El mag­nate ruso se pliega fi­nal­mente a los tipos de in­terés im­puestos por los bancos

La banca gana: Fridman no es Carlos Slim ni DIA es FCC

Además, la am­plia­ción será por 600 mi­llo­nes, que era la pro­puesta de los ges­tores an­te­riores

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Tensar la cuerda con los bancos antes de tiempo suele tener un pre­cio. El mag­nate ruso Mijaíl Fridman ha aca­bado por ha­cerse el dueño de DIA, al igual que en su mo­mento el me­xi­cano Carlos Slim hizo lo propio con FCC. Pero las es­tra­te­gias han sido com­ple­ta­mente dis­tin­tas. Slim logró que la banca le hi­ciera quitas de deuda y re­dujo los tipos de in­te­rés. Fridman, que no ha que­rido ade­lantar di­nero hasta que los bancos re­fi­nan­ciaran los prés­ta­mos, tendrá que ras­carse más el bol­sillo en una am­plia­ción de ca­pital y pa­gará unos in­tereses más altos de los que pre­ten­día.

Cuando Carlos Slim comenzó su desembarco en FCC, allá por 2014, lo hizo de manera inversa a como lo ha acabado haciendo Mijaíl Fridman en DIA. Ambos han acabado convirtiéndose en dueños y señores de las dos empresas españolas (Slim controla el 81% de FCC y Fridman el 69,8% de DIA), en ambos casos han entrado en empresas españolas en grave peligro de irse al traste, pero la estrategia de relación con la banca acreedora, que al final es la que puede dinamitar la continuidad de la actividad, ha sido muy distinta.

Al principio, Slim comenzó como Fridman, entrando poco a poco sin llegar al límite de tener que lanzar una OPA. Pero el magnate mexicano hizo dos ampliaciones de capital antes de empezar a negociar con los bancos.

Precisamente aquellas inyecciones de fondos fueron pensadas para atender deudas que vencían y que FCC no podía pagar, como tampoco podía su mayor accionista hasta entonces, Esther Koplowitz. Con la primera ampliación (diciembre de 2014), la Koplowitz vio diluida su participación hasta quedarse en un exiguo 25,5% desde casi el 51% que tenía antes. Slim puso 650 millones de euros y se hizo socio de referencia.

En una segunda ampliación (diciembre de 2015), el magnate mexicano volvió a pedir a los accionistas 709 millones de euros para tapar agujeros de deuda financiera y en aquella ocasión le hizo un préstamo personal a Esther Koplowitz para que pudiera acudir a la operación y no viera diluida más su participación en la constructora.

Aún hoy conserva su participación y los derechos legales de voto, pero como las acciones están puestas en garantía del préstamo de Slim, este último tiene que apuntarse una posición de control indirecto sobre ellas, con lo que el empresario mexicano figura en los registros oficiales con un control del 81% de FCC aunque directamente tiene poco más del 61%.

Fue después de estas ampliaciones, y una tercera que le obligó ya a lanzar una OPA, cuando Slim comenzó a hablar con los bancos muy seriamente de la reestructuración de la deuda. Antes había puesto mucho dinero encima de la mesa para atender los pagos de la deuda mediante el aumento de recursos propios de la constructora. Y fue entonces cuando la banca aceptó quitas importantes de deuda pendiente (en algunos casos de más del 20%) y una revisión de las condiciones de los créditos.

Fridman, al revés

El magnate ruso que se ha hecho dueño de DIA ha lanzado la OPA antes que las ampliaciones. Primero invirtió 700 millones en hacerse con el 29,9% de la sociedad a través de compras en el mercado cuando las acciones aún tenían un precio razonable. Luego vinieron los cambios, los “profit warning” (avisos de que las cosas no van bien) y las acciones cayeron de 6 euros hasta los 0,62 euros que pagó en la OPA que fue liquidada en mayo y que le costó 170 millones para hacerse con casi un 40% adicional de la compañía.

Las disputas con el anterior consejo de administración de la cadena de supermercados provocaron un enfrentamiento abierto en la junta general de marzo pasado, cuando Fridman ofrecía ampliar capital en 500 millones si triunfaba su OPA y los bancos firmaban una refinanciación de la deuda, mientras que los anteriores gestores pedían una ampliación de 600 millones pactada con los bancos. Al final el magnate ruso se llevó el gato al agua y tras la OPA se hizo con el 69,8% del capital de DIA.

Tras esta operación, comenzó a negociar con los bancos la tan esperada refinanciación de la compañía, ya que las pérdidas declaradas en 2018 la habían dejado prácticamente en quiebra técnica y en causa de disolución por tener patrimonio neto negativo.

DIA no había dejado de atender las obligaciones de su deuda (pago de intereses y amortización del principal cuando tocaba), pero necesitaba más dinero. La mala situación del grupo y las pérdidas de 2018 habían puesto sobre aviso a los proveedores que pedían más celeridad en los pagos y amenazaban con romper el equilibrio de caja de la cadena de supermercados.

Los bancos lo sabían y Fridman siguió insistiendo hasta el final en tensar la cuerda. Es verdad que si DIA se iba a una suspensión de pagos o iniciaba un proceso de disolución la banca vería comprometida la recuperación de los 894 millones que les adeudaba el grupo. Pero no es menos cierto que si todo eso pasaba, el magnate ruso tampoco iba a recuperar los 870 millones que había puesto para hacerse con su flamante 69,8% del capital de la cadena de supermercados. Era, en lenguaje estadístico, un empate técnico.

Para que DIA siguiera funcionando con cierta normalidad Fridman necesitaba que los bancos pusieran 380 millones de euros de financiación mediante cuentas de crédito para hacer frente al desequilibrio de liquidez. La banca pedía un 7% de interés por esa nueva línea de préstamos y el magnate ruso no ofrecía más de un 5%. Llegó a amenazar con romper la baraja y no lanzar la ampliación de capital, con lo que el grupo caería irremisiblemente. Pero los negociadores de la banca no se dejaron arrastrar por el órdago y al final han ganado la batalla.

Dos tramos y 100 millones menos

Los bancos al final han otorgado a Fridman dos tramos de financiación adicional para gestionar la liquidez. Uno suma 200 millones y se denomina TL. El otro suma 80 millones y se llama “línea de proveedores”. El de 200 millones pagará un interés del 7% (el que querían los bancos desde el principio) y tiene vencimiento a tres años. El segundo, mucho más pequeño y ya dispuesto por DIA en casi su totalidad, pagará el 5%, que el que quería pagar el magnate ruso por el conjunto.

Además, como las necesidades de liquidez estaban fijadas en 380 millones y al final la banca sólo ha firmado 280 millones, resulta que Fridman ha tenido que aceptar, para tapar la brecha, subir de 500 a 600 millones el dinero a lograr mediante la ampliación de capital. Esa cifra (600 millones) era la que proponían sus opositores en la junta general, que ya habían hablado antes con los bancos para fijar la cifra.

El fondo de inversión controlado por el magnate ruso (LetterOne) ya se ha comprometido por escrito ante la banca y la CNMV a acudir a la ampliación en la proporción que le corresponda por sus acciones. Eso significa que va a tener que desembolsar 418,6 millones de euros como mínimo. Si la ampliación hubiera mantenido su cuantía inicial de 500 millones el desembolso de Fridman se habría quedado en al menos 348,8 millones. Y mientras la ampliación se convoca y se liquida, el fondo de inversión va a poner sobre la mesa hasta 490 millones de euros el préstamos participativos o créditos de liquidez para que DIA siga funcionando con normalidad. Este dinero lo recuperará en el momento de liquidar la ampliación, pero de momento tiene que adelantarlo. Tras esta apasionante batalla que tiene un claro ganador, el problema viene para los accionistas minoritarios que se han quedado en capital de DIA porque decidieron no acudir a la OPA y vender sus títulos a 0,67 euros.

A día de ayer (26 de junio de 2019) el precio de cierre de las acciones en la Bolsa era de 0,555 euros, con una pérdida acumulada de más del 90% de su valor en los últimos años. Si no acuden a la ampliación, esos minoritarios verán diluirse significativamente su participación, aunque alguno quizás haya pensado que mucho más bajo no puede caer y que a lo mejor merece la pena apuntarse y esperar a que el grupo se recupere para enjugar parte de las pérdidas. Todo se verá.

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