Monitor diario

Sólo tienen voz en la es­fera pú­blica las élites o aque­llos que son pro­duc­tivos

La nueva oligarquía feudal: sólo una élite tiene poder de decisión

La era del cambio ace­le­rado: lo que antes tar­daba 300 años en pro­du­cirse, ahora lleva sólo 30

Gráfico evolutivo de la clase media
Gráfico evolutivo de la clase media

Una oli­gar­quía feu­dal. Esta es la vi­sión de la so­ciedad ac­tual que acaba de acuñar el es­critor es­ta­dou­ni­dense Charles Hugh Smith. Vivimos en un mundo go­ber­nado por un re­du­cido grupo de in­di­vi­duos con poder para so­meter a sus normas al resto. En su so­bre­co­gedor aná­li­sis, Hugh ase­gura que “nuestro sis­tema es neo­feu­dal, porque las quienes no per­te­nezcan a las élites no tienen una voz real en la es­fera pú­blica y la pro­piedad del ca­pital pro­duc­tivo es in­di­rec­ta­mente su­pri­mida por el duo­polio es­ta­ta­l-­cor­po­ra­ti­vo”.

A lo largo de su obra, Hugh hace referencia al imperio romano y, después, al feudalismo como fórmulas de dominación que pervivieron durante siglos. Pero advierte sobre la aceleración actual de los cambios que ha llevado a que lo que en la antigüedad podía dilatarse hasta 300 años en desarrollarse, ahora apenas se prolonga durante 30 años.

Una segunda característica de las sociedades actuales es la lenta erosión del autogobierno y la propiedad del capital significativo y productivo. “Esta erosión gradual, casi imperceptible, es lo que llamo neofeudalismo, un proceso de transferencia de poder político y económico de los plebeyos a una nueva aristocracia / nobleza financiera”.

Las comparaciones históricas sobre el imperio romano o la degeneración del poder de los señores a lo largo del feudalismo, llevan al autor a plantearse una serie de cuestiones actuales. Hugh las aborda de una manera verdaderamente mordaz. Del poder centralizado de Roma de cientos de años se pasó a feudos con autoridad central, que fueron reemplazados por un feudalismo descentralizado.

En cualquier caso, el autor advierte que “se tardó varios cientos de años más allá del año 1000 después de Cristo para que la autoridad central se reafirmara en forma de monarquía, y varios cientos de años adicionales para que se establecieran los derechos de los comuneros”. La transición del feudalismo / monarquía a los sistemas mundiales de hoy se explica por fuerzas coincidentes, como las libertades religiosas, civiles y económicas.

Distintos capitales

El autor aprovecha su publicación “Las lecciones de Roma: Nuestra Oligarquía Neofeudal” para lanzar una serie de avisos para navegantes. “En una economía globalizada y financiera, el único capital que vale la pena poseer es el capital móvil, el capital que se puede desplazar mediante una pulsación de tecla, para evitar la devaluación u obtener un mayor rendimiento”.

Es una afirmación que encierra toda una filosofía, porque “la vivienda y las pensiones son capital cautivo, formas de capital que no son móviles, a menos que se liquiden antes de que ocurran crisis o expropiaciones.

El capital y la experiencia en el lanzamiento y crecimiento de una empresa legal es extraordinariamente alto, lo que, al menos en parte, supone el motivo por el cual una nación de agricultores, comerciantes, artesanos y autónomos es ahora una nación de empleados del Gobierno y grandes corporaciones.

Artículos relacionados