ANÁLISIS

Gritos desde el silencio: la España vacía y olvidada

La me­di­ción de la España Vacía, 2018, se cifra en 268.038 ki­ló­me­tros cua­dra­dos, es decir un 53% de todo el te­rri­torio

España Rural
España Rural

El co­rres­ponsal bri­tá­nico del se­ma­nario The Economist acude en­tu­sias­mado a la ma­ni­fes­ta­ción de la “España va­cía”; es­cucha gritos en si­lencio de “pastores tras­hu­mantes y se­rranos ex­pul­sa­dos”. Siglos an­tes, Sancho co­rregía a Don Quijote: “No son gi­gantes sino mo­li­nos”. Alonso de Quijano, man­chego, no des­co­nocía como el vi­si­tante in­glés los re­co­vecos de su tie­rra: “Hay car­ne­ros, hay mo­li­nos, hay po­sa­das; no cas­ti­llos. No hay Ínsulas ba­ra­ta­rias, ni co­mida a dos ca­rri­llos:”

Los millares de manifestantes son en buena parte jubilados, el contingente más numeroso de esa España Vacía, descrita con destreza y emotividad por Sergio del Molino. El territorio despoblado se abre simplemente al dejar atrás las últimas casas de las grandes ciudades de la Meseta: Madrid, Valladolid, Zaragoza. A diferencia de Europa no hay continuidad en los asentamientos. Aparecen pueblos separados como si fuesen cercas de ganado.

También a diferencia de Europa no existen ya mercados locales donde campesinos ganaderos ofrezcan sus productos a vecinos o tratantes. El único mercado de esa España Vacía es sencillamente la furgoneta que suministra artículos de primera necesidad o, en núcleos más poblados, mercadillos abastecidos por vendedores ambulantes. No hay vida campesina. Ha desaparecido de la España Vacía. Sólo voces, lejanas: Teruel Existe, Soria Ya, Foro de Zamora. Estas voces llegan a la capital del Estado reclamando socorro.

La cita cervantina está incluida en el libro Román de Perpiñá, “de estructura económica y Economía Hispana”. (Madrid 25-1- 1952). Perpiñá destacaba ya entonces la desigualdad densidad geográfica de comarcas y regiones. Define como dasícoras a las zonas (coras) frondosas en habitantes y a aereocolas las coras de población rala, poco densa.

Las aereocolas corresponden al interior de la Península Ibérica, representan el 85% del territorio con una densidad de población de 39 habitantes por kilómetro cuadrado. Las dasícoras se sitúan en toda la periferia, ocupan el resto del territorio y su densidad subía hasta 149 habitantes por kilómetro cuadrado.

La medición de la España Vacía, 2018, se cifra en 268.038 kilómetros cuadrados, es decir un 53% de todo el territorio. Un espacio vacío que excluido Madrid incluye el 15.7% de la población española. El 84.3% restante se aprieta en el otro 48% del territorio.

El porqué de este desequilibrio, decía en 1951 Perpiñá, responde a “una peculiar geografía y unas peculiares fuerzas productivas en potencia. La situación estructural no tiene ninguna posibilidad de cambio aunque la geografía si puede ser corregida por el transporte y el regadío”. Los esfuerzos del régimen del General Franco para corregir el desequilibrio no consiguieron su objetivo.

El desarrollismo de las décadas 50-60 fue fundamentalmente urbano, ya a finales del siglo y a principios del actual la intención residencialista vuelve a ganar la partida. El apogeo periférico del Noroeste madrileño responde al segundo impulso.

Vísperas electorales. Una pintiparada ocasión para levantar la voz y reclamar atención, ayudas y remedios para la despoblación. La ley electoral ofrece unas ventajas a las circunscripciones despobladas. La lista más votada se lleva todos los escaños. Las menos votadas ninguno. Las manifestaciones de esa España despoblada se llenan de altísimos representantes de los partidos políticos. Son pocos votos pero contundentes. Luego vendrán las promesas incumplidas porque los asuntos nacionales o partidistas serán prioritarios.

Del Molino, quizá sin proponérselo intenta apagar las añoranzas de tiempos pasados cuando el General Franco tampoco fue muy compasivo con aquellos labriegos castellanos y leoneses que le apoyaron. Franco escogió la España Vacía para la primera central nuclear en Zurita de los Canes; también abriría la primera mina de uranio en el norte de Andalucía, en Andújar. Los efectos de la radiactividad afectaron a los pocos vecinos de aquella comarca a la vez que el silencio oficial apagaba cualquier noticia.

Poco prosperó la España Vacía de las altas mesetas castellanas o de las zonas colindantes de Aragón, Valencia, Galicia o Andalucía. Habría que esperar a la Política Agracia Común (PAC) para que prosperasen cultivos de secano, olivo y vides, o se extendiesen regadíos para ya abastecer a un mercado no sólo español sino europeo.

La despoblación del campo es, no obstante, un fenómeno muy extendido en los países desarrollados. En 1920 el Censo estadounidense registraba ya que la mayoría de los ciudadanos de la Unión abandonaban el medio rural para trasladarse a las ciudades. El éxodo ha continuado como resultado de un fuerte desarrollo industrial, la concentración de la actividad financiera y la expansión de las ciudades.

No aparecen señales en el horizonte de que el proceso se invierta. ¿Quizá las nuevas tecnologías serán el mensaje esperado?. Entre tanto los creadores españoles, el cine, no ofrecen ninguna reflexión sobre la vida rural a diferencia de nuestros vecinos franceses que hablan de vinos y cosechas.

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