Arranca la ne­go­cia­ción del con­venio entre los EREs de CaixaBank y Santander

La banca se atrinchera ante los frentes de supervisión y sindical

Las ma­yores exi­gen­cias de ca­pital en­ra­recen el am­biente en el sector

José María Roldan (AEB)
José María Roldan (AEB)

Las cú­pulas de los bancos y sus res­pec­tivas pa­tro­na­les, AEB y CECA sobre todo, tratan de man­te­nerse en pie y no echarse cuerpo a tierra ante el fuego cru­zado que les so­bre­vuela. Por un lado, el arranque de la ne­go­cia­ción del con­venio co­lec­tivo (un año más, di­fe­rente entre bancos y las en­ti­dades creadas de las des­apa­re­cidas cajas de aho­rros) arranca en medio de dos ajustes im­por­tantes de plan­tilla en Santander y CaixaBank. Desde el otro frente, el de los su­per­vi­so­res, ya ha puesto en pie de guerra al sector por las ma­yores exi­gen­cias de ca­pi­tal.

Mayo no ha llegado al sector financiero, precisamente, con su tradicionales flores, pero sí con un incremento de la temperatura de disputa en dos frentes distintos. El inicio de los distintos convenios colectivos entre los distintos sectores coincide con el cierre parcial que ha pactado la cúpula de CaixaBank con la mayoría sindical pero con la oposición del principal sindicato, Comisiones Obreras (CCOO).

Además, el Santander retoma en estos días la negociación de su ajuste de plantilla por la integración del Banco Popular. Tras el primer encuentro celebrado la semana pasada, las cifras y las condiciones de este proceso ya deberán ponerse encima de la mesa, aunque el consejero delegado del grupo, José Antonio Álvarez, mostró su confianza a finales de abril, durante la presentación de los resultados del primer trimestre, de que "las negociaciones vayan bien".

Otra cuestión es cómo discurra el entendimiento en la mesa colectiva del convenio de la banca. El máximo responsable de CCOO en el sector, José María Martínez, ya vaticinaba hace meses que "nos vendrán con que los márgenes están mal" por la presión de unos tipos a cero o en negativo y sin visos a corto plazo de que suban por parte del Banco Central Europeo (BCE). La sospecha sindical son más ajustes.

El registro horario, que acaba de entrar en vigor desde esta semana, puede ser uno los asuntos más espinosos. Cada vez más, los distintos bancos han apostado por unos modelos de oficinas distintos, más grandes y con más personal, a la vez de ofrecer un horario vespertino ampliado para sus clientes.

La mayoría de los responsables de la banca española han apostado por esa ampliación de horarios de atención a los clientes para aquellos que opten por acudir a las sucursales en horario vespertino en búsqueda de una atención personalizada para operaciones de mayor valor añadido (es decir, más ventas de productos y no para movimientos transacionales que se derivan a otros canales alternativos).

Rebelión

Tanto los bancos pertenecientes a la Asociación Española de Banca (AEB) como aquellos adheridos a la Confederación Española de Cajas de Ahorros CECA) podrán capear en mejor o menor medida el frente sindical en la negociación que ahora se ha abierto. Algo distinto es el otro frente abierto con los supervisores.

La subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, añadió más leña al fuego de los requisitos de capital que el BCE impone al conjunto de la banca europea. Según Delgado, los bancos españoles se han convertido en "el farolillo rojo" por solvencia de la banca europea.

El presidente de la AEB, José María Roldán, ya criticó ese diagnóstico y, sin decir el "contradiós" como acostumbra, advirtió de que los mayores requerimientos de capital van a contraer la concesión de crédito. El director general de la CECA, José María Méndez, fijaba hace unos días que el principal reto del sector es el envenenado binomio de rentabilidad y regulación.

Más explícito, pero desde el anonimato pedido, uno de los altos directivos de la banca española describía la situación de manera más gráfica. "Siempre se dice que sorber y soplar no se puede. Pero menos que podamos otorgar créditos si nos atan una mano a la espalda y nos obligan a hacer el pino", razonaba.

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