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Cibercotizante, solución de futuro

El de­bate sobre el fu­turo de las pen­siones se ha si­tuado una vez más en pri­mera plana tras la ené­sima ad­ver­tencia del Banco de España sobre la ne­ce­sidad de re­formar el sis­tema. Un sis­tema pi­ra­midal abo­cado a la quiebra por el en­ve­je­ci­miento de la po­bla­ción y la cre­ciente es­pe­ranza de vida.

A estos factores se ha unido en los últimos tiempos un problema más a tener en cuenta: la automatización del trabajo.

La llegada de la tecnología está provocando una rápida sustitución de mano de obra no cualificada por máquinas, lo cual empieza a ser una seria amenaza para el empleo como para las pensiones.

Según una encuesta de World Economic Forum entre grandes multinacionales, de aquí a 2022 desaparecerán unos 75 millones de puestos de trabajo en el mundo por la incorporación de las máquinas al proceso de producción. Por el contrario, se espera la creación de 133 millones de nuevos puestos adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos.

Según la OCDE, en los próximos años el 12% de los empleos en España estarán en riesgo por la automatización, afectando sobre todo a los trabajadores con roles laborales menos cualificados y más físicos, aquellos más fáciles de sustituir por robots.

El desplazamiento masivo de trabajadores, tanto de su trabajo como de su profesión, supondrá una profunda grieta en los ingresos de la Seguridad Social si esos puestos no son sustituidos con la suficiente rapidez por la creación de empleos ligados a la tecnología.

Eso sin contar con la difícil adaptación de los antiguos perfiles a las nuevas profesiones que requerirán de una formación continua, dejando por el camino a millones de personas no solo desempleadas sino inempleables al enfrentarse una casi imposible reconversión laboral. Todo ello aumentará la presión por los salarios y contribuirá a ampliar la brecha social.

Este factor que se acaba de incorporar al juego abre una nueva vía de debate sobre si los robots deben cotizar y pagar impuestos para contribuir al bienestar social y frenar la desigualdad. Figura para la que expertos como José Joaquín Flechoso y Francisco Ginel han acuñado el término de “cibercotizante”.

En un reciente evento realizado por Xtrategas, asociación sin ánimo de lucro para el análisis del impacto tecnológico presidida para el periodista y divulgador Juan Zafra, ambos expertos han puesto en evidencia esta compleja situación cuya solución no solo requerirá de la voluntad política, sino que también necesitará de la colaboración social y empresarial.

Los modelos recaudatorios se fundamentan en los ciudadanos y una pérdida masiva de empleos por la implementación de autómatas pondría en serio peligro el sistema de Bienestar. Las previsiones, destacan Flechoso y Ginel, apuntan a que el impacto de la automatización de procesos en las empresas puede provocar un descenso de los ingresos impositivos en un 30%, lo cual significaría el recorte de algunos servicios básicos en un porcentaje equivalente.

Para evitarlo, destacan ambos expertos, será fundamental buscar de inmediato y de forma urgente ideas y soluciones imaginativas, ya sea vía impuestos al trabajo de las máquinas o por la propia reforma del sistema.

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