CORRUPCIÓN

Dimitido o no, FG acude cada día a su despacho en la Fundación BBVA

Carlos Torres per­mite que su an­te­cesor man­tenga todos sus pre­bendas como pre­si­dente de Honor

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Fundación BBVA.

Forzado por los fondos ac­cio­nistas y ante la even­tua­lidad de una junta de ac­cio­nistas más que mo­vida y tensa, el pre­si­dente del BBVA Carlos Torres con­si­guió la di­mi­sión tem­poral y 'en di­fe­rido' de su an­te­cesor y men­tor, Francisco González, como pre­si­dente de honor y de la Fundación BBVA. Intento inú­til: FG sigue acu­diendo todos los días a su des­pa­cho, mañana y tarde, en el paseo de Recoletos de Madrid.

En el seno del BBVA no dan crédito a lo que ven todos los días. Instalado y conducido por un chófer del propio banco, Francisco González llega todos los días y campea por las instalaciones del BBVA como Pedro por su casa. Dicen que acude para llevarse las cosas a su casa, pero el argumento no tiene sentido. Francisco González, aunque dimitido provisionalmente, ya no es presidente de honor y menos presidente de la Fundación. Pero él no se lo cree.

Los servicios jurídicos no se atreven a dar una opinión de las implicaciones legales de lo que hace el que fuera presidente del BBVA por casi 20 años. Han reclamado una opinión superior pero aseguran, desde dentro del banco, que Carlos Torres mira hacia otro lado. Y debe tener sus razones.

Porque, aseguran, lo que FG tiene en su poder es una auténtica biblioteca, muy ordenada y encriptada, tan encriptada como la documentación que el juez de la Audiencia Nacional que investiga el caso, García Castellón, ha recibido del BBVA sobre el espionaje encargado al ex comisario Villarejo, en prisión preventiva por los trabajos de seguimientos supuestamente ilegales relacionados con diferentes casos judiciales.

En la Audiencia Nacional no dan credibilidad a lo que les ha llegado procedente del edificio de la Vela de Alcobendas, sede (no social) del banco que aún lleva nombre bilbaíno. No pueden leer la documentación remitida sobre los resultados de la investigación interna que el BBVA ha abierto y que desde hace casi nueve meses realiza el Despacho Garrigues y desde enero Uría y Menéndez y la firma auditora PWC. Más de 150 técnicos de las tres respetadas firmas no dan con la clave.

Creen que es una broma de mal gusto, pero no lo es. En el BBVA reclaman, además, que sea el juzgado quien solicite a los servicios de inteligencia de EEUU e Israel la eventual desencriptación de los documentos, apenas un 20% de los que dice que estudia el banco, y cuya puesta en ese estado atribuyen a sus servicios de seguridad o del propio Villarejo.

Aseguran algunas fuentes que el BBVA juega de farol esperando que el tiempo y el olvido se lleve el caso por delante. No deja de ser una posibilidad pero en EEUU la SEC, mucho más experimentada en estas cosas que la CNMV española, ha abierto una especie de diligencias previas sobre la información que el propio BBVA tuvo que remitir al supervisor norteamericano por la presión de los fondos accionistas. Veremos que sucede...

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