrá más difícil", señala un director de relaciones con inversores de una inmobiliaria que asegura que ahora apenas hay mecanismos para detectar a los inversores finales.

En demasiados casos, es imposible llegar hasta el auténtico propietario de las acciones. No es ya que se utilicen determinados mecanismos como los aparcamientos de títulos o las operaciones con productos derivados, sino que en algunos ocasiones las entidades que intermedian las transacciones y que aparentemente están actuando por cuenta propia, realmente están operando para terceros que no son identificados. Y muchas participaciones son comunicadas por los bancos custodios.

"Hay todo tipo de inversores. Los hay de una enorme transparencia, como Norges Bank o Invesco por poner un ejemplo de una gran inversor europeo y otro americano. Comunican todos sus movimientos y, en caso de planificar una venta importante, tratan de hacer el menor daño a la cotización. Pero en otros casos se actúan con nocturnidad y alevosía. Por más medios que pongas para identificar al comprador, es imposible", señalan fuentes bursátiles.

El mercado español ha cambiado mucho en los últimos años. Por un lado, el peso de los inversores extranjeros no para de crecer y ya supone cerca del 50% del total. Por otro, cada vez es más alto el 'free float' de las empresas cotizadas y por lo tanto más díficil de controlar el flujo de participaciones y su procedencia. Una situación que desde varias empresas se califica como "una enorme desventaja que ha llegado la hora atajar".

El espíritu de la directiva es dar más voz y sobre todo más voto a los accionistas que permanezcan más de dos años en el capital, a imagen y semejanza de lo que ocurre en mercados tan proteccionistas con sus empresas como Países Bajos y Francia. Una música que suena muy bien a las compañías y a los accionistas estables de referencia, que refuerzan su control sobre las compañías. Un punto que las propias compañías reconocen como "polémico".

¿Por qué? Los pequeños accionistas podrían quedar aún más relegados en la toma de decisiones. Y también podría verse afectada la liquidez y el potencial alcista de aquellas empresas con accionistas de control, que perderían atractivo de cara a potenciales inversores que apuestan por grupos susceptibles de participar en operaciones corporativas. De momento, las empresas aplauden un proceso que derivará en más transparencia y seguridad.

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