OPINIÓN

No es Frankenstein, es Junqueras

Puigdemont y Junqueras
Puigdemont y Junqueras

Tanto es­perar a Frankenstein pero el que se va a pre­sentar es Junqueras. Los nú­meros que sos­tienen la son­risa de Pedro Sánchez son ve­lei­do­sos. Hoy se hacen cá­balas sobre las po­si­bles com­bi­na­ciones elec­to­rales como si fuera un su­doko má­gico, pero al final apa­rece Junqueras. Porque El Conflicto no ha sa­lido de es­cena, sino que se ha com­pli­cado un po­quito más. Veamos.

Nadie puede discutir, con los resultados de Cataluña en la mano, que el independentismo catalán ha ganado posiciones en el Congreso de los Diputados y las formaciones constitucionalistas han retrocedido. Sin llegar a la situación del País Vasco, el separatismo catalán en alianza con la versión catalana de Podemos se convierte en la piedra angular del arco parlamentario sanchista. Y en el bloque independentista, Esquerra Republicana, el partido amigo del PSC, es la primera fuerza. Junqueras está al frente y, por el momento, en la cárcel.

Se podrá conjeturar que Sánchez podría llegar a acuerdos con Ciudadanos, como se pide insistentemente desde algunos sectores, pero ni Albert Rivera (57 escaños) se plantea ser su socio parlamentario, ni el socialismo catalán -tan influyente en el PSOE- se lo consentiría. La aritmética parlamentaria empuja a Sánchez (123) hacia Iglesias (42) Compromis (1) los nacionalistas canarios (2) y con el inefable Revilla (1). Total 169. Cuentan, desde luego, con el PNV (6) siempre dispuesto a sacar tajada y alcanzar el número mágico: 175, a un escaño de la mayoría absoluta.

Pero parece el cuento de la lechera. El conflicto catalán espera al próximo Gobierno sin que los partidos rebeldes hayan dado un paso atrás y con la capacidad de convocar elecciones en Cataluña en cuanto salga la sentencia. El victimismo es consustancial a los nacionalistas y una sentencia acorde con lo ocurrido en Cataluña en septiembre y octubre de 2017 dará material abundante a sus profesionales en agitación y propaganda, que no son malos en lo suyo y están bien financiados.

La solución, si es que existe, pasa por un acercamiento a Junqueras (15) cuya distancia de Puigdemont y Torra (7) es creciente. Evidentemente la operación es delicada con una oposición constitucionalista fuerte (149) en la que Vox (24) intentará tener una voz más alta que los demás. Que Junqueras ha sido el interlocutor preferido de Madrid lo sabemos desde que la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría se trasladó a Barcelona en busca de un diálogo con el líder de Esquerra en los meses previos a la rebelión.

La preferencia por Junqueras tiene su razón de ser en el extravío de la llamada derecha catalana que su día fue Convergencia. La herencia política de Pujol y Más –de las otras mejor no hablar-- la administran personajes tan extravagantes como Puigdemont y Torra que han sacado a la superficie el verdadero rostro del supremacismo nacionalista catalán. Un rostro feo que no es útil para el gradualismo separatista que encarna Junqueras. Una vez fracasado el golpe de opereta que intentaron, todo indica que habrá un reconversión en la línea sugerida por Iceta en sus declaraciones al periódico Berria. Ir despacio y sumando fuerzas. El PSC, padre del conflictivo estatuto de 2006 , cuando iba de la mano con Esquerra, ha recibido un fuerte apoyo en las elecciones. Consiguió 12 escaños y 400.000 votos más respecto a 2016, cuando se quedaron en 7 diputados. El tandem Iceta y Maritxel Batet es ya un poder fáctico en el PSOE.

La operación Junqueras –nada que ver con aquella fracasada Operación Roca- tendrá que esperar un poco hasta que se celebren a final de mes las elecciones municipales, europeas y autonómicas. La alcaldía de Barcelona a la que aspira Ernest Maragall, hermano del fue hombre clave en la deriva de Cataluña, será un buen referente. Maragall, ayer en el PSC y hoy en Esquerra, puede ser el anuncio de lo que vendrá. La fórmula maragalliana del federalismo asimétrico es el bálsamo de fierabrás con el que el socialismo quiere calmar las ansias independentistas catalanas y vascas. Poco parece para tanta ansiedad. Pero si sirve para acercar posiciones en sus respectivos objetivos, igual cuela.

A la derecha, el PP con sus 66 escaños, le espera una dura travesía del desierto. Que este sea más o menos largo es difícil de prever. La política es volátil. La historia, posiblemente, habría sido distinta si Susana Díaz no hubiera adelantado las elecciones autonómicas en Andalucía. Pensó que con Sánchez le iba a ir peor y se encontró sin presidencia y con Vox. Y ahí empezó todo.

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