El 60% de las pér­didas his­tó­ricas del tri­mestre se deben a apuntes con­ta­bles

El descrédito financiero resta un 11% de margen comercial a las tiendas de DIA

Los pro­vee­dores aprietan porque no se fían de poder co­brar sus fac­turas

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Las cuentas de DIA no son bue­nas, eso es in­ne­ga­ble. Los pro­vee­dores no se fían y es­tre­chan el mar­gen. Pero tam­poco son, de mo­mento, una tra­gedia griega. El primer tri­mestre de 2019 ha arro­jado unas pér­didas his­tó­ricas (144,4 mi­llones de eu­ros), aunque parte de ese lastre se debe a apuntes con­ta­bles que nada tienen que ver con la ac­ti­vidad co­mer­cial del grupo y que se co­rre­girán en los pró­ximos ejer­ci­cios. De he­cho, el mer­cado las re­cibió con más des­con­fianza, y la co­ti­za­ción cayó un 6,63% hasta si­tuarse en 0,63 eu­ros.

La entrada en vigor de la nueva norma internacional de contabilidad de arrendamientos (la IFRS16) es la culpable del 60% de las pérdidas declaradas en los tres primeros meses del año.

Comenzando por el principio, por el margen comercial, también es innegable que el descrédito financiero en el que ha caído el grupo afecta a la actividad comercial. Las ventas netas del grupo han pasado de 1.793 millones en el primer trimestre de 2018 a 1.664,6 millones en el mismo período de 2019. El descenso ha sido de 128 millones.

El coste de las mercancías puestas a la venta ha pasado de 1.404 a 1.317,7 millones, con un descenso de 86,3 millones. Eso quiere decir que mientras otras cadenas como Mercadona incrementan margen exprimiendo a los proveedores (ver Capitalmadrid de 14 de marzo de 2019), en DIA es al revés. Y la culpa la tiene la pérdida de confianza.

El propio grupo reconoce en el documento enviado a la CNMV para explicar sus cuentas que “la publicación de las cuentas anuales de la compañía el 8 de febrero de 2019 mostrando un patrimonio neto negativo y desencadenando una amenaza de disolución en el corto plazo, junto con otros factores como: vencimientos de deuda cercanos y riesgo de refinanciación, incertidumbre sobre el resultado de la, por aquel entonces, próxima Junta General de Accionistas llevada a cabo el 20 de marzo de 2019, comentarios de las agencias de rating y el ruido general provocado por las noticias, llevaron a una percepción pública negativa de la compañía que, amplificada con fuertes decisiones de reducción de riesgo tomadas por compañías de seguros comerciales en ese momento, resultaron en un endurecimiento de las condiciones de proveedores que comenzaron a impactar negativamente en la cadena de suministro, conduciendo a un sustancial incremento de los niveles de faltas de producto en nuestras tiendas y almacenes, lo que en última instancia se tradujo en menores ventas”.

En otras palabras. Que algunos proveedores optaron por dejar de servir a DIA en las mismas condiciones que antes y se produjo un cierto desabastecimiento. Pero aún hay más. Cuando el grupo explica la variación de su capital circulante señala textualmente que “el valor de acreedores comerciales y otros descendió un 14,8%, desde 1.442 millones hasta 1.229 millones de euros. Este descenso de 213,3 millones se relaciona con las desafiantes condiciones de negocio anteriormente mencionadas en el último período, que resultaron en unos sustancialmente menores períodos de pago medio a proveedores”. O lo que es lo mismo, que muchos de quienes venden productos a DIA quieren cobrar antes por si acaso.

El efecto real de todo esto es que el margen comercial bruto del grupo ha pasado de 388,9 a 346,9 millones de euros comparando los primeros trimestres de 2018 y 2019. La diferencia de 42 millones de euros significa que DIA ha perdido por el camino, por culpa del descrédito financiero, un 11% de la rentabilidad bruta de sus tiendas. Eso, según señala la empresa, podría cambiar en los próximos meses si el plan de refinanciación de la deuda y el restablecimiento del equilibrio patrimonial del grupo terminan con éxito. La fecha clave ahora, al margen de consideraciones legales, es el 31 de mayo próximo, que es la fecha límite que han puesto los bancos para firmar el pacto.

Apuntes contables

Tampoco conviene engañarse cuando se observa cómo todo esto afecta a las cuentas futuras de DIA. La deuda financiera neta del grupo ha aumentado entre el 31 de marzo de 2018 y la misma fecha de 2019 en 250,6 millones de euros (ha pasado de 1451,6 a 1.702,2 millones de euros). Mas de cien millones de euros provienen del descenso en el capital circulante. Es decir, que como DIA ha tenido que renunciar a una parte de su financiación histórica por los plazos de pagos a proveedores, ha tenido que tirar de cuentas de crédito para mantener la actividad ordinaria diaria.

En las cuentas oficiales, la deuda financiera aparece, sin embargo, mucho más hinchada. La cifra que figura en el balance consolidado es de 2.377,7 millones de euros. Pero de esa cantidad, un total de 675,5 millones de euros corresponden a la aplicación desde el 1 de enero de este año la famosa IFRS16, que obliga a reconocer contablemente como deuda los pagos futuros por el alquiler que se paga por los locales que se utilizan en régimen de arrendamiento. Del mismo modo, y por el lado contrario, en el balance del grupo a 31 de marzo último el activo aparece también hinchado.

En condiciones normales, el activo no corriente (el duradero) de DIA habría tenido que descender en 33,6 millones de euros en estos últimos doce meses (de marzo de 2018 al mismo mes de 2019), y sin embargo ha aumentado en 636,4 millones. Esto proviene de que la norma IFRS16, además de obligar a contabilizar como pasivo (deuda) el pago previsto en los contratos de alquiler, también obliga a contar como activo el derecho de uso de los locales en los que se ejerce la actividad empresarial como arrendatario.

Mucho alquiler

Todas estas cifras son tan abultadas porque el grupo DIA tiene abiertas casi 6.100 tiendas en España (3.489), Portugal (551), Argentina (936) y Brasil (1.118), de las que 2.490 son propias y las casi 3.700 que restan funcionan bajo el régimen de franquicia. Para poder abrir cada día tiene suscritos, según datos del propio grupo, cerca de 3.200 contratos de alquiler con los propietarios de locales que utiliza como tiendas o almacenes. Por todos ellos, el año 2018 desembolsó 168,8 millones de euros, que están contabilizados en el capítulo de “otros gastos de explotación”. Sin embargo, la IFRS16 ha trastocado las cifras en 2019.

Aparte de su reconocimiento en el balance, los posibles ajustes entre el valor razonable de los activos (derechos de uso) y lo que se reconoce como deuda (pagos futuros) tiene alguna discrepancia, esto se resuelve mediante la inclusión de los correspondientes apuntes contables en la cuenta de resultados. El efecto de estos ajustes en el primer trimestre de 2019 ha ascendido a 19 millones de euros que han hinchado el capítulo costes financieros y otros 66.7 millones que se han apuntado en amortizaciones y depreciaciones de activo.

Sumando ambas cantidades, las pérdidas del primer trimestre habrían quedado en 58,7 millones de euros. La cifra es importante, pero está muy lejos de los 144,4 millones declarados en las cuentas. Al final, cerca del 60% de las pérdidas oficiales se deben a la necesidad de incluir apuntes contables por las nuevas normas internacionales de contabilización de los contratos de alquiler. Y esto, que en cualquier otra compañía no dejaría de ser una anécdota contable más, en el caso de DIA no lo es. Las pérdidas oficiales suman más patrimonio negativo al grupo e incrementan en la misma medida las necesidades de capital nuevo para revertir su situación de empresa en causa de disolución.

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