OPINIÓN

La agenda oculta de los partidos ante las elecciones del 28-A

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Elecciones.

Uno de los lu­gares co­munes que los par­tidos se suelen arrojar a la cara en las cam­pañas elec­to­rales es la agenda oculta que sus ad­ver­sa­rios es­conden para no perder vo­tos. En esa agenda se­creta fi­guran los pactos y tra­pi­cheos que ne­go­cian con otras fuerzas po­lí­ticas o con círculos de poder que no se suelen pre­sentar a las elec­cio­nes, pero que con­di­cionan con sus re­cursos la vida pú­blica.

La opacidad de la trastienda de los partidos no solo tiene que ver con su financiación, sino también con las alianzas que han llevado a determinados políticos a la primera línea electoral. En la campaña que acaba de arrancar, sin embargo, apenas se habla de agenda oculta, a lo más de agenda silenciada.

Tal vez lo más interesante, a falta de las sorpresa que puedan deparar los quince días de campaña, está siendo la táctica de Pedro Sánchez, para abordar la crisis en Cataluña. Por un lado, saca el conflicto de su agenda política --hay que borrar a cualquier precio de la memoria de la opinión pública quienes con sus votos le pusieron en la Moncloa-- pero sigue largando un cabo a los náufragos del golpe, al no descartar su indulto.

Indulto, obviamente, que solo podría conceder si los diputados independentistas le renuevan la confianza como presidente del Gobierno. La convicción de todos los partidos de que las alianzas serán imprescindibles para formar el próximo Gobierno, convierten a Sánchez en prisionero del doctor Frankenstein, con Pablo Iglesias en el papel del jorobado Igor que Marty Feldman bordó en la pelicula de Mel Brooks, el Jovencito Frankenstein.

Y es que la centrifugación de Unidas Podemos, convertido en un mosaico de partidos socialmarxistan/nacionalistas, le convierte a su maltrecho líder en un asistente de Sánchez, única esperanza que le queda para poder sobrevivir en la primera división de la política nacional.Iglesias se siente a los pies de los caballos de los poderes mediáticos y víctima de las cloacas del Estado, tras haberse arrojado él mismo a los pies de los independentistas de todos los territorios de España.

Pero su problema territorial tiene mas que ver con su parcela ajardinada de la sierra madrileña financiada, ¡vaya por Dios!, por La Caja de Ingenieros, de Catalunya por su puesto, que tanto Omnium Cultural como la Asamblea Nacional Catalana, las animadoras del proces, eligieron para gestionar su denominada caja de solidaridad. Tener un programa de televisión financiado por Irán no es una calumnia del comisario Villarejo, ya que es tan de dominio público como el origen de la financiación de la fundación que contribuyó al nacimiento de Podemos. Aunque ahora reneguemos del chavismo.

La tormenta desencadenada por la irrupción de Vox en las elecciones andaluzas ha alterado todo el escenario del centro-derecha. El PP, con un liderazgo a prueba, se ve arrastrado por una derecha nacionalista que habla directamente a su electorado de los temas que más les afectan emocionalmente.

La unidad de España y la defensa de sus símbolos y tradiciones. Casado y Abascal eran, no hace mucho, compañeros de partido y, posiblemente, del mismo sector que tuvo siempre a José María Aznar como referente. Vox no tiene nada que perder porque nada tiene, caso distinto del PP que se juega la progenitura de la derecha.

Rivera tendrá que caminar entre fuerzas muy polarizadas con una bandera liberal y reformista que no ocultan el punto clave de su campaña: impedir que Pedro Sánchez renueve como presidente del Gobierno.

Es una apuesta arriesgada en un espacio mediático tironeado por las fuerzas independentistas catalanas y vascas -el PNV se incorpora y da un paso al frente- y en el que la crispación crecerá en proporción a la incertidumbre que exista a medida que nos aproximemos al 28 de abril.

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