Insiste en que las emi­siones pro­vienen del motor del vehículo y no del com­bus­tible

Repsol levanta el hacha de guerra contra Sánchez y su política medioambiental

Las pe­tro­leras vuelven a cargar contra el im­pues­tazo al diésel que el Gobierno quiere aplicar

Biodiesel
Biodiesel

Las pe­tro­leras no lo tienen claro con el nuevo im­puesto que el Gobierno Sánchez pre­para contra el con­sumo de dié­sel. El pre­si­dente de Repsol, Antonio Brufau, ha sido el pri­mero en ha­cerlo pa­tente ante la nueva es­tra­tegia ener­gé­tica del fu­turo Gobierno . Brufau con­si­dera que es in­justa la nueva fis­ca­lidad que se quiere aplicar a este car­bu­rante y ha ini­ciado una de­fensa nu­man­tina de su ne­go­cio, ba­sado en el crudo. La de­mo­ni­za­ción que se hace del ga­sóleo de au­to­mo­ción per­ju­dica gra­ve­mente al sector y él se ha le­van­tado en ar­mas.

El alto ejecutivo de una de las grandes petroleras europeas ha defendido a la industria española como uno de los ejes de la economía. Por ese motivo, Brufau ha dicho alto y claro que no se puede ir contra su desarrollo adoptando medidas medioambientales excesivamente duras que incluso la propia Alemania no adopta. “Hay que buscar una senda coste/beneficio. No despreciemos las tecnologías donde va a estar el futuro”, señaló en la junta del viernes.

Brufau y su equipo estaban ya disconformes con los mensajes que el presidente Pedro Sánchez había lanzado contra el diésel -una de las primeras medidas que anunció fue el impuestazo al gasóleo-, pero pensaban que todo podía ser un globo sonda para ver la reacción. Tras el resultado de las elecciones generales, la política medioambiental que Sánchez plantea va en serio, por lo que la situación para la industria petrolera es complicada.

El directivo de Repsol ha criticado la forma en que España está trabajando en la reducción de los gases de efecto invernadero. Con argumentos de todo tipo y cifras ha señalado que este problema que tanto preocupa a Europa -no así a las grandes potencias como China, pues es el país que más carbón consume en generación eléctrica y EEUU que no apoya el acuerdo de la cumbre de París- se está haciendo en España de forma un tanto desordenada.

Objetivos muy elevados

“España ha presentado unos objetivos muy elevados comparados con algunos países de la UE”, ha dicho, a la vez que ha recalcado: “Vayamos con cuidado con este liderazgo porque España no es tan relevante”. Además, ha recordado que la propia sensibilidad que muestra Europa no se traslada a otros países del Planeta. “Existen territorios donde es más barato contaminar. ¿Qué queremos del Planeta y de la gobernanza del mismo?”, se pregunta.

Brufau denuncia que donde se está produciendo el problema de los gases efecto invernadero es en China. El país asiático es quien más gases emite y quien seguirá emitiendo. La razón estriba en que el 67% de la electricidad que genera procede del carbón y el 50% de esas emisiones proceden de ese tipo de combustible. En las próximas décadas, será India el país que liderará las emisiones de CO2.

En el caso de la Unión Europea, actualmente hay 11 países que no están dispuestos a renunciar al carbón hasta 2030 y Alemania incluso va más más lejos aún: seguirá contando con el carbón hasta 2038. En España, en cambio, se ha acordado cerrar en 2025 todas las centrales de carbón nacional.

Brufau pone todo su énfasis en estas situaciones que se están generando a nivel mundial, cuando en España la guerra va por otra vía: en penalizar fiscalmente a las grandes industrias y al gasóleo. El Gobierno de Pedro Sánchez envió a principios de mayo a Bruselas el Programa de Estabilidad 2019-2020, en el que se prevé una subida global de impuestos de 5.620 millones de euros. En los mismos, se incluye elevar el precio del diésel unos 3,8 céntimos por litro.

Dicho gravamen no afectará a los profesionales del transporte pero, tanto en el Ejecutivo como en el propio PSOE, se estima que el gasóleo es altamente contaminante y hay que gravarlo con la idea de igualar el impuesto entre las gasolinas y los gasóleos.

Igualar la fiscalidad del gasóleo con la gasolina

En estos momentos, el litro de gasolina soporta un impuesto de unos 40,07 céntimos por litro y el del gasóleo 30,07 céntimos. Con el aumento que se pretende aplicar en 2020, el impuesto del diésel pasaría a 34,5 céntimos, con lo que restarían 5,57 céntimos hasta su equiparación.

Las petroleras se revolvieron en su momento contra el informe que el grupo de expertos para la Transición Energética realizó y que ha servido como documento base del Plan Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que el Gobierno en funciones ha enviado a Bruselas. Uno de las quejas que hicieron es que tenía un marcado “sesgo eléctrico” y muy poco favorable al sector de los hidrocarburos.

Para empezar, entienden que el origen de las emisiones que emiten los coches procede del motor y no del combustible que consumen. Por tanto, defienden que el problema no está ni en el gasóleo ni en las gasolinas sino en la antigüedad de los vehículos. La edad media del parque automovilístico español supera los 12 años y, según Anfac, cada año se venden en España unos 130.000 coches con más de 20 años. Actualmente, circulan por las carreteras españolas más de siete millones de coches con 10 años de vida.

La patronal petrolera AOP considera que “deben gravarse todas las emisiones de CO2, pero hay que buscar una neutralidad fiscal. Si vamos a una tributación pura, el motor que más consuma debería pagar más “, reclaman las empresas del sector

En este sentido, subrayan que “todo debe ser consistente con otros países de la Unión Europea” y que cada tecnología pague en función del CO2 que genera. “La imposición indirecta que soportan las gasolinas y los gasóleos están por encima de 200 euros por tonelada de CO2 y de lo que se habla es de una horquilla que está entre los 35 y los 50 euros por tonelada”. Desde la patronal petrolera, reclaman que “este tipo de mensajes se hagan con rigor”. Y añaden: “si se basase en un rigor de cambio climático, incluso habría que bajar la fiscalidad de los carburantes”.

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