BANCA

La guerra co­mer­cial aviva los te­mores de re­ce­sión, el mayor riesgo del sector ban­cario

Fusiones bancarias, entre el deseo y la realidad

La ex­ce­siva frag­men­ta­ción hace in­via­bles a al­gunas en­ti­dades en un es­ce­nario de tipos cero

Junta de accionistas de Bankia
Junta de accionistas de Bankia

El re­cru­de­ci­miento de la guerra co­mer­cial ha reavi­vado los te­mores a una nueva fase re­ce­siva en los pró­ximos meses y, con ello, las es­pe­cu­la­ciones sobre la ne­ce­sidad de un pro­ceso de con­cen­tra­ción ban­caria para ca­pear el tem­po­ral. Analistas, re­gu­la­dores y au­to­ri­dades fi­nan­cieras vienen aler­tando desde hace tiempo del pe­ligro que su­pone para el sis­tema en ge­neral y para la ren­ta­bi­lidad de las en­ti­dades en par­ti­cu­lar, la ex­ce­siva frag­men­ta­ción del sector eu­ro­peo.

La única solución pasa por crear grandes entidades intranacionales capaces de competir con los grandes bancos mundo y ejercer de pilar del mercado único.

Este sería el siguiente paso a dar tras el proceso de concentración vivido en Europa en la última década, con España como punta de lanza al pasar de 45 a apenas 13 entidades. Con todo, según las estimaciones de los expertos, en el mercado español no habría espacio real para más de seis o siete entidades. Algo similar ocurre en el resto de Europa. De ser así, habría todavía un amplio margen para el proceso de concentración y más con los tipos de interés por los suelos.

Sin embargo, el auténtico fiasco de los últimos intentos de fusión locales -Deutsche Bank/Commerbank y Unicaja/Liberbank- ha enfriado las expectativas de un movimiento no solo a nivel local sino también a un proceso transeuropeo de mayor alcance.

Poco a poco se han ido apaciguando así los rumores en torno a las posibles necesidades o interés de fusión de algunos bancos medianos como Bankia o Sabadell debido a la necesidad de crecer, ya sea de forma conjunta o con la adquisición de entidades más pequeñas, para solventar problemas estructurales. Las firmas financieras apuntan a la necesidad de contar con activos del orden de los 300.000 millones de euros para poder competir de forma óptima en España.

En el alero se encuentra también las aspiraciones del BBVA de buscar opciones interesantes en Europa. Los operadores creen que la entidad necesita comprar activos sólidos con el fin de rebajar su dependencia de México y Turquía, país que le ha generado fuertes quebraderos de cabeza en los últimos tiempos. Pero la situación está complicada.

Menos probable aún parece un posible movimiento por parte del Santander y más tras anunciar el despido del 15% de su plantilla y el cierre de más de un millar de oficinas tras la dura digestión que está suponiendo la reciente integración del Popular.

En el resto de los grandes países de Europa, las condiciones no parecen mucho mejores. La situación del sector en Italia parece muy delicada, en Alemania también se han enfriado las expectativas y la banca francesa tampoco parece en disposición de poder liderar un proceso transeuropeo. Pero quien dé el primer paso tendrá una clara ventaja y seguramente abrirá las puertas a nuevas operaciones en cadena.

Artículos relacionados