Debe haber em­pleados que de­puren las con­clu­siones a las que lle­guen los ro­bots

La guerra de los mundos en versión bancaria

El Banco de España exige pro­tec­ción al cliente si se uti­liza la in­te­li­gencia ar­ti­fi­cial en pro­cesos fi­nan­cieros

Inteligencia artificial.
Inteligencia artificial.

El Banco de España planta cara a la ro­bo­ti­za­ción de la banca. La má­xima au­to­ridad mo­ne­taria es­pañola ad­vierte de los riesgos que pre­senta el hecho de que de­ter­mi­nadas ta­reas ban­ca­rias se con­fíen a la in­te­li­gencia ar­ti­fi­cial. En un re­ciente in­forme, alerta sobre “riesgos y li­mi­ta­ciones que es ne­ce­sario co­nocer y ges­tio­nar”. Pero, ¿es cierto? ¿Está pro­te­gido el cliente con solo esa ad­ver­ten­cia?

La alerta coincide en un momento en que Europa se ha quedado claramente descolgada de la modernidad: mientras en América del Norte las inversiones en inteligencia artificial se sitúan en los 12.000 millones de euros o en Asia alcanzan los 6.500 millones, las empresas europeas apenas han destinado 3.500 millones de euros, lo que las ha alejado en la carrera por el futuro.

El Banco de España aconseja en su informe “utilizar las herramientas de inteligencia artificial de manera complementaria (no sustitutiva) a las técnicas tradicionales”. El supervisor bancario indica que “no se trata de aceptar sin más los resultados que proporcionan los algoritmos de un modo automático, sino de utilizarlos como parte de un proceso de reforzamiento y de validación de las decisiones”. La “guerra de los mundos” ya se ha iniciado en banca.

La autoridad bancaria española reconoce las ventajas de la utilización de herramientas de inteligencia artificial en el sector. Los denominados chatbot y asistentes virtuales, con los que los usuarios pueden resolver sus dudas habituales, y la personalización de productos y servicios finales, mediante los que las entidades ofrecen experiencia personalizada sobre la información que obtienen de los clientes, constituyen dos ámbitos sobre los que la inteligencia artificial aporta una ventaja competitiva.

Un abanico de procesos al alcance de estos “robots” informáticos que se extiende a tareas como el control del blanqueo de capitales, la calificación crediticia en inversión en bonos o el propio cumplimiento regulatorio, que resulta tan importante después de la última crisis financiera mundial.

Plantar cara

Pero la inteligencia artificial, los “robots” que tantos puestos de trabajo están destruyendo en otros sectores de la actividad productiva, no parece que haya escogido el rumbo adecuado para sustituir al hombre en la banca. Así lo asegura la autoridad monetaria española cuando advierte que los resultados ofrecidos por estos cerebros electrónicos podrían presentar sesgos no intencionados que pueden tener su origen en los datos o en el modo en el que se entrena el algoritmo. El Banco de España alerta también de que “pueden producirse sesgos no deseados por el modo en que se diseña o funciona el algoritmo” utilizado para automatizar determinadas tareas.

Tiene que haber personal de carne y hueso detrás de la inteligencia artificial para minimizar los riesgos de que estos “robots” adquieran demasiado poder y lleven a las entidades al desastre. Como en los filmes de ciencia ficción….

Así lo especifica el estudio del Banco de España, cuando señala que entre los riesgos que presentan estos avances se encuentra el de concentración que propicia el avance de la inteligencia artificial, “al requerir la acumulación de un gran volumen de datos y de importantes recursos para desarrollar este tipo de herramientas”.

Y ahí no acaba la cosa, porque también existe un riesgo sistémico, “una dependencia significativa de las herramientas y de las infraestructuras proporcionadas por las empresas de tecnología para su uso en operaciones consideradas como críticas podría suponer un incremento del riesgo operativo que soportan las entidades” y derivar en un riesgo sistémico.

Todo ello, sino olvidar que “la necesidad de emplear un volumen muy elevado de datos aumenta la relevancia de los problemas de privacidad y los riesgos de que algunas entidades puedan utilizar determinados datos sin que sus clientes sean plenamente conscientes de ello”.

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