ANÁLISIS

La reñida batalla electoral por Barcelona condicionará la política catalana

Los Comuns y ERC lu­chan por el con­trol del ayun­ta­miento de Barcelona des­pla­zando otras op­ciones

Oriol Junqueras de ERC
Oriol Junqueras de ERC

En la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, las fa­chadas del Palau de la Generalitat y del Ayuntamiento están frente a frente. Si en la Generalitat sigue go­ber­nando la coa­li­ción Junts per Catalunya y ERC, en el Ayuntamiento manda, en mi­no­ría, el equipo de los Comuns.

Sin embargo, en las elecciones municipales del próximo día 26 de mayo, la pugna por el control municipal está muy reñido entre la actual alcaldesa Ada Colau, de Barcelona en Comú, y Ernest Maragall, de ERC, a quien varias encuestas dan como posible vencedor con una horquilla de 11 a 13 regidores. Otras, como la última del CIS, dan un empate técnico entre ambas formaciones, entre 9 y 11 en cada bando.

Siguen detrás, a bastante distancia, PSC, 6/7: Barcelona pel Canvi-Ciudadanos (Manuel Valls, ex primer ministro de Francia), con 5/6, PDCat-JxCat, entre 2/3, PP, entre 2/3 y CUP, con 2.

La “Batalla de Barcelona”, en términos electorales, se libra entre comunes y republicanos que, en cualquier caso, deberán gobernar en coalición. Pero, el núcleo de la lucha está por quien liderará el ayuntamiento de la capital, en un panorama global catalán donde se prevé –como ocurrió en las pasadas legislativas– que el mapa se tiña del color amarillo característico de Esquerra Republicana de Catalunya.

El partido bisagra será el PSC, que lidera Jaume Collboni, que podría dar apoyo a los Comunes, siguiendo el ejemplo de lo que se vislumbra en la formación del próximo gobierno del presidente Pedro Sánchez. Y, en caso de ganar ERC, con Ernest Maragall .-hermano de quien fue el popular ex alcalde de Barcelona y ex president de la Generalitat del tripartido, Pasqual Maragall- contaría con el apoyo de los demás partidos pro-independentistas, integrados en las formaciones de la ex Convergència, en horas bajas a la hora de captar votos y, quizás, de la errática CUP, que va de por libre.

Si Ernest Maragall acaba siendo alcalde de Barcelona, a ERC solo le faltará esperar la convocación de elecciones autonómicas anticipadas, que podrían llegar en otoño, para que la Generalitat tenga con toda probabilidad también un presidente republicano. De ser así, los dos inquilinos de la plaza de Sant Jaume serían del mismo color político, como ya sucedió en aquellos tiempos felices de Convergencia, cuando el president era Artur Mas y el alcalde Xavier Trias.

Y, como espectadores políticos, al margen del PSC, que todo parece indicar que aguantara el tipo, la oposición puede quedar en el reducto de Ciudadanos, cuya operación Manuel Valls parece lejos de dar los resultados esperados, y de un Partido Popular cada vez más residual en toda Cataluña.

Es un hecho, por ejemplo, qué en muchos municipios catalanes, los populares han tenido dificultades para poder presentar candidaturas. Así está el panorama cara al 26 de mayo, en versión municipales, donde la lucha en Cataluña, está en la batalla por Barcelona.

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