MONITOR DE LATINOAMÉRICA

Al plan se han su­mado ya 19 países la­ti­noa­me­ri­ca­nos, entre ellos Chile y Perú

China juega fuerte en Latam con su plan ‘La Franja y la Ruta’

Pekín cau­tiva con su am­bi­ciosa ini­cia­tiva sobre in­fra­es­truc­turas y co­nec­ti­vidad

Estados Unidos y China
Estados Unidos y China

China, ya uno de los grandes in­ver­sores y so­cios co­mer­ciales de Latam y el prin­cipal pres­ta­mista, apuesta cada vez más fuerte por la re­gión, a la que quiere in­vo­lu­crar en su am­bi­cioso pro­yecto global de in­fra­es­truc­turas ‘La Franja y la Ruta’, sobre el que el Gobierno oriental or­ga­nizó a fines de abril un II Foro en Pekín en el que se ha apun­tado va­rios tan­tos, pese a las sus­pi­ca­cias y re­celos de EEUU, te­me­roso de un au­mento de la in­fluencia oriental en Latam, y de otros países desa­rro­lla­dos.

De momento 19 países de la región, la mayoría iberoamericanos, se han subido al carro del proyecto que lidera Pekín.

El proyecto de Nueva Ruta de la Seda, llamado también ‘La Franja y la Ruta’, ‘Una franja, una ruta’ o más en extenso, ‘Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI’ tiene como meta, como el antiguo itinerario, vincular China con Europa, Oriente Medio, África… y ahora también Latam. Busca conectar países a través de construcción de infraestructuras e impulso a los lazos comerciales, financieros y culturales. Propugna la promoción del libre comercio frente al proteccionismo, la integración financiera; la conectividad de infraestructuras; el fomento de la economía digital; un sistema financiero y un mercado de capitales diversificado e intercambios más estrechos. De facto, consiste en una dotación de fondos chinos para grandes proyectos de infraestructura a través del banco asiático AIIB, ‘brazo financiero’ del plan.

Pese a la advertencia de EEUU contra una creciente presencia china en el área, que tacha de “injerencia externa”, y de la prevención de los países ricos (del G-7 sólo se ha incorporado Italia), el multimillonario plan global de infraestructuras e inversiones promovido por Pekín desde 2013 e iniciativa estrella del presidente Xi gana adeptos, también en Latam. El plan cuenta con el escepticismo de Japón y Corea. Y de la UE, que espera a ver resultados antes de analizar la adhesión.

España, que recibió el pasado otoño la visita del presidente chino, y cuyo ministro de Exteriores Josep Borrell, asistió al II Foro en Pekín, no se ha sumado a la iniciativa y queda como socio para “proyectos puntuales”. Madrid reconoce el potencial de la iniciativa y se ha comprometido a explorar planes concretos sin asegurar su participación plena. De hecho, España, igual que Francia, Alemania o Reino Unido, ha avanzado que no firmará un acuerdo de ese tipo porque, aunque ve lo ve positivo y constructivo, quiere que la relación con China se enmarque en la iniciativa de conectividad europea y sea conforme a principios de sostenibilidad financiera, medioambiental o laboral. En Pekín, Borrell examinó la posibilidad de oportunidades para firmas españolas en terceros mercados.

Para sus detractores, no solo representa un audaz aumento de la influencia estratégica de China, sino una “trampa de endeudamiento” para los receptores que elevará su dependencia de Pekín. Por ello, en el II Foro, China trató de restar inquietudes y prometió garantizar la transparencia y la sostenibilidad comercial y fiscal de los proyectos. Según Xi, “habrá mecanismos de prevención para evitar que los países asociados se vean atrapados en deudas imposibles de afrontar”.

Al II Foro en Pekín asistieron 37 jefes de Estado y representantes de 150 países y entes internacionales (ONU y FMI entre ellas), y un millar de empresarios. La cumbre se cerró con acuerdos por 64.000 millones. El presidente chileno, Sebastián Piñera, único mandatario ‘latino’ presente, declaró que Chile aspira a ser ‘hub’ para las firmas chinas en Latam. China lleva más de una década como actor protagonista en la inversión en Latam, donde ha prestado 150.000 millones en 12 años. Es segundo socio comercial (los intercambios alcanzaron el récord de 307.400 millones en 2018) y tercer mayor inversor (el stock de IED en Latam habría superado 300.000 millones en 2018). Y el área es el séptimo mayor socio de Pekín. Se prevé que la Franja implique un billón de dólares en inversiones.

La iniciativa tiene el respaldo del BID, que la ve beneficiosa para el desarrollo de una región que tiene una amplia brecha en infraestructuras, y que ha tildado de “inspiración” para Latam. Y en Pekín el plan recibió el apoyo de Cepal, que juzga que facilita el cumplimiento de la Agenda 2030, “al situarla como elemento fundamental”, y la realización de los 17 ODS en Latam. Para su secretaria, Alicia Bárcena el plan permite “mayor integración, diálogo y multilateralismo”. Hasta ahora, 19 países del área han suscrito con China el memorando de entendimiento bilateral sobre cooperación para la ‘Franja y la Ruta’. Perú ha sido el último en incorporarse a este ambicioso plan. China, que se convirtió en 2018 en el mayor socio comercial de Perú, es también el primer ‘partner’ de Chile, Ecuador y Brasil. Y México es el segundo socio de China en Latinoamérica.

En la región, Panamá fue el primer país en firmar un acuerdo que ya proyecta una obra: el tren entre la capital y el occidente del país. China es, tras EEUU, el segundo usuario del Canal y el gran origen de las mercancías que se distribuyen desde la zona franca de Colón. Después se adhirieron Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba, El Salvador, República Dominicana, Costa Rica, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, Guyana y Surinam. México y Colombia sopesan sumarse y Brasil y Argentina se encuentran a la expectativa.

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