Los már­genes del ne­gocio hi­po­te­cario se­guirán bajo mí­nimos y los de­pó­sitos con­ge­lados

El BCE obliga a la banca a un ajuste duro al dejarla sin margen en hipotecas y depósitos

El mer­cado da por hecho que habrá tipos más bajos a final del año y pe­na­liza más al sector en bolsa

draghi
Mario Draghi, BCE.

Ni dos se­manas ha tar­dado Mario Draghi en con­vencer al mer­cado de que a final del año los tipos de de­pó­sito serán más bajos en la Eurozona. El 90% de los ana­listas prevé que a fi­nales de 2019 el tipo de de­pó­sito des­cen­derá aún más y no son pocos lo que creen que la de­ci­sión po­dría in­cluso ade­lan­tarse a la vuelta del ve­rano. Por lo tanto, el mer­cado ya está des­con­tado un es­ce­nario dan­tesco para la banca. En realidad lo lleva ha­ciendo desde hace bas­tantes me­ses.

Los bancos europeos sufrieron mucho en bolsa tras la intervención del presidente del BCE en Portugal. La institución está dispuesta a disparar con todas las armas disponibles para reactivar la inflación (el 1,2% de mayo es de nuevo deprimente), con alternativas que van desde una rebaja de los tipos hasta los programas de compra de deuda. Tanta persistencia en el mensaje deja poco lugar a las dudas: los bancos van a seguir sudando sangre durante mucho tiempo más.

Mientras aprovechan la ventana de liquidez abierta por el propio BCE en el mercado de deuda (Bankia colocó ayer 500 millones de euros en deuda sénior no preferente a cinco años con una demanda de más de 3.500 millones), los bancos se desangran en el parqué. "Estamos viendo un auténtico 'sell off' en fascículos en el sector financiero. Los fondos no dejan de aligerar sus carteras de acciones bancarias de forma gradual. De hecho la gran corrección ya se produjo en 2018", señalan fuerzas bursátiles.

Pero más allá de la casi sempiterna debilidad bursátil de la banca, las nuevas líneas de actuación anticipadas por Draghi obligan a la banca a un ajuste permanente. Las entidades que aún tienen capacidad para ajustar costes de forma significativa son las favoritas de los analistas, a la vista de que hay poco que rascar en los márgenes de un sector abocado al ajuste duro para combatir otra ronda de trimestres con el margen financiero estresado hasta el límite.

Por lo tanto, las entidades españolas tendrán que apurar al máximo las estrategias que han llevado a cabo durante la larga travesía del desierto a la que no se ve el final. Por un lado, seguirán reduciendo las rentabilidades de su cartera de productos de ahorro. Los movimientos de Openbank, que ha reducido el atractivo de sus cuentas de ahorro este mes, podrían ser replicados por otras entidades nacionales. Y el tipo de los depósitos seguirá bajo mínimos.

En estos momentos, la rentabilidad media de los depósitos a un año se sitúa en el 0,04%. Salvo sorpresa, seguirá anclada es estos niveles de auténtica subsistencia. Con excepciones como Bankinter, los grandes bancos españoles ya no ofrecen estos productos en sus oficinas. Su estatregia pasa desde hace muchos meses por vender fondos de inversión, donde siguen haciendo un gran esfuerzo comercial para mantener el alto nivel de comisiones percibidas.

El otro gran campo de batalla es el hipotecario. Las nuevas directrices de Draghi condenan al Euribor a nuevas caídas, al menos hasta final de año. Mientras, la banca se agarra a una oferta de préstamos muy potente para seguir captando clientes de máxima solvencia. Todo a cambio de poner a prueba sus márgenes, porque en estos momentos resulta casi imposible vaticinar cuándo empezarán a subir los tipos y los ingresos generados por el negocio hipotecario.

"Toca apretarse el cinturón e intentar potenciar la apuesta digital, donde los costes son mucho más bajos", señalan en fuentes de un sector financiero atado de pies y manos que tiene que seguir generando negocio en las peores cincunstancias posibles salvo en unos mercados de deuda abiertos de par en par. Alargar los vencimientos y el coste de la deuda es el único bálsamo mientras el negocio bancario puro está más amenazado que nunca.

Artículos relacionados