Monitor de Latinoamérica

La crisis en­fría el in­terés em­pre­sa­rial, pese al res­paldo ofi­cial de España al país

Inversiones en Argentina: el entusiasmo deja paso a la cautela

La ce­le­bra­ción de pre­si­den­ciales en oc­tubre añade in­cer­ti­dumbre a la si­tua­ción

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Mauricio-Macri, pte. de Argentina.

Aunque el com­pro­miso de España con Argentina sigue ple­na­mente vi­gente, como re­marcó el rey Felipe VI en su re­ciente vi­sita al país, la apuesta de las em­presas es­pañolas por el país ha per­dido fuelle desde la crisis del peso de 2018 y el re­curso al apoyo fi­nan­ciero del FMI. La re­ce­sión de Argentina el año pa­sado y la pre­vi­sión de que el PIB vuelva a caer en 2019 están lle­vando a las firmas es­pañolas a una po­si­ción de ‘wait and see’ y a no mover ficha de mo­mento en lo que se re­fiere a elevar su pre­sencia en el país.

Y a estas incertidumbres y a la preocupación por la estabilidad de las reglas de juego y por el alza del dólar se suma la de la celebración de presidenciales el próximo octubre, con la eventualidad de que el ‘kirchneismo’ pudiera volver al poder. La semana pasada, el presidente Macri tuvo que defender la política monetaria argentina ante un nuevo derrumbe del peso, que en marzo cedió un 10,75% y acumula una caída del 14,12% en 2019 frente al dólar, a pesar de las medidas adoptadas y del ajuste pactado con el FMI para contener la crisis.

En su visita a Argentina la semana pasada, Felipe VI dejó claro ante el presidente Macri que “España ha apostado siempre por Argentina, incluso en las coyunturas más difíciles, y va a seguir haciéndolo”. No en vano España es el segundo inversor tras EEUU, con más de 300 firmas en el país, que generan cerca de 100.000 empleos. Y uno de los diez principales socios comerciales: más de 6.000 firmas españolas exportan a Argentina por más de 1.200 millones. Pero el propio monarca, tras destacar la “extraordinaria importancia” de la relación económica España-Argentina, expresar el apoyo a las reformas en marcha y vaticinar un futuro con “más oportunidades para fortalecer los intercambios e inversiones”, también admitió que “corren tiempos difíciles”.

El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, presente en la visita real, también fue realista sin querer ser sombrío. En una entrevista con ‘Clarín’, convino en que la situación no es la misma que hace dos años, que inflación y tipos de interés están afectando y que el momento es “malo”, si bien instó a confiar en la recuperación de un país en el que “las empresas españolas son ya argentinas porque llevan años y con vocación de permanencia”. Eso sí, pidió más reformas, especialmente laborales y esfuerzos de digitalización/innovación para garantizar la competitividad de los sectores tradicionales. “Es fundamental que la economía trabaje en libertad y para ello se necesita reformar”, indicó.

Aunque el FMI juzga que la economía argentina habría tocado fondo a fines de 2018 y recobrará pulso a mitad 2019, también otea otro año de caída (-1,6%, tras un -2,6% de 2018), previsión que la Cepal amplía al -1,8%. Según este organismo las secuelas de la crisis cambiaria y las exigencias de austeridad fiscal fijadas por el acuerdo con el Fondo no permiten el optimismo. Para la Cepal, la caída del PIB en 2018 respondió a la fuerte devaluación del peso, el alza de intereses, el alza de la inflación y el deterioro de las rentas familiares.

La OCDE, que acaba de recomendar a Buenos Aires 16 reformas para comenzar a salir de la recesión, también prevé que en 2019 Argentina comience a salir de su “profunda recesión”, pero pronostica una caída del PIB del 1,5%, con una inflación del 34%, antes de crecer el 2,3% en 2020. El organismo aboga por más reformas para restaurar la confianza, crear fundamentos macro sólidos y asegurar que un crecimiento sostenible, con especial hincapié en extender el seguro de paro pactado en la construcción a toda la economía; reducir la indemnización por despido; priorizar el recorte de gasto en la reducción del déficit; ampliar la base del IVA; reforzar la independencia del banco central y reducir barreras a la iniciativa empresarial.

Así las cosas, y pese al apoyo oficial, las firmas españolas se muestran prudentes. Según el último ‘Panorama de Inversión Española en Iberoamérica’, su percepción sobre Argentina no es buena: el país, que en 2018 ocupó la octava mejor posición en expectativas económicas, se ha derrumbado por la crisis cambiaria y baja a la penúltima posición, solo por delante de Venezuela. Argentina es, además, uno de los 7 países donde las empresas no prevén elevar su inversión este año. Los inversores tienen presente que en el país se detectan dos riesgos que inquietan: desaceleración y turbulencias cambiarias.

El fin del ‘kirchnerismo’, bajo el que las firmas tuvieron choques con la Administración y en el que la inversión bajó por falta de garantías, por arbitrariedades y por políticas que no ayudaban al entorno empresarial, y la llegada de Macri en 2015 generaron amplias expectativas en España. Expectativas que se fueron desinflando tras un inicio alentador. Especialmente por la nueva crisis del peso de 2018, que obligó a subir tipos y a pedir rescate financiero al FMI (casi 60.000 millones). Ello, junto a la persistencia de una alta inflación, enfrío la inversión española, en modo ‘cautela’ desde hace meses, a pesar de la puesta en marcha de un potente plan inversor en infraestructuras.

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