Algunos, como los de re­torno ab­so­luto, han ba­jado drás­ti­ca­mente el nú­mero de par­tí­cipes

No es oro todo lo que reluce en los fondos de inversión

Doce de los 23 grupos que se co­mer­cia­lizan en España re­gis­tran pér­didas a un año

fondos
Fondos de inversión.

El aviso del Banco Central Europeo de que los tipos de in­terés pueden se­guir ba­jando y que, cuando me­nos, no su­birán hasta la se­gunda mitad de 2020, ha puesto de moda otra vez la bús­queda de ins­tru­mentos en los que in­vertir los aho­rros sin perder di­nero y, si es po­si­ble, ga­nando algo. Los fondos de in­ver­sión han sido la al­ter­na­tiva pre­fe­rida por los bancos para unos clientes que han visto cómo los de­pó­sitos a plazo ya no dan nada. Pero cui­dado, no es oro todo lo que re­luce en los fondos y a pesar de los nom­bres que lucen al­gu­nos, la ren­ta­bi­lidad puede estar en en­tre­di­cho.

Con los últimos datos pormenorizados de las distintas categorías de fondos de inversión comercializados en España (a 30 de abril pasado), la rentabilidad a un año del conjunto de los fondos es negativa. Pero aquí, como en casi todo, las penas y las alegrías van por familias. Mientras que los que concentran su cartera de inversión en las bolsas de EEUU han ganado un 13,08% entre abril de 2018 y el mismo mes de 2019, los fondos que han apostado por la renta variable española han perdido un 4,54%.

En total, según la patronal del sector (Inverco), en España se comercializan 23 categorías de fondos de inversión, de los que 12 han registrado rentabilidades negativas entre abril de 2018 y el mismo mes de 2019, mientras que las ganancias de las otras 11 no han logrado empatar la partida y al final la rentabilidad media ponderada del sector de los fondos comercializados en España se ha quedado en el -0,02%. Pero hay cosas aún más dolorosas que ya comienzan a tener efectos en las salidas y entradas de partícipes en determinados fondos.

Una de esas cosas dolorosas ha sido la rentabilidad negativa cosechada por unos fondos comercializados bajo la denominación de “retorno absoluto”. Visto el nombre, parece que el riesgo es nulo. Pero no es así. La CNMV publica en su página web que este tipo de fondos “persiguen un objetivo de gestión, no garantizado, de rentabilidad y riesgo”. Y eso, ¿qué significa exactamente? Los expertos dan un paso más y señalan que lo que garantizan no es la rentabilidad, sino una menor volatilidad que otros más tradicionales.

Se trata, en definitiva, de unos fondos que exigen una gestión continua muy activa, para lograr que en ciclos de alta volatilidad de los mercados, como los que tenemos en Europa en los últimos dos años con las sombras del Brexit y Donald Trump acechando, el valor de la inversión se mueva lo menos posible. Pero ni el retorno de la cantidad invertida está garantizado, ni mucho menos una rentabilidad positiva. De hecho, entre abril de 2018 y el mismo mes de 2019, estos fondos de “retorno absoluto” han registrado una rentabilidad del -1,53%.

Y ¿cómo lo han visto los inversores? Pues parece que no muy bien. En los primeros cuatro meses de 2019, esta categoría de fondos ha perdido la friolera de 253.261 cuentas de partícipes. Y ello ha hecho que haya registrado una pérdida en el número de inversores del 26,71% en el primer cuatrimestre del año, cifra que se parece mucho al 26,38% de pérdida de partícipes acumulada en los doce meses que terminaron el 30 de abril pasado. Lógico. Si la menor volatilidad termina en pérdidas, la huida está casi garantizada.

Los garantizados

Esta, sin embargo, no ha sido la mayor huida de partícipes. Le gana por goleada el 47,34% de caída en el número de cuentas registrada en la categoría “garantía parcial”. Estos fondos garantizan a quienes entran en ellos un porcentaje de la inversión inicial (habitualmente el 95% de lo invertido) y prometen una posible rentabilidad consistente en un porcentaje de lo que gane algún índice bursátil o financiero. Por ejemplo, el 50% de la ganancia del Ibex 35 en un período determinado o el 40% de la revalorización del euro respecto al dólar.

Los inversores se enfrentan, además, a que este tipo de fondos tienen plazos muy determinados (habitualmente entre 3 y 5 años) durante los que salirse vendiendo las participaciones está sujeto a importantes comisiones. Es decir, que hay que olvidarse del dinero invertido durante la duración de la vida del fondo si no se quiere acabar con pérdidas, porque es muy común que las comisiones sean mayores que la rentabilidad acumulada si se decide abandonar el barco antes de tiempo.

Con estas condiciones, y asumiendo el riesgo de no percibir todo lo invertido al final del período, si la rentabilidad es muy baja, la huida también está casi garantizada. Y eso es esencialmente lo que le ha pasado a esta categoría de fondos, que terminaba 2016 con 38.683 partícipes y a 30 de abril último tenía 12.799 cuentas abiertas. En este escaso plazo de tiempo ha perdido más de dos terceras partes de los inversores. Lógico de nuevo.

La rentabilidad media ponderada de estos fondos a un año se queda en el 0,76%. A tres años sube al 1,64% y a cinco años se sitúa en el 1,36%

Si se mira cómo ha evolucionado el IPC en esos tres períodos, puede verse cómo a un año ha subido el 1,5%. En tres años lo ha hecho en un 5,2% y en cinco años ha crecido un 3,5% acumulado, porque hubo años de subida de precios negativa. Pero en total, estos fondos de garantía parcial han dado una rentabilidad real a sus partícipes (descontando la inflación acumulada) del -0,74% a un año, del -3,56% a tres años y del -2,14% a cinco años. Y eso después de asumir el riesgo de no recuperar el total de la inversión.

Gracias, Draghi

Demos un paso más con las cifras y veamos cuál ha sido la evolución de los fondos de inversión en los últimos años. Sólo antes de la crisis financiera, cuando el dinero parecía que manaba de debajo de las piedras, los fondos llegaron a 250.000 millones de patrimonio invertido en ellos. Concretamente, en 2006 alcanzaron los 254.322 millones de euros. Pero en aquellos tiempos los bancos necesitaban mucha liquidez para poder atender la cantidad de préstamos hipotecarios que daban en plena burbuja inmobiliaria. Y ¿qué hicieron? Pues pagar mucho por los depósitos.

Según los datos del conjunto del sistema bancario español recopilados por el Banco de España, en 2005 los bancos y cajas de ahorros pagaban en media el 2,3% anual por los depósitos a plazo a un año. A medida que se fue hinchando la burbuja inmobiliaria el precio fue creciendo y en 2007 se pagaba ya el 4,5%. En 2008 llegó la crisis, todo comenzó a desinflarse y ahora, con el Banco Central Europeo (BCE) manteniendo el tipo oficial del dinero en apenas un 0%, los bancos pagan de media no más del 0,04% por un depósito a plazo.

Todo esto, de lo que muchos analistas echan la culpa a Mario Draghi, presidente del BCE, por su política de tipos bajos, ha dado un impulso a los fondos de inversión como forma alternativa de inversión. Los bancos también han puesto su granito de arena vendiendo esos productos a sus clientes. Lo cierto es que en 2006 los depósitos a plazo de los hogares y familias suponían tres veces lo invertido en fondos. En 2012, ya con los tipos de interés en claro retroceso, la tortilla se había dado la vuelta y los fondos tenían 1,2 veces más dinero invertido que los depósitos a plazo. Al terminar 2018 la proporción era de 1,15 veces.

En cifras absolutas, el total de dinero invertido en fondos al terminar 2018 ascendía a 257.515 millones de euros, cifra sólo ligeramente superior a la de 2006, a pesar de que los depósitos a plazo han caído a menos de la mitad entre ambos ejercicios. Los fondos, pues, no acaban de cuajar ni siquiera con tipos bancarios extremadamente bajos. Y es que la rentabilidad que ofrecen, para el conjunto del sector, es aún menor que la inflación. Las cuentas de partícipes han crecido mucho: en 2006 había 8,2 millones y ahora son 10,7 millones. Pero la cantidad invertida por cada partícipe es menor, debido precisamente a que los fondos se han convertido en el aliviadero de la banca para seguir conservando clientes particulares sin pagar nada por los depósitos.

Artículos relacionados