OPINIÓN

El precio del kilovatio, el marco regulatorio y las dudas sobre el cambio climático

Electricidad
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Un ar­tículo de Martín Gallego Málaga, ex se­cre­tario ge­neral de Energía con Carlos Solchaga, en el País Dominical con el tí­tulo “Cómo romper el ma­le­ficio ener­gé­ti­co”, no deja de ser una in­tere­sante pro­vo­ca­ción y un tema a con­si­de­rar. La ener­gía es muy cara en España pese a los bajos im­puesto mien­tras que el su­mi­nistro de ma­te­rias pri­mas, gas o pe­tró­leo, lo pa­gamos al mismo precio que cual­quier otro usuario del pla­neta.

El intríngulis es el marco regulatorio. Lo explicó divinamente hace años un ingeniero jubilado de una gran eléctrica en el programa Salvados. La reacción fue un tupido silencio y naturalmente seguimos sin ser salvados.

Las hidroeléctricas que pagan un canon reducidísimo por el uso del agua pública facturan la electricidad producida como si su fuente de energía fuesen el gas o el petróleo. Ahora bien, el meollo del problema del alto precio no es otro que el exceso de capacidad y la caridad que se ofrece a las eléctricas a través del marco regulatorio. Demasiadas centrales térmicas de gas o nucleares. Una capacidad excesiva cuya amortización corre a cargo del recibo de la luz.

Un excelente negocio financiero muy atractivo para los inversores. Altos dividendos del oligopolio mimado por el Estado. Tan mimado que no se ha resistido a indemnizar a los promotores del almacén subterráneo frente a Tarragona o enterrar el coste de las prospecciones de una hipotética bolsa de hidrocarburos cercanas a las Islas Canarias.

Es cierto que en España desde hace algo más de medio siglo desaparecieron los apagones pero la contrapartida es un precio de la luz eléctrica injustificadamente alto. Un buen negocio para fondos de inversión y otros actores financieros gracias todo ello al Marco Regulatorio.

Después del Acuerdo de París y pese al rechazo de chinos y norteamericanos de Trump, los partidos verdes avanzan a buen ritmo en Europa y en EEUU más de un 70% de simpatizantes republicanos, según una encuesta realizada por el Wall Street Journal, opinan que su partido “está fuera de la corriente principal conservacionista”.

Temores antes los desastres climatológicos, sequías, inundaciones, tornados y huracanes pero por otro lado el temor cotidiano y razonable por evitar los apagones o que la gasolina no llegue al surtidos a un precio asequible; rechazo a sustituir el automóvil por la bicicleta y el transporte pública. Los hábitos son los hábitos y la comodidad es la comodidad. Incluso el sabotaje en el Estrecho de Ormuz a los petroleros no se ha traducido en una subida del precio del barril que sigue anclado en la cota de los 60-62 dólares.

Un precio del petróleo estable a pesar de los recortes de Irán o los problemas de Venezuela. El principal motivo de esta estabilidad responde a que el incremento de la producción supera al del consumo. La razón principal está en la extracción de gas y petróleo de esas pizarras bituminosas abundantes en EEUU. La prosperidad energética del ciudadano consumidor no está amenazada por el precio de las energías contaminantes.

El incremento de las protestas ecologistas en Europa y EEUU choca con el actual modelo de suministro de energía. Trump rechaza el cambio climático. China e India siguen manteniendo, cuando no aumentando, su dependencia del carbón y en España el Marco Regulatorio tiene una aceptación unánime, pese a las quejas, desde Cádiz hasta el Cabo Creus o el Ferrol “del Caudillo”.

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