Su fu­sión, más allá de los nú­me­ros, se topa con las di­fe­ren­cias entre Medel y Franco

Fusiones: Unicaja, y en menor medida Ibercaja, sufren una merma de sus activos totales

En con­tra­po­si­ción, Liberbank logra un in­cre­mento del 3,5% hasta marzo

Liberbak
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El pre­visto mapa ban­cario de los pe­queños bancos creados desde los ci­mientos de las an­ti­guas cajas se ha com­pli­cado con la abor­tada fu­sión entre Unicaja y Liberbank. Los pro­yectos no muy es­truc­tu­rados tienen eso. Aunque la en­tidad de origen as­tu­riano se sitúa como el fa­ro­lillo rojo por re­sul­tados y ac­tivos to­tales al cierre del primer tri­mes­tre, los úl­timos se han in­cre­men­tado a di­fe­rencia de lo que ha ocu­rrido entre los otros dos bancos que po­drían fu­sio­narse, como es el caso de Ibercaja o Abanca.

Además, se suma el distanciamiento entre Braulio Medel y Amado Franco desde hace casi una década por el relevo en la presidencia de la CECA.

La nueva ronda de consolidación de la banca española se presume todo un encaje de bolillos, sobre todo después de que se haya dinamitado la fusión que negociaban desde hace meses Unicaja y Liberbank. El grupo presidido por Pedro Rivero y gestionado por Manuel Menéndez, parece el que queda en peor situación al situarse entre los pequeños bancos en la última posición por beneficios y activos totales.

No obstante, Liberbank también muestra algunas ventajas ante un posible enlace y pretendientes no le faltan, como ya demostró Abanca hace unos meses. El grupo creado por Cajastur ha logrado mejorar sus activos totales en un 3,54% durante el primer trimestre del año, hasta los 40.617 millones de euros. Además, su morosidad se ha reducido hasta el 4,5% y la solvencia CET1 fully loaded se eleva hasta el 12,5%.

En contraposición, Unicaja ha visto cómo sus activos totales han menguado en el primer trimestre un 1,89% respecto al cierre del pasado ejercicio, hasta situarse en los 56.411. Su morosidad aún se situaba al cierre de marzo en el 6,3%, mientras que la ratio de capital era del 13,3%.

A Ibercaja, su potencial compañero de baile para fusiones, tampoco le ha ido demasiado bien en el arranque del ejercicio, aunque haya logrado una considerable mejora de su beneficio que se vio lastrado en 2018 por el ERE pactado. El grupo con sede en Zaragoza ha sufrido una contracción del 0,86% de sus activos totales y se sitúa con la peor morosidad (6,7%) y la menor solvencia (10,8% de CET1 fully loaded) entre los bancos pequeños españoles.

Guerra de egos

Algunos analistas consideran que tras la fracasada fusión con Liberbank, la entidad más perjudicada es Unicaja, que debería acometer una considerable reducción de plantilla y sucursales tras haber integrado Banco CEIIS (creado a partir de la unión de Caja España y Caja Duero).

Esos mismos expertos apuntan que la salida más factible para la entidad presidida por Manuel Azuaga pasaría por una fusión con Ibercaja. Los dos grupos tienen que reducir el peso accionarial de sus respectivas fundaciones en el capital de los bancos. En el caso del grupo de origen aragonés también pesa el tiempo para su salida a Bolsa en 2020, cuando se cumple su actual plan estratégico.

Al margen del encaje industrial y estratégico, como suelen argumentar varios directivos bancarios al pronunciarse sobre posibles movimientos corporativos, la potencial fusión de Unicaja e Ibercaja podría toparse con algunos condicionantes que podrían ser claves para llegar a un acuerdo.

El presidente de la Fundación Unicaja, Braulio Medel, y el presidente de la Fundación Ibercaja, Amado Franco, ya mantuvieron un reñido pulso en abril de 2010, cuando se tuvo que elegir al nuevo presidente de la Confederación Española de Caja de Ahorros (CECA). Al final, el aún presidente de La Caixa, Isidro Fainé, fue el elegido para sustituir al emblemático Juan Ramón Quintás.

Aunque Amado Franco parecía el predilecto para asumir la presidencia de la patronal de las cajas, el entonces presidente de Ibercaja se quedó con la miel en los labios en la convulsa asamblea de las cajas de ahorros. Desde su entorno, incluso el más cercano, se apuntó a Braulio Medel, todavía presidente ejecutivo de Unicaja, como el culpable del resultado final para elegir al presidente de la CECA.

De aquel encontronazo ya ha pasado casi una década, pero algunos consideran que las heridas abiertas no han cicatrizado por completo. La negociación de peso en la entidad resultante de la fusión de Unicaja y Ibercaja podría ser aún más compleja que la vivida en la que se pactaba con Liberbank, en la que la posición de Medel se considera algo más que contundente para su ruptura.

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